Un análisis global atribuye 3,6 millones de muertes en 2023 al colesterol LDL elevado

Un análisis global vincula el colesterol LDL elevado con 3,6 millones de muertes y 90,7 millones de años de vida saludable perdidos en 2023.

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Los niveles altos de colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL-C) estuvieron detrás de 3,6 millones de muertes en todo el planeta en 2023, el seis por ciento de todos los fallecimientos, y provocaron la pérdida de 90,7 millones de años de vida saludable. Así lo recoge un análisis del Estudio de la Carga Mundial de Enfermedad 2023.

El trabajo, difundido en “JAMA”, calcula el impacto global de la morbilidad atribuible al LDL-C elevado en adultos de 25 años o más, abarcando 204 países y territorios, y desglosando los datos por edad y sexo desde 1990 hasta 2023, con el objetivo de orientar mejor las políticas de prevención y tratamiento.

Según detalla el informe, el LDL-C elevado es un factor de riesgo modificable para la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ECV), en particular para la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular isquémico. Estas patologías son hoy las principales responsables de mortalidad prematura a escala mundial, concentrando el 22 por ciento de las muertes globales y el 10 por ciento de los años de vida ajustados por discapacidad en 2023.

Desde 1990, el número de fallecimientos y de años de vida ajustados por discapacidad asociados a niveles altos de LDL-C se ha incrementado alrededor de un 39 por ciento, un aumento vinculado al crecimiento y envejecimiento de la población mundial.

En 2023, aproximadamente un tercio de la carga mundial atribuible al LDL-C se concentró en India y China. Ese año, los niveles elevados de LDL-C fueron el segundo factor de riesgo más importante de mortalidad por ECV y se situaron entre los 10 principales determinantes de la carga global de enfermedad por todas las causas.

Además de suponer el seis por ciento de las muertes por cualquier causa, el colesterol LDL alto representó el 8,1 por ciento de los fallecimientos por enfermedades no transmisibles y el 18,9 por ciento de las muertes por ECV. Los niveles altos de LDL-C estuvieron implicados en casi un tercio de las defunciones por cardiopatía isquémica y en el 27 por ciento de los fallecimientos por accidente cerebrovascular isquémico.

Tasas estandarizadas por edad a la baja

En paralelo, el estudio documenta un descenso de las tasas estandarizadas por edad, un indicador estadístico que corrige las diferencias en la estructura de edades al comparar poblaciones. En concreto, las tasas de mortalidad y de años de vida ajustados por discapacidad estandarizadas por edad se redujeron un 45,6 y un 39,5 por ciento, respectivamente, desde 1990.

En 2023, las tasas de años de vida ajustados por discapacidad atribuibles al LDL-C, una vez estandarizadas por edad, fueron más elevadas en Europa del Este y más bajas en las áreas de altos ingresos de la región Asia-Pacífico.

Pese a esta caída de las tasas ajustadas, los autores señalan que la carga absoluta asociada al colesterol LDL se ha incrementado desde 1990 debido a la dinámica demográfica y se ha desplazado progresivamente hacia países con nivel sociodemográfico medio.

Con el horizonte cercano de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas fijados para 2030, los investigadores subrayan que estos resultados ponen de relieve la necesidad de ampliar de forma equitativa los programas de cribado e implantar intervenciones específicas que mejoren el acceso a la atención sanitaria y refuercen la salud cardiovascular a lo largo de toda la vida en todo el mundo.

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