El rey Felipe VI ha pronunciado este martes, 13 de octubre, un discurso ante representantes de la sociedad civil de Ceuta durante su primera visita oficial a la ciudad autónoma desde su proclamación en 2014. La intervención, celebrada en el Parador de Ceuta, ha estado marcada por las consecuencias de la crisis fronteriza de los días 30 y 31 de julio y por la defensa de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.
"La soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables: son indiscutibles", ha afirmado el monarca, que también ha reivindicado el carácter europeo de ambas ciudades y ha reclamado solidaridad de los Estados miembros de la Unión Europea para proteger sus fronteras exteriores.
Felipe VI ha defendido asimismo el retorno de quienes entraron irregularmente en España, conforme a los procedimientos legales, y ha insistido en que deben recibir un trato digno y humano mientras permanezcan en territorio español.
Durante su intervención, el Rey ha reconocido las dificultades que atraviesa Ceuta y ha dirigido un mensaje a sus habitantes: "No estáis solos y no estaréis solos".
A continuación, se reproduce íntegramente el discurso de Felipe VI, sin modificaciones en su contenido.
Discurso íntegro del rey Felipe VI en Ceuta, 13 de octubre de 2026
Muy buenas tardes a todos. Presidente de la ciudad de Ceuta, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, delegado de Gobierno en Ceuta, comandante general de Ceuta y un saludo a todas las autoridades que nos acompañan en este momento. A todas las personas que estáis aquí en conjunto, que representáis a todos los ceutíes, a todo tipo de asociaciones, el Fondo Económico, representantes de la Guarnición militar aquí, de las fuerzas y cuerpos de seguridad, empresarios. En fin, de todas las asociaciones, y comunidades religiosas: toda Ceuta está bien representada en vosotros.
Creo que se aprecia, no solo ahora sino a lo largo de todo el día, que debéis notar en la Reina y en mí, una emoción singular: estar hoy en Ceuta ―como mañana en Melilla― no es cualquier cosa. Para nosotros es la primera vez como reyes (en mi caso, la primera de mi vida). Es cierto que es una visita que se ha hecho esperar, pero también que desde aquel 19 de junio de 2014 siempre hemos deseado hacerla.
Este era el año en el que íbamos a saldar esa larga deuda, en condiciones normales, os lo aseguro, pero este verano ―especialmente aquí en Ceuta― fue todo menos normal... No os es ajena la problemática de las entradas irregulares de inmigrantes, pero hablamos de otra cosa y de otra dimensión...
Somos, la Reina y yo, dos más de los muchos millones de españoles que todavía tienen, tenemos, grabadas en la retina las imágenes impactantes de lo que vivisteis los días 30 y 31 de julio... Aquella violación de nuestra frontera por una inmensa multitud de personas fue un shock para todos, especialmente para vosotros, y sigue teniendo un enorme impacto ―social, político, económico y psicológico― en vuestras vidas, en la ciudad y, en buena medida, en España entera, pese a que desde entonces hayan retornado la mayoría de las que entraron y muchas otras hayan sido internadas en los centros de acogida.
Desde aquel día, os aseguro que no ha pasado uno solo sin teneros a los ceutíes en nuestro pensamiento. También a los melillenses.
Hemos venido a veros y escucharos, pero, sobre todo, a daros un abrazo lleno de afecto y cariño de parte de toda la sociedad española. Emociona ver estos días por toda España banderas de Ceuta en ventanas y balcones, y escuchar expresiones apasionadas de apoyo y de comprensión solidaria; también de admiración por vuestro temple y vuestro coraje, que hablan por sí solos de cómo sois y de cómo podemos ser como país cuando estamos unidos.
A esto se añade vuestra tradición y ejercicio cotidiano de la convivencia, que demostráis por encima de razas, lenguas y religiones, y que es una valiosísima enseñanza.
Muchas gracias por vuestro cariño, por vuestro generoso recibimiento hoy. La verdad es que nos ha abrumado un poco, por todos lados la gente ha sido muy cariñosa, muy espontánea y de verdad nos toca el corazón. Gracias presidente por esa llave que simboliza la apertura de vuestras casas, de vuestras calles, de vuestras plazas al que os visita. Sé que no hacía falta, pero esa llave nos ayuda a mantener esas puertas, esas ventanas a vuestros corazones, abiertas.
Somos muy conscientes de la situación que vivísteis y que estáis viviendo. La conocemos gracias a los medios de comunicación, a vuestros testimonios y a lo transmitido personalmente por distintas autoridades. Sabemos de las dificultades para restablecer la plena normalidad en el día a día, de vuestra inquietud y preocupación por todo ello que, lógicamente, os genera incertidumbre. Y, sin embargo, nos seguís dando ―a todos― un gran ejemplo de civismo y de tenacidad.
Además de reconocer vuestro esfuerzo y aguante, queremos dar especialmente las gracias a policías, nacionales y municipales, guardias civiles y soldados, a todos los responsables de protección civil y sanitarios y al conjunto de los servidores públicos ―sin olvidarnos de los voluntarios y voluntarias― que, prácticamente sin descanso, todos, lidiáis cada día con esta situación tan compleja.
La Reina y yo hemos podido visitar hoy uno de vuestros centros escolares y hemos salido reconfortados sinceramente al ver el resultado tan positivo de ese esfuerzo añadido que implica a tantos.
Ese ejemplo de convivencia y esa determinación por superar las dificultades nos muestran que ―ahora más que nunca― es tiempo para la unidad institucional, para la colaboración eficaz y sincera, para aplicar soluciones prácticas y tangibles. Es tiempo de que las autoridades públicas, las instituciones locales y las del Estado —incluida la Corona como símbolo de su unidad y permanencia—, y las fuerzas políticas estén —estemos—, sin fisuras, sin ambages, sin medias tintas, a la altura de nuestra ciudadanía, a vuestra altura.
Creo importante reiterar aquí, alto y claro —aunque no haga falta—, algo que es obvio: que Ceuta y Melilla son una parte irrenunciable de la realidad política y nacional que es España. La soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables: son indiscutibles. Y ante cualquier riesgo, nuestra obligación es su defensa y preservación.
El Reino de España —y la Unión Europea misma— tiene la voluntad y la responsabilidad de mantener una buena relación de vecindad con el Reino de Marruecos; de provecho y progreso para ambos lados de la frontera. Esa relación ha de estar basada y sostenida siempre en la confianza, en el respeto mutuos, y con el objetivo de promover la estabilidad, la paz y la seguridad regionales. Esto es deseable y lo creo necesario. Hacerlo posible exige buena fe por ambas partes. España, por su lado, tiene el firme propósito de seguir haciendo cuanto esté en su mano para que así sea, pero siempre a partir de los principios que acabo de mencionar.
Ceuta es España, Ceuta es Europa. Por tanto, su frontera —como la de Melilla— lo es de la Unión. Cualquier amenaza que sufra, es una amenaza al conjunto de la Unión Europea. Ese principio fundamental —según el cual la frontera exterior de la Unión es una responsabilidad común— es compartido ampliamente por los países miembros, como tuve ocasión de tratar hace unos días con los presidentes de la República Francesa y la República de Finlandia.
Es en momentos como estos cuando ser europeos cobra su pleno sentido; cuando se espera que los valores de la integración europea se traduzcan en solidaridad y compromiso a la hora de proteger la frontera exterior europea.
Ceuta es España e, insisto, es parte de la UE. Y, por eso, en esta ciudad autónoma deben prevalecer en todo momento —y para todos— los derechos y las libertades propios de un Estado de Derecho.
Quienes entraron irregularmente en nuestro país deben —como regla de principio— regresar a su lugar de origen, lo antes posible y por los cauces legalmente establecidos. Mientras estén entre nosotros deberán ser tratados siempre con dignidad y humanidad, y con todas las garantías previstas por nuestras leyes.
Pero también se les debe exigir un respeto escrupuloso de las normas de convivencia ciudadana y de los derechos y libertades de los ceutíes. Que cuando miremos atrás, hacia estos días tan difíciles, podamos hacerlo con la tranquilidad y la satisfacción de haber hecho las cosas bien.
Creo que es igualmente importante y necesario expresar —una vez más— nuestro dolor por todas las personas que fallecieron trágica y absurdamente aquellos días, a las que hemos rendido hoy tributo y que aquí han sido tratadas en todo momento con el respeto y la dignidad debidos. La Reina y yo deseamos hacer llegar nuestro pésame a sus familiares y seres queridos allá donde se encuentren.
Finalmente os quiero transmitir, como jefe del Estado, como vuestro Rey, un mensaje de serenidad y de confianza a pesar de la incertidumbre. Ceuta tiene ante sí un reto difícil, pero no os vamos a dejar solos ni indefensos. En todo caso, Ceuta tiene un futuro de esperanza y prosperidad: depende, primero, de vosotros, sí, pero depende sobre todo del conjunto del Estado y de toda la sociedad española, y con ambos podéis contar. No dejaremos que naufrague esta realidad antigua y ejemplar de convivencia que es Ceuta. Lo repito: no estáis solos y no estaréis solos.
No dejéis, ni por un instante, de creer en el futuro de vuestra ciudad, de nuestra ciudad. Tenéis el apoyo firme del resto de los españoles, de toda la ciudadanía, la garantía de los poderes y las instituciones del Estado y el compromiso pleno, permanente e inequívoco de la Corona.
Gracias de nuevo por vuestro cariño, por vuestra acogida, gracias por vuestra lealtad.
¡Viva siempre Ceuta! ¡Y viva España!