Cintia Rocho se ha convertido en uno de los nuevos nombres que han saltado al primer plano del caso Leire Díez. Su aparición no es casual: es una mujer de Badajoz vinculada a la familia Rocho, un apellido conocido desde hace años por las investigaciones policiales sobre tráfico de drogas en la ciudad, y cuyo padre, Jesús Rocho Sosa, fue asesinado a tiros en diciembre de 2024.
Su marido, conocido como ‘El Tutu’, había sido asesinado diez meses antes. Rocho también adquirió notoriedad en 2024 después de presentar un cupón de la ONCE premiado con 17 millones de euros. Ahora vuelve a los titulares por un motivo muy diferente: su testimonio sobre los supuestos contactos para obtener información privada de la jueza Beatriz Biedma. Artículo 14 y Euronews han reconstruido este martes su trayectoria y han recogido las declaraciones que ha realizado en los últimos días.
La conexión con el caso Leire Díez pasa precisamente por Biedma. La magistrada instruyó la causa contra David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno, y días atrás solicitó personarse como acusación particular en la investigación de la Audiencia Nacional sobre la presunta trama vinculada a Díez. En su escrito, Biedma sostiene que la UCO la identificó como uno de los objetivos de esa presunta trama y denuncia que se habrían producido contactos con personas vinculadas a un conocido clan de Badajoz para obtener información sobre ella y desacreditarla o apartarla de sus investigaciones.
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Datos sobre la juez Biedma
Es en ese punto donde aparece Rocho: según declaró al programa El Tiempo Justo, una persona que ella sitúa en el entorno de Leire Díez habría llegado a facilitarle datos sobre Biedma, entre ellos fotografías de la magistrada, información sobre su domicilio, su coche y el gimnasio al que acudía. Euronews recoge que Rocho interpretó el envío de esos datos como una posible señal de que querían actuar contra la jueza.
El interés de su testimonio está en que pone nombre y relato personal a una conexión que hasta ahora aparecía fundamentalmente en documentos judiciales e informes policiales. Rocho asegura que recibió varias llamadas de personas que se presentaban como un magistrado y un abogado y que, después de hablar inicialmente de los problemas judiciales de su familia, comenzaron a proporcionarle información sobre Biedma. Ella afirma que llegó a interpretar que pretendían "quitarla de en medio", aunque reconoce que nadie le dio una instrucción expresa sobre qué debía hacer con esos datos. Ese matiz es importante: su declaración no demuestra por sí sola que existiera un plan para intimidar físicamente a la jueza ni identifica a la persona del entorno de Díez que supuestamente le facilitó la información. Lo que hace es aportar un testimonio que encaja con una línea que ya estaba siendo examinada por la investigación.
Y ahí está la importancia de Rocho en el caso. La jueza Biedma ya había denunciado ante la Audiencia Nacional que la presunta trama habría intentado obtener información sobre ella y buscar fórmulas para desacreditarla o apartarla de la investigación de David Sánchez; además, la UCO había recogido que el empresario Joaquín Parra manifestó que Leire Díez le habría pedido información o contactos que pudieran afectar a la reputación de la magistrada.
Ahora, el relato de Cintia Rocho introduce un elemento adicional: la persona a la que supuestamente llegaron esos datos y que afirma haberlos recibido directamente. Será la investigación judicial la que tenga que determinar quién realizó esos contactos, por encargo de quién y con qué finalidad.
Pero su aparición cambia el relato: lo que hasta ahora se conocía fundamentalmente a través de informes, escritos judiciales y anotaciones atribuidas a Leire Díez adquiere también el testimonio de una protagonista que asegura haber estado al otro lado de esas comunicaciones.