Europa atraviesa una paradoja económica. Mientras el consumo permanece débil, la construcción residencial se encuentra en niveles históricamente bajos y sectores industriales como el automóvil y la química afrontan dificultades, una nueva oleada de inversión está transformando la economía europea.
La fotografía que ofrece Caroline Gauthier, corresponsable de renta variable en Edmond de Rothschild Asset Management, apunta precisamente en esa dirección. En un análisis sobre los grandes ciclos de inversión que están tomando forma en Europa -compartido con DEMÓCRATA-, Gauthier identifica cuatro megaciclos capaces de sostener los beneficios empresariales pese a la debilidad del crecimiento económico: inteligencia artificial, electrificación, infraestructuras y defensa.
La inversión empresarial europea podría convertirse así en uno de los principales motores de la economía durante los próximos años. Según el análisis de Gauthier, los beneficios empresariales podrían aumentar un 17% este año, mientras el gasto de capital de las compañías industriales europeas podría crecer a un ritmo anual del 4,5% hasta 2029, frente al 0,5% de tendencia histórica.
Pero para aprovechar esta oportunidad, Europa tendrá que resolver cuatro retos. No basta con invertir: también hay que permitir que las inversiones se hagan, disponer de energía suficiente, modernizar las redes y crear las condiciones para que las empresas quieran instalarse en territorio europeo.
1. Inteligencia artificial: Europa necesita centros de datos
El primer gran ciclo es el de la inteligencia artificial. El crecimiento de las inversiones de las grandes compañías tecnológicas estadounidenses ya está beneficiando a proveedores europeos que ocupan posiciones estratégicas en la cadena de valor.
Entre ellos aparecen empresas como ASML, especializada en equipos para fabricación de semiconductores; Besi, vinculada al ensamblaje de chips; Prysmian, en cableado, y Schneider Electric, en infraestructuras eléctricas.
Pero la gran cuestión para Europa está ahora en otro punto: dónde se instalarán los centros de datos necesarios para sostener la expansión de la IA.
La Unión Europea se ha fijado el objetivo de triplicar su capacidad de centros de datos en los próximos años, según el análisis de Edmond de Rothschild AM. Y ahí aparece uno de los primeros riesgos para los países europeos.
Un centro de datos necesita suelo, conectividad, agua en determinados sistemas de refrigeración y, sobre todo, grandes cantidades de electricidad estable y competitiva.
Por eso, la digitalización no puede analizarse separada de la energía.
Europa puede aspirar a convertirse en un polo de inteligencia artificial, pero los países que dificulten la construcción de centros de datos o que no puedan garantizar suficiente generación eléctrica corren el riesgo de quedar fuera de una parte importante de esta nueva economía.
La oportunidad no consiste únicamente en atraer a las grandes tecnológicas. También afecta a fabricantes de equipos, redes eléctricas, cables, semiconductores, sistemas de refrigeración, construcción e ingeniería.
La IA, en definitiva, puede convertirse en un multiplicador de inversión para la economía real.
2. Energía: sin electricidad no habrá revolución digital
El segundo gran ciclo es el de la electrificación.
La demanda eléctrica europea podría aumentar en más de un 10% hasta 2030, unos 300 teravatios hora adicionales, equivalentes aproximadamente al consumo anual de Italia, según las estimaciones recogidas por Gauthier.
Los centros de datos serán parte de ese incremento, pero no constituyen el único factor. La electrificación del transporte, la industria y la calefacción ya está aumentando la demanda.
El problema europeo, por tanto, no consiste únicamente en producir más electricidad. La gran asignatura pendiente son las redes.
La Comisión Europea calcula que las redes de transporte y distribución necesitarán 1,2 billones de euros de inversión hasta 2040. (EUR-Lex)
La magnitud del desafío explica por qué la electrificación constituye mucho más que una política energética. Es también una cuestión de competitividad industrial y seguridad económica.
Las redes deberán ser más grandes, pero también más inteligentes y flexibles. Tendrán que integrar una generación más descentralizada y variable y conectar nuevos proyectos de producción con los grandes centros de consumo.
Y aquí aparece una de las claves para los Estados miembros: no basta con apostar por una determinada tecnología de generación si después no existe capacidad de red para llevar esa electricidad allí donde se necesita.
Europa necesita generar, transportar y almacenar energía de forma competitiva.
El país que consiga ofrecer electricidad abundante, fiable y a un precio competitivo tendrá una ventaja creciente a la hora de atraer industria y centros de datos.
El que no lo consiga puede perder inversiones.
3. Infraestructuras: décadas de inversión pendiente
El tercer megaciclo es el de las infraestructuras.
Europa arrastra décadas de infrafinanciación en carreteras, ferrocarriles, redes de agua, puentes, túneles y otras infraestructuras básicas. A ello se suma ahora la necesidad de crear nuevos corredores energéticos y adaptar las infraestructuras a las nuevas necesidades industriales y geopolíticas.
La guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto, además, la importancia estratégica de las conexiones energéticas y de transporte.
Alemania ofrece uno de los ejemplos más importantes: su plan contempla 500.000 millones de euros de inversión durante doce años.
Pero el fenómeno no se limita a Alemania. Los fondos europeos de NextGenerationEU y REPowerEU, junto con los programas nacionales, están impulsando proyectos en diferentes países, desde Italia y Países Bajos hasta Europa del Este.
La inversión en infraestructuras ya no es solamente una cuestión de mantenimiento.
Es una cuestión de competitividad.
Una economía con malas carreteras, redes eléctricas saturadas, conexiones ferroviarias insuficientes o procedimientos administrativos que retrasan durante años una infraestructura pierde capacidad para atraer empresas.
Por eso, uno de los cuatro grandes retos de Europa será convertir el dinero disponible en infraestructuras reales.
Y aquí aparece un problema transversal: los plazos.
No sirve de mucho disponer de financiación si un proyecto energético, industrial o digital tarda tantos años en recibir permisos que la inversión termina desplazándose a otro país.
4. Defensa: una nueva industria estratégica
El cuarto gran ciclo es el de la defensa.
La invasión rusa de Ucrania ha cambiado las prioridades de seguridad europeas y ha obligado a los Estados miembros a plantearse un aumento estructural del gasto militar.
Según las estimaciones recogidas por Gauthier, el gasto europeo podría alcanzar el 3% del PIB, e incluso llegar al 5% si se incorporan infraestructuras de uso dual, civil y militar.
La consecuencia va mucho más allá de los fabricantes de armamento.
El aumento de la inversión en defensa puede beneficiar durante décadas a empresas industriales, tecnológicas, de electrónica, comunicaciones, materiales, aeronáutica y ciberseguridad.
Y existe un elemento que puede hacer que este ciclo sea duradero incluso si termina la guerra de Ucrania: Europa está reconstruyendo su capacidad de defensa después de años de menor inversión.
La cuestión será determinar cuánto de ese gasto se traduce en industria europea y cuánto termina beneficiando a proveedores extranjeros.
Aquí vuelve a aparecer el concepto de soberanía económica.
La energía y los centros de datos pueden decidir quién gana
Los cuatro megaciclos están conectados entre sí.
La inteligencia artificial necesita centros de datos. Los centros de datos necesitan electricidad. La electricidad necesita redes e infraestructuras. Y las nuevas infraestructuras y cadenas industriales necesitan seguridad y defensa.
Por eso, Europa no puede abordar cada uno de estos retos de manera aislada.
En este sentido, la Comisión Europea ya señala que la modernización de las redes eléctricas exigirá inversiones de 1,2 billones de euros hasta 2040 y que será necesario movilizar también capital privado.
Europa necesita capital privado
Hay una quinta condición que atraviesa los cuatro megaciclos: el dinero.
Los Gobiernos europeos no pueden financiar por sí solos semejante volumen de inversiones. De ahí que Gauthier destaque que las compañías europeas del STOXX 600, excluido el sector financiero, acumulan una cifra récord de 1,5 billones de euros de caja desplegada anualmente y cuentan, por tanto, con una capacidad significativa para invertir.
El reto, por tanto, es conseguir que ese capital se dirija hacia Europa. Y, los mecanismos de financiación conjunta de la UE -sostienen Edmond de Rothschild Asset Management- pueden desempeñar un papel importante, al igual que la futura Unión de los Mercados de Capitales.
El presupuesto europeo ya cuenta con un marco financiero de unos 1,2 billones de euros para 2021-2027, complementado por unos 800.000 millones de NextGenerationEU. Pero la escala de las necesidades hace imprescindible multiplicar la inversión privada.
El riesgo de una Europa a dos velocidades
El análisis de Edmond de Rothschild AM deja una advertencia de fondo. Europa puede estar entrando en una nueva etapa de inversión después de décadas de infrafinanciación. Pero no todos los países están igualmente preparados para aprovecharla.
Los Estados que sean capaces de ofrecer energía competitiva, redes modernas, suelo industrial, centros de datos, infraestructuras eficientes y procedimientos administrativos rápidos -abunda esta consultora- podrán atraer una parte creciente de la inversión.
Los que retrasen esos proyectos pueden perder posiciones. De modo que, la cuestión ya no es únicamente cuánto dinero invierte Europa. Es dónde se construyen los centros de datos, dónde se genera la electricidad, dónde se fabrican los componentes y dónde se instala la nueva industria.
La transición energética, la inteligencia artificial, las infraestructuras y la defensa pueden convertirse así en los cuatro grandes motores de inversión de la economía europea. Pero también en una prueba de competitividad entre sus propios Estados, ya que -suscribre Edmond de Rothschild-, Europa tiene capital, empresas líderes y una enorme necesidad de modernización y, el reto -concluye- es conseguir que esa oportunidad no se convierta en otra década perdida por falta de energía, redes, infraestructuras o capacidad para ejecutar las inversiones.