¿Por qué Frente Amplio y no cualquier otra cosa?

El nombre tiene fuerza, aunque también incorpora una promesa, quizás, demasiado exigente

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Imma Aguilar Nàcher, consultora y experta en comunicación política

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Los partidos de Sumar han elegido “Frente Amplio” como nueva marca electoral, con una denominación que vuelve a colocar la unión en el centro del relato. El nombre tiene fuerza, aunque también incorpora una promesa, quizás, demasiado exigente.

Desde la comunicación política, “frente” sugiere una acción común ante una amenaza compartida, por lo que puede conectar con una izquierda que reclama organización y capacidad de respuesta. Su componente defensivo, que facilita la identificación de un adversario, deberá convivir con una propuesta de futuro que dé razones para votar más allá del rechazo a la derecha.

“Amplio” es la palabra que abre esa posibilidad, porque promete un espacio en el que podrían reconocerse personas que hoy se sienten lejos de los partidos que lo impulsan. Esa amplitud tendrá que percibirse en quién puede participar y cuánto puede influir, puesto que reunir organizaciones bajo una misma candidatura apenas permite conocer hasta dónde llega la amplitud.

Promete un espacio en el que podrían reconocerse personas que hoy se sienten lejos de los partidos que lo impulsan

Se han escuchado muchos calificativos sobre la nueva denominación, por “frontista”, por ingenua, por vaga, por ocurrencia. Y el chascarrillo fácil queda servido para facilitar la broma absurda de llamarlo “frente estrecho”. Pero esos desprecios lo que demuestran es un gran desconocimiento de la historia y de la política contemporánea.

Escuché a Ada Colau referirse a la coalición de las izquierdas como Frente Popular en una entrevista reciente. No fue un desliz o quizás, sí. El Frente Popular fue una coalición de partidos de izquierda que ganó las elecciones generales de febrero de 1936 en España, durante la Segunda República. Agrupaba a republicanos de izquierda, socialistas y comunistas, además de otras fuerzas, que acordaron un programa común aunque tenían proyectos políticos diferentes. La denominación sería perfectamente adaptable al conglomerado actual de marcas de izquierda. Sin embargo, cabe objetar, en primer lugar, que contiene la palabra popular, fagocitada por el Partido Popular desde Alianza Popular. Y en segundo lugar, remite a un pasado excesivamente lejano en el tiempo y en el imaginario colectivo.

Al elegir “Frente Amplio” como nueva marca electoral, los partidos de Sumar recurren a una denominación que tiene historia en la izquierda latinoamericana y que remite a experiencias con capacidad de llegar al gobierno. Ahí reside una parte importante de su fuerza.

En Uruguay, el Frente Amplio nació en 1971 y fue la coalición con la que Pepe Mujica gobernó entre 2010 y 2015. La evocación de Mujica añade una referencia personal poderosa a una tradición de unidad que ha conseguido sostener durante décadas un espacio compartido entre fuerzas de distinta procedencia.

En Chile, el Frente Amplio se fundó en 2017, vinculado a los movimientos estudiantiles y a la aparición de nuevos liderazgos, y formó parte de Apruebo Dignidad, la coalición con la que Gabriel Boric alcanzó la presidencia, que asumió en 2022. Esa experiencia incorpora al nombre una asociación con la renovación generacional y con la posibilidad de convertir la movilización social en representación política.

Sumar ya contenía una invitación a la unión, de modo que la nueva marca hereda también las expectativas que quedaron pendientes. Quienes hayan vivido los desacuerdos anteriores necesitarán señales de que esta vez la cooperación puede sostenerse y traducirse en respuestas sobre la vivienda o las condiciones de vida. Ni el nombre, ni las siglas, ni la cara del cartel son suficientes para convencer a los abstencionistas y desencantados de la izquierda.