El cese del presidente de Adif completa la rectificación de las garantías de continuidad que fuentes del Gobierno trasladaron antes de la dimisión de Óscar Puente. Carlos Cuerpo releva a Pedro Marco de la Peña y abre otra etapa en la gestión de la crisis ferroviaria. La incógnita que deja la secuencia es cuánto sabían quienes descartaban las salidas y por qué las presentaron como imposibles.
Al presidente de Adif tampoco lo iban a cesar. Esa era una de las garantías que fuentes del Gobierno trasladaron el martes, junto a la continuidad de Óscar Puente en Transportes y al frente de la candidatura socialista por Valladolid. El ministro anunció su dimisión aquella noche.
La información que pretendía cerrar la discusión sobre las responsabilidades políticas acaba convertida en el registro de dos decisiones que el Ejecutivo descartaba. Primero salió el ministro. Después, el responsable de la empresa pública que administra la infraestructura ferroviaria.
DEMÓCRATA reparó en esa segunda garantía antes de que se conociera el desenlace: si la continuidad de Puente había durado tan poco, el presidente de Adif tenía motivos para tentarse la ropa. Era una lectura de la fragilidad de aquel respaldo, no información sobre un cese decidido.
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You’ve been PSOE’d: Puente dimite horas después de que el Gobierno garantizara su continuidad
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La llegada de Carlos Cuerpo ha cambiado quién toma las decisiones en Transportes. También obliga al Gobierno a explicar qué ha cambiado para que un relevo que no estaba sobre la mesa termine siendo una de las respuestas a la crisis.
Una garantía con dos nombres
El mensaje del martes era concreto, a "fuentes del Gobierno" y filtrado a distintos medios: Puente no dimitiría, Pedro Sánchez no lo cesaría y el PSOE mantendría su candidatura por Valladolid. En la misma información se añadía que tampoco estaba sobre la mesa destituir al presidente de Adif.
No se comunicaba únicamente confianza en la gestión del ministro. Se anticipaba su conducta y se descartaba una decisión sobre otro alto cargo. El argumento que acompañaba aquellas certezas era que asumir responsabilidades exigía permanecer al frente, atender a los afectados y recuperar la confianza en el ferrocarril. Cuando Puente anunció su renuncia, la salida pasó a presentarse como un ejercicio de dignidad y responsabilidad política.
Ambas decisiones pueden encontrar una explicación. Pero el Gobierno -o, al menos "sus fuentes- deben dar cuenta del cambio, especialmente después de haber defendido con tanta rotundidad que la primera era la adecuada.
Solivianto en los corrillos
El asunto de dirimir las responsabilidades políticas tras la segunda tragedia en la alta velocidad de un año no revestía de mucha dificultad política al lado del enorme drama humano: cesar de inmediato al ministro y a quien estuvera al frente del operador de las infraestructuras, es deicr, Adif. Sin embargo, de nuevo la 'reflexión'. Durante varios días mientras se daban explicaciones y se atendia a las víctimas no había asunción de responsabilidades. ¿La explicación? Según diversos periodistas y, finalmente, "fuentes del gobierno", que no las iba a haber.
El presidente quería que continuara: se entiende que tanto él como el presidente de Adif -extraño el doblete- y le habria pedido quedarse. Esto se 'vendió' a diversos medios a muchos se les atragantó la cena cuando vieron la dimisión de Puente en directo. Y es que al parecer, en paralelo a que el Gobierno "garantizara" su continuidad y la del líder de Adif, el propio ministro habría evitado compartir sus planes para impedir que lo convencieran de ello. Al menos dos medios afirman que Puente no quiso trasladar su decisión con antelación para evitar interferencias ni siquiera a su propio 'jefe' y líder de su partido.
A partir de aquí, hay que pensar bien o mal. Siendo benevolentes, las fuentes del gobierno, que garantizaban la permanencia de Puente, podían conocer la voluntad de Sánchez y desconocer la del ahora ex ministro. No siéndolos hay un criterio de 'operador' solitario e indepenidente de Puente, en el que decide los tiempos.
Descoordinación política frente a la catástrofe
Si el presidente quería que Puente continuara hasta las elecciones, pero el ministro decidió marcharse y le avisó mediante un mensaje instantes antes de anunciarlo explica por qué Moncloa pudo desconocer la decisión; también describe a un presidente sin margen para intervenir en la salida de uno de sus principales ministros.
El problema no es que Puente pudiera dimitir contra el criterio de Sánchez. Un ministro puede decidir que no sigue. El problema de coordinación aparece cuando el Gobierno garantiza su permanencia mientras él prepara su marcha, y cuando el presidente termina el día elogiando una decisión que, según esas mismas reconstrucciones, había intentado evitar.
Una salida coordinada habría permitido comunicar la renuncia, explicar sus motivos y presentar la transición sin que el Ejecutivo desmintiera por la noche lo que había asegurado por la mañana. Lo publicado describe otra secuencia: Puente controla el momento del anuncio y Moncloa adapta después su explicación. Permanecer era responsabilidad; marcharse pasa a ser dignidad.
Algunas de las fuentes consultadas por los medios tras la dimisión hablan de "sorpresa", pero dejan al presidente ante una disyuntiva incómoda. Si conocían la decisión y garantizaron lo contrario, habrían difundido una falsedad a sabiendas. Si la desconocían, hablaron con una seguridad que su información no permitía.
Cuerpo recibe la cartera y revisa las decisiones
Sánchez anunció el miércoles que Carlos Cuerpo asumiría las competencias de Transportes tras la renuncia de Puente. La elección permite mantener la gestión dentro del gabinete y coloca al vicepresidente económico al frente de la respuesta a la crisis ferroviaria.
Cuerpo citó esta tarde a Pedro Marco de la Peña. La reunión situaba la continuidad del presidente de Adif entre las primeras cuestiones que debía abordar el nuevo responsable de Transportes y como bien ayer declinaba DEMÓCRATA, la decisión de su salida es poco sorpresiva.
La dimisión de Puente y el eventual cese del presidente de Adif no deben contarse como si fueran una misma decisión. El ministro anunció una renuncia que, según las reconstrucciones publicadas, Sánchez no deseaba. Una destitución en Adif sería una decisión del Ejecutivo.