Ser más eficientes, efectivos y competitivos. Y eso, dentro del sector textil, y en un marco como el actual, marcado por la presión creciente por cumplir objetivos de sostenibilidad, tiene una fórmula: reutilizar mejor. Ese es el gran reto textil y no es fútil, puesto que su consecución bebe de nuevas obligaciones regulatorias y del debate sobre quién debe asumir realmente el coste de gestionar la ropa que deja de usarse.
En España, el desafío es especialmente visible. Mientras crece la recogida selectiva, se expande el mercado de segunda mano y Europa avanza hacia sistemas que obligarán a fabricantes e importadores a implicarse directamente en la gestión del residuo textil, el sector afronta una pregunta de fondo: si basta con recoger más ropa usada o si el verdadero reto pasa por cambiar la lógica de consumo y reutilización sobre la que ha descansado durante años el negocio.
Ardua labor para la que Juan Ramón Meléndez, director general de RE-VISTE, en declaraciones a este medio, establece múltiples e interconectados retos.
Un sistema que mejora, pero sigue lejos de absorber todo el residuo textil
El diagnóstico del sector en España refleja avances, pero también límites evidentes. Según el último informe elaborado por Moda re-, correspondiente a 2024, la infraestructura de recogida selectiva ha mejorado de forma sostenida en los últimos años, aunque sigue siendo insuficiente para absorber todo el residuo textil generado.
España contaba en 2024 con cerca de 30.000 contenedores de recogida textil, un 38% más que en 2021. Dentro de esa red, más de 8.900 pertenecen a Moda re-, distribuidos en más de 1.800 municipios. Eso significa que actualmente dos de cada tres personas tienen acceso a un contenedor de esta red en su municipio.
Sin embargo, el volumen de residuo sigue siendo muy superior a la capacidad de recogida. El informe cifra en 19 kilos por persona al año el residuo textil generado en España, el equivalente aproximado a unas 60 prendas anuales por habitante.
La mayor parte de ese volumen sigue fuera del circuito de recogida diferenciada: el 87% del residuo textil termina en vertedero, mientras solo un 13% se recoge de forma separada.
En términos absolutos, la recogida selectiva alcanzó en 2024 las 118.951,8 toneladas, equivalentes a 2,45 kilos por habitante. La cifra supone un crecimiento del 18,7% respecto a 2021, pero deja todavía una tasa de recogida selectiva del 12,9% sobre el total generado.
El informe también identifica una paradoja en los hábitos de consumo. Mientras la reutilización avanza, el fast fashion mantiene un peso significativo. Cerca del 60% de la población ya compra ropa de segunda mano, pero, al mismo tiempo, el 45% reconoce seguir adquiriendo moda rápida.
Ese cambio parcial también se refleja en la red comercial vinculada a la economía social. En 2024 operaban 346 tiendas de segunda mano gestionadas por estas entidades, frente a las 246 registradas en 2021. Más de 190 pertenecen a la red Cáritas / Moda re-.
Tal y como se apunta en el estudio, las entidades sociales gestionan actualmente más del 60% del residuo textil en España y concentran más del 90% del empleo del sector, con más de 3.700 puestos de trabajo. Todo ello, además, en vísperas de un cambio normativo que modificará de forma relevante el reparto de responsabilidades dentro del sistema.
Los grandes retos
En conversación con DEMÓCRATA, el director general de RE-VISTE, Juan Ramón Meléndez, repasa cuáles son los principales retos del sector textil en el campo del reciclaje. Por un lado, subraya, “es necesario seguir avanzando en la recogida separada, pero también será clave reforzar progresivamente las capacidades industriales y tecnológicas que permitan la preparación para la reutilización, la preparación para el reciclaje y finalmente su conversión en materias primas secundarias a través del reciclado”.
Existe, además, un importante reto de innovación, añade: “Muchos de los actuales productos de textil y calzado están compuestos por mezclas de fibras y materiales cuyo reciclaje todavía presenta graves dificultades técnicas. Por eso será fundamental impulsar la innovación y el desarrollo de tecnologías que permitan separar y recuperar esos materiales para reincorporarlos al ciclo productivo”.
