La infusión intratecal ayuda a disminuir la medicación y sus efectos secundarios en el dolor oncológico

La infusión intratecal permite controlar el dolor oncológico con menos medicación sistémica y menos efectos adversos, mejorando la calidad de vida.

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La responsable de la Unidad de Dolor de MD Anderson Cancer Center Madrid - Hospiten, la doctora Sara Arango, explica que la infusión intratecal posibilita la administración continua y directa al sistema nervioso central de dosis ajustadas de fármacos analgésicos para el control del dolor oncológico, lo que puede permitir reducir la cantidad de medicación empleada y los efectos adversos asociados.

Según detalla, hasta el 80 por ciento de las personas con cáncer sufre dolor de forma habitual a lo largo del curso de la enfermedad. Aunque este síntoma es uno de los que "más condiciona su bienestar y calidad de vida", advierte de que "hay una amplia tendencia a normalizarlo, tanto entre los propios pacientes, como en su círculo y entorno sanitario".

"Es frecuente que se dé por sentado que, si tienes un tumor, es normal que te duela y no te queda otra opción que sufrirlo", cuando en realidad no debe aceptarse como una consecuencia inevitable del cáncer. Cuando el dolor se prolonga más de tres meses y se cronifica, pasa a considerarse una patología en sí misma, con un impacto muy significativo en el estado físico y emocional del paciente.

"No es infrecuente que el paciente vea más amenazada su integridad por el propio dolor que por el tumor, y así lo suelen expresar en nuestra consulta. Por esto es importantísimo identificarlo y empezar a tratarlo lo más rápido posible", añade.

Por ello, considera de "vital importancia" que, si aparece dolor durante el proceso oncológico, los pacientes lo trasladen al equipo médico desde el inicio. "Ahora hay muchas herramientas para abordar el dolor: contamos con múltiples medicamentos, técnicas intervencionistas básicas como infiltraciones, y avanzadas, como la infusión intratecal, entre otros", indica Arango.

Asimismo, subraya que "cada vez se trabaja más de forma multidisciplinar, así el especialista en Dolor puede derivar al paciente a Psicología, Psiquiatría, Neurología y otras muchas especialidades que tratan de manera específica ciertos diagnósticos relacionados con el dolor".

En este contexto, recalca que es esencial que los pacientes sean remitidos a la Unidad del Dolor cuando la analgesia convencional manejada por otras especialidades no basta para mantener un nivel basal de confort, que no siempre implica ausencia total de dolor.

"Pasar por un proceso oncológico no significa que haya que sufrir. Nuestra razón de ser es mejorar la calidad de vida de los pacientes. Las decisiones que tomemos al respecto no son unilaterales, siempre los escuchamos y tenemos en cuenta sus necesidades, no solo con respecto al dolor, sino en el campo emocional, laboral, familiar, etc.", aclara la doctora.

¿En qué consiste la infusión intratecal?

Entre las distintas opciones terapéuticas disponibles para el manejo del dolor crónico, la infusión intratecal ocupa un lugar relevante. Se trata de una técnica que implica la implantación de un sistema capaz de suministrar de forma continua fármacos analgésicos directamente al sistema nervioso central, siendo la morfina el más habitual, mediante un catéter colocado en el espacio intradural.

En pacientes oncológicos, esta alternativa se valora cuando las dosis necesarias para controlar el dolor por vía sistémica son muy altas o los efectos secundarios derivados de estos tratamientos resultan difíciles de soportar.

Según apunta, la principal ventaja de la infusión intratecal es que facilita una administración constante y más estable de los medicamentos, siempre de manera individualizada, en función de las características y necesidades concretas de cada paciente.

Entre otros beneficios de esta técnica, destaca que evita que el paciente tenga que estar pendiente de las tomas, con el consiguiente riesgo de olvidos o errores en las pautas. Además, el dispositivo permite al propio paciente administrarse dosis de rescate cuando lo necesita.

La administración directa de los fármacos hace posible utilizar cantidades mucho menores respecto a las que se requieren por vía sistémica, lo que contribuye a estabilizar el tratamiento. Una vez se ajusta la dosis idónea, disminuye la frecuencia de visitas al hospital, ya que las bombas intratecales suelen precisar recargas cada dos o tres meses. "En los pacientes adecuados, la calidad de vida mejora de forma considerable gracias a la reducción de sus efectos adversos", concluye la especialista.