Reumatólogos alertan de posibles brotes de enfermedades reumáticas en verano si se descuida el tratamiento

Expertos en reumatología alertan de que sol, calor y cambios de rutina en verano pueden agravar las enfermedades reumáticas si no se planifican bien las vacaciones.

4 minutos

Añadir DEMÓCRATA en Google

Pregunta a FREN

Publicado

4 minutos

Más leídas

La portavoz de la Sociedad Española de Reumatología, Cristiana Sieiro, ha avisado de que la combinación de sol intenso, falta de hidratación adecuada y abandono del tratamiento médico puede agravar las enfermedades reumáticas durante las vacaciones estivales.

Tal y como explica la especialista, las altas temperaturas no afectan por igual a todas las patologías reumáticas. En ciertos problemas musculoesqueléticos, como la artrosis y algunas artritis inflamatorias, el calor puede resultar beneficioso al disminuir el dolor y la rigidez gracias a la relajación muscular y a una mejor circulación sanguínea. No obstante, en otras enfermedades puede tener un impacto negativo y provocar el efecto contrario, con más cansancio, inflamación, edema y fatiga.

En un seminario 'online' de la Fundación Española de Reumatología, organizado con la participación de una veintena de asociaciones de pacientes, Sieiro recalcó que “lo fundamental es la planificación bien los viajes y los distintos planes que se vayan hacer durante las vacaciones y no interrumpir el tratamiento médico sin consultar antes con el especialista”.

La reumatóloga, con un post-doctorado en el Centro de Investigación de Musculoesquelética de la Universidad de Manchester (Reino Unido), remarcó que “la fotosensibilidad en enfermedades reumáticas puede provocar reacciones cutáneas y activar el sistema inmunitario en algunas patologías como en el lupus, la dermatomiositis, la enfermedad de Sjögren o ciertas vasculitis”.

Respecto a los medicamentos, detalló que algunos pueden incrementar las reacciones cutáneas, como ciertos antibióticos, corticoides o fármacos modificadores de la enfermedad, entre ellos la sulfasalazina. En cambio, subrayó que la hidroxicloroquina no incrementa de forma relevante la fotosensibilidad: “Al contrario, ayuda a prevenir las lesiones cutáneas y los brotes del lupus”.

En este marco, la enfermera del Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, Patricia García, aconseja usar fotoprotección con SPF 50+, aplicarla entre 20 y 30 minutos antes de exponerse al sol, renovarla cada 2 horas y evitar tomar el sol entre las 12 y las 17 horas, manteniendo la protección incluso en días nublados.

Además, explicó las diferencias entre los filtros químicos, adecuados para la mayoría de tipos de piel y disponibles en diversos formatos, y los filtros minerales o físicos, más indicados para pieles muy sensibles. También insistió en la relevancia de recurrir a barreras físicas como sombreros de ala ancha y gafas de sol.

Si aparecen lesiones en la piel, se recomienda suspender de inmediato la exposición solar, descansar y permanecer al menos un día sin tomar el sol, utilizar cremas hidratantes o calmantes, vigilar la evolución de las lesiones y acudir al profesional sanitario si no hay mejoría o se produce un empeoramiento.

Recomendaciones para viajar con enfermedades reumáticas

En relación con los desplazamientos, García recuerda que viajar es seguro siempre que la enfermedad esté bien controlada y que “la clave está en la planificación previa teniendo en cuenta el destino, incluyendo llevar medicación extra, un botiquín básico y un informe médico en inglés (en caso necesario) del especialista en Reumatología que confirme el diagnóstico y tratamiento”.

También sugiere contratar un seguro médico y comprobar la existencia de centros hospitalarios de referencia en el lugar de destino. Señala que “la medicación debe ir en la maleta de mano y llevarse suficiente para todo el viaje más unos días extra, por si ocurre algún contratiempo y permanecemos más tiempo fuera de casa. Si los fármacos requieren temperaturas específicas, especialmente los tratamientos biológicos, que deben mantenerse entre 2 y 8 grados, se deben transportar mediante neveras portátiles con acumuladores de frío que pueden mantener la medicación a la temperatura óptima durante viajes de hasta 8-12 horas”, además de recomendar informar con antelación a la aerolínea sobre los medicamentos que precisen refrigeración.

Una vez en el destino, es imprescindible asegurar su adecuada conservación en frío en el alojamiento. En caso de hospedarse en un hotel, conviene coordinar previamente cómo se almacenará la medicación refrigerada durante toda la estancia.

Sieiro recuerda, asimismo, la necesidad de mantener actualizado el calendario de vacunación y revisarlo si se van a realizar viajes internacionales, donde pueden requerirse inmunizaciones específicas. Aconseja consultar siempre con el reumatólogo sobre la compatibilidad entre el tratamiento y las diferentes vacunas.

En este sentido, detalla que “la mayoría de ellas pueden administrarse con seguridad, especialmente las vacunas inactivadas, como las de gripe, COVID-19, neumococo, hepatitis B, virus del papiloma humano y herpes zóster recombinante. Por otra parte, las vacunas de virus vivos atenuados requieren una valoración individual, ya que pueden estar contraindicadas en personas que reciben inmunosupresores o terapias biológicas. Entre ellas se encuentran la triple vírica (sarampión, paperas y rubéola), varicela, fiebre amarilla, vacuna de herpes zóster de virus vivo o fiebre tifoidea”.

También se subrayan las medidas de prevención frente a infecciones gastrointestinales y respiratorias durante los viajes, como extremar la higiene de los alimentos, usar agua embotellada —incluso para el cepillado de dientes en determinados países—, lavarse las manos con frecuencia y evitar la exposición prolongada a aire acondicionado muy frío, recalcando que “no se trata de evitar completamente los riesgos sino de utilizar sentido común para minimizar las consecuencias”.

Mantener hábitos saludables en verano

Ambas especialistas insisten en la relevancia de conservar unos hábitos de vida saludables, tanto en la alimentación como en la actividad física, durante el periodo estival, especialmente en personas con enfermedades reumáticas. En esta línea, Sieiro propone “realizar comidas más pequeñas y nutritivas distribuidas a lo largo del día, beber suficiente agua, consumir proteínas de calidad y adaptar los hábitos de ejercicio sin dejarlos completamente, sugiriendo actividades como natación en piscina”.

Por su parte, García hace hincapié en mantener un estilo de vida equilibrado, moderando el consumo de alcohol y aprovechando las frutas de temporada, así como en intentar ajustar los horarios de sueño para lograr un descanso reparador, algo clave en pacientes con trastornos del sueño asociados a su patología.

Hola, soy Fren. ¿Cómo te ayudo?