Y, por supuesto, “todo ello requiere la implicación de todos los actores implicados, de un marco regulatorio alineado y de una demanda creciente de productos reutilizados y materiales reciclados que ayude a consolidar el sistema”.
Hace hincapié Meléndez en la necesidad de seguir desarrollando capacidades e infraestructuras vinculadas a la recogida, clasificación, preparación para la reutilización y reciclaje de los residuos textiles.
No se trata únicamente de desarrollar nuevas instalaciones, advierte, “sino de seguir construyendo un ecosistema completo, conectado y trazable, donde exista coordinación entre todos los eslabones: recogida, reutilización, reciclaje, innovación tecnológica y demanda de materiales reciclados. La circularidad requiere el engranaje de toda la cadena de valor”.
Una pata más es lo que el director general de RE-VISTE denomina como “sensibilizar al consumidor”. “Es necesario facilitar información clara y útil sobre cómo depositar correctamente los residuos textiles y de calzado, qué tipo de productos deben ir a los contenedores y cómo se gestionan posteriormente estos materiales, pero sin paternalismo ni culpabilización”, comenta.
Desde RE-VISTE, recuerda, “hemos impulsado recientemente acuerdos de colaboración con asociaciones de consumidores para desarrollar acciones conjuntas de información, formación y sensibilización. Creemos que trabajar junto a aquellos que representan legítimamente el interés de los consumidores es clave para generar confianza, mejorar el conocimiento y favorecer hábitos de consumo y gestión más sostenibles”.
Así gestionan otros países europeos la responsabilidad ampliada del productor en el sector textil
La responsabilidad ampliada del productor (RAP) aplicada al textil no parte de cero en Europa. España llega a un terreno en el que varios países ya han puesto en marcha sistemas específicos para obligar a fabricantes e importadores a asumir parte del coste de la recogida, clasificación, reutilización y reciclaje de las prendas que ponen en el mercado.
El caso más consolidado es Francia. El país implantó su sistema de responsabilidad ampliada para textiles, calzado y ropa de hogar en 2007, convirtiéndose en el gran referente europeo. El modelo funciona a través de Refashion, el organismo autorizado por el Estado francés para coordinar el sistema colectivo. Según sus propios datos, agrupa a miles de empresas adheridas y financia tanto la recogida como la clasificación, reutilización y reciclaje de productos textiles postconsumo. Francia ha convertido este modelo en una pieza estructural de su política de economía circular.
Países Bajos también ha dado un paso firme. Desde julio de 2023 entró en vigor su régimen de responsabilidad ampliada para textiles, que obliga a productores e importadores a responsabilizarse del tratamiento de las prendas comercializadas en el país. El sistema neerlandés incorpora además objetivos concretos: una parte creciente del textil puesto en el mercado debe prepararse para reutilización o reciclaje, dentro de la estrategia nacional de circularidad impulsada por el Gobierno.
En Suecia, el cambio ha venido especialmente por la vía regulatoria europea. Desde 2025, como en el resto de la Unión Europea, la recogida separada de residuos textiles es obligatoria, y el país trabaja en reforzar el marco para una mayor implicación del productor.
Alemania e Italia, aunque sin un sistema textil tan consolidado como el francés, también avanzan en la adaptación al nuevo marco comunitario, con el foco puesto en trasladar progresivamente costes y obligaciones a los operadores económicos.
El gran impulso llega desde Bruselas. La Comisión Europea propuso armonizar la responsabilidad ampliada del productor para textiles en toda la Unión dentro de la revisión de la Directiva Marco de Residuos. El objetivo es claro: que los fabricantes no solo produzcan y vendan, sino que asuman el impacto ambiental de lo que ponen en circulación. La dirección del sector en Europa ya no es solo reciclar más, sino cambiar quién paga y quién se responsabiliza del residuo textil.