El acceso a una vivienda en propiedad se ha convertido en una posibilidad cada vez más difícil para los hogares europeos con menores recursos. Los fuertes incrementos de los precios inmobiliarios están ampliando la distancia entre quienes ya son propietarios y quienes continúan viviendo de alquiler.
Un reciente informe del departamento europeo del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicado por La Vanguardia, analiza precisamente las posibilidades que tienen los inquilinos de acabar comprando una vivienda. Entre los hogares económicamente más vulnerables, solo el 2% tendría opciones de convertirse en propietario, una proporción que se ha reducido más de la mitad respecto a los niveles previos a la crisis financiera de 2008.
En el caso de los hogares con mayor capacidad para afrontar un nuevo golpe económico, el porcentaje asciende hasta el 5% en el periodo comprendido entre 2022 y 2024.
El ahorro se convierte en una barrera
El elevado precio de los inmuebles no es el único obstáculo. La necesidad de disponer de unos ahorros suficientes para afrontar la entrada de una vivienda dificulta todavía más el acceso a la propiedad para las familias con menores ingresos.
Incluso aquellos hogares que cuentan con cierto respaldo económico o pueden recurrir a la ayuda de sus familiares encuentran dificultades para reunir el capital necesario. Para los sectores más vulnerables, la compra de una vivienda se aleja así cada vez más de sus posibilidades.
Esta situación también tiene consecuencias a largo plazo, ya que ser propietario constituye una de las principales vías de acumulación de patrimonio de los hogares.
Los inquilinos con menos recursos destinan más de la mitad de sus ingresos a la vivienda
Mientras la compra se vuelve más inaccesible, el alquiler también ejerce una presión creciente sobre las economías familiares. Entre 2022 y 2024, los inquilinos con menores ingresos de las grandes ciudades europeas destinaron el 53% de su renta disponible al pago de la vivienda, el porcentaje más elevado de los periodos analizados.
La diferencia es considerable entre los distintos niveles de renta. En los hogares con mayores ingresos, el esfuerzo destinado a la vivienda se situó entre el 10% y el 18%.
El problema se intensifica en las ciudades
La pérdida de posibilidades de acceder a una vivienda en propiedad ha sido especialmente acusada en las zonas urbanas, aunque el fenómeno se extiende también a las áreas rurales.
El informe apunta a varios factores que podrían explicar esta diferencia, entre ellos los cambios provocados por la pandemia. El aumento de la demanda de viviendas más amplias y la expansión del teletrabajo favorecieron que algunos compradores abandonaran las grandes ciudades y buscaran alternativas en otras zonas.
La falta de oferta dispara los precios
El diagnóstico del FMI también señala una diferencia respecto a la burbuja inmobiliaria anterior a la Gran Recesión. El incremento actual de los precios estaría relacionado principalmente con la insuficiente oferta de vivienda.
La escasez de trabajadores en el sector de la construcción y las dificultades financieras de las empresas promotoras se encuentran entre los factores que están limitando la capacidad para aumentar el número de viviendas disponibles.
La situación es especialmente visible en España, Grecia, Irlanda y Portugal, países donde el sector de la construcción sufrió una fuerte contracción tras la crisis financiera de 2008. Desde entonces, la edad media de los trabajadores de esta industria ha aumentado unos 4,5 años, hasta superar la media del conjunto de la población ocupada.
El FMI pide aumentar la construcción de vivienda
Para hacer frente a la crisis de acceso a la vivienda, el organismo plantea a los gobiernos europeos distintas medidas destinadas a incrementar la oferta. Entre ellas figuran la simplificación de los procesos para obtener licencias, facilitar suelo residencial y mejorar el acceso de las empresas constructoras a la financiación.
También propone ampliar los parques de vivienda social y asequible y avanzar en una mayor integración del mercado europeo de la construcción.