La IA entra en campaña: ChatGPT y Grok recomiendan partido ante las elecciones del 29-N

Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya detectó que algunos de los principales asistentes de inteligencia artificial aceptaban responder cuando se les preguntaba directamente a qué partido votar. En la primera prueba, realizada en enero, ChatGPT recomendó opciones políticas en el 43,2% de las consultas y Grok en el 35,8%, mientras Gemini, Copilot y Perplexity se negaron en más del 90% de los casos. Los resultados abren un debate sobre el papel de la IA como nuevo intermediario político ante las elecciones generales del 29 de noviembre

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Las próximas elecciones generales españolas tendrán un protagonista que apenas existía en los anteriores comicios: los asistentes de inteligencia artificial. ChatGPT, Gemini, Grok, Copilot o Perplexity se han convertido para millones de usuarios en herramientas cotidianas para buscar información, resumir documentos o resolver dudas, pero también pueden recibir preguntas mucho más sensibles: "¿Qué partido defiende mejor mis intereses?", "¿qué opción tiene mejores propuestas para la vivienda?" o directamente "¿a quién debería votar?". Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) muestra que la respuesta depende considerablemente del sistema utilizado y que algunos modelos han llegado a formular recomendaciones partidistas explícitas.

La cuestión cobra especial relevancia ahora que las elecciones están oficialmente convocadas para el domingo 29 de noviembre de 2026. El decreto de disolución de las Cortes se publicó en el BOE el 6 de octubre y establece que la campaña electoral comenzará el 13 de noviembre y terminará el día 27. La IA llega así a una campaña española no solo como herramienta de partidos y medios, sino también como un interlocutor privado al que cualquier elector puede preguntar directamente sobre candidatos, programas o cuestiones políticas.

1.220 preguntas a cinco asistentes de inteligencia artificial

El estudio de la UOC, desarrollado por los profesores Ferran Lalueza y Cristina Aced, junto con Víctor Gil, de Science4Insights, planteó 1.220 consultas a ChatGPT, Copilot, Gemini, Grok y Perplexity. Los investigadores formularon 61 preguntas basadas en algunas de las principales preocupaciones recogidas por los barómetros del CIS, como vivienda, inmigración, desempleo, economía, calidad del empleo o sanidad. Las consultas se realizaron entre el 9 y el 11 de enero de 2026 y se repitieron en castellano, catalán, gallego y euskera.

La pregunta no era simplemente qué proponía cada partido sobre una determinada materia. Los investigadores pidieron expresamente una recomendación de voto, lo que permitió comprobar hasta qué punto los asistentes aceptaban adoptar una posición o preferían mantenerse neutrales. El resultado mostró diferencias significativas: ChatGPT respondió con recomendaciones explícitas en el 43,2% de los casos y Grok en el 35,8%, mientras Perplexity, Gemini y Copilot rechazaron hacerlo en más del 90% de las consultas.

Hay, sin embargo, un matiz imprescindible: los datos describen el comportamiento observado en enero de 2026, con las versiones y salvaguardas de los modelos disponibles entonces. Los asistentes de IA cambian continuamente y sus políticas pueden modificarse en pocos meses. De hecho, una segunda oleada realizada el 6 de octubre apunta ya a variaciones: los investigadores han adelantado que Grok estaría ofreciendo más recomendaciones y desplazándose hacia opciones de derecha, mientras ChatGPT habría reducido la frecuencia con la que realiza recomendaciones directas. Esos nuevos datos todavía estaban siendo analizados cuando se hicieron públicos.

El PSOE fue el partido más recomendado en la primera prueba

El estudio también analizó qué partidos aparecían con mayor frecuencia cuando los asistentes sí aceptaban responder. En aquella primera oleada de enero, el PSOE encabezó las recomendaciones de forma consistente en los distintos idiomas y plataformas, seguido a distancia por Sumar y Podemos. Vox aparecía frecuentemente citado en las respuestas, pero recibía recomendaciones explícitas en menos del 6% de los casos. El PP, por su parte, tenía una elevada visibilidad pero una puntuación de recomendación sensiblemente inferior a la registrada por el PSOE.

Estos resultados no significan que exista una instrucción programada para favorecer a una determinada formación. Los modelos generan respuestas a partir de grandes cantidades de información, de las reglas impuestas por sus desarrolladores y del contexto exacto de cada pregunta. Los propios investigadores advierten de que visibilidad y recomendación no son lo mismo y de que el comportamiento cambia entre herramientas, idiomas y versiones. La investigación se encontraba además en proceso de publicación cuando la UOC difundió los primeros resultados, por lo que debe distinguirse entre esos hallazgos preliminares y un resultado científico ya consolidado mediante publicación académica definitiva.

El idioma también importó. Las respuestas en catalán mostraron una mayor pluralidad de formaciones citadas que las realizadas en castellano, y las lenguas cooficiales incrementaron la presencia de partidos vinculados a esos territorios: ERC y Junts aparecieron más en catalán, PNV y EH Bildu en euskera y BNG en gallego.

La IA puede influir sin decir directamente "vota a este partido"

El principal riesgo no se limita a una recomendación explícita. Un asistente puede influir también mediante qué propuestas selecciona, qué información omite, qué argumentos coloca primero o qué fuentes considera más fiables. La investigación de la UOC detectó que Wikipedia era una de las referencias más utilizadas por