La especialista en aparato digestivo del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, Vanesa Bernal, ha alertado de que los pacientes con esteatosis hepática que presentan a la vez factores metabólicos y un consumo elevado de alcohol pueden llegar a tener hasta el doble de probabilidades de sufrir complicaciones hepáticas graves frente a quienes solo muestran factores metabólicos sin ese nivel de ingesta alcohólica.
"Hoy sabemos que el alcohol y la disfunción metabólica no son factores independientes. Cuando coinciden, el riesgo de desarrollar fibrosis avanzada, cirrosis, descompensación hepática o hepatocarcinoma aumenta de forma significativa", ha señalado en su ponencia 'MetALD: Asociación de síndrome metabólico y consumo de alcohol', durante el 85º Congreso de la SEPD.
La miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) ha explicado que esta evidencia implica un cambio de enfoque respecto a la concepción clásica, que separaba la enfermedad hepática de origen metabólico de la ligada al alcohol como si se tratara de entidades aisladas.
En contraste, la nueva categoría denominada MetALD pone de manifiesto que los factores metabólicos, como la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial o la dislipemia, no solo pueden coincidir con el consumo de alcohol, sino que ambos elementos actúan de forma conjunta y sinérgica, acelerando el daño en el hígado y favoreciendo una progresión más rápida hacia estadios avanzados de la patología.
Valoración conjunta del riesgo
Por este motivo, la doctora Bernal ha defendido que se incorpore de manera sistemática la evaluación del consumo de alcohol en todos los pacientes con esteatosis hepática, de forma que los factores metabólicos y la ingesta alcohólica se estudien de manera integrada.
"No basta con identificar la obesidad o la diabetes. Es fundamental cuantificar el consumo de alcohol porque puede modificar tanto el diagnóstico como el pronóstico y las decisiones terapéuticas", ha señalado para precisar que incluso consumos que muchos pacientes consideran "moderados" pueden adquirir una relevancia distinta cuando existen factores de riesgo metabólicos asociados.
Asimismo, ha incidido en la necesidad de una detección precoz de la fibrosis, ya que permite reconocer de manera temprana a los pacientes con mayor probabilidad de desarrollar complicaciones graves y ajustar su seguimiento y tratamiento. Para lograrlo, los especialistas apuestan por el uso de métodos no invasivos, como determinados índices analíticos y las técnicas de elastografía, que ayudan a estratificar el riesgo y decidir qué personas requieren controles más frecuentes o una valoración especializada.
"Detectar a tiempo la fibrosis antes de que aparezcan complicaciones ofrece una oportunidad para modificar la evolución natural de la enfermedad", ha resaltado la especialista en aparato digestivo.
Abordaje integral y carga asistencial
En esta misma línea, Bernal ha remarcado que el manejo de la enfermedad hepática con disfunción metabólica y consumo de alcohol debe ser global y tener en cuenta todos los factores implicados. Entre las medidas propuestas se incluyen la pérdida de peso cuando proceda, una alimentación saludable, la práctica regular de ejercicio físico, el control estricto de la diabetes, la hipertensión y la dislipemia, así como una intervención específica dirigida a reducir o eliminar la ingesta de alcohol.
Desde la SEPD recuerdan que la esteatosis hepática, denominación actual del conocido como hígado graso, constituye la enfermedad hepática crónica más frecuente, con una prevalencia que alcanza aproximadamente a un tercio de la población adulta. Para los especialistas, representa un motivo de preocupación creciente por la carga asistencial y el impacto sanitario que puede suponer en los próximos años.
Aunque la acumulación de grasa en el hígado es la seña distintiva de este trastorno, el elemento clave que condiciona el pronóstico es el grado de fibrosis o cicatrización, resultado del daño repetido que sufre el órgano. La mayoría de los casos de esteatosis cursan con formas leves, pero en torno a un 10 por ciento de los pacientes progresa a fibrosis avanzada y, dentro de este grupo, una pequeña parte puede evolucionar hacia cirrosis o hepatocarcionoma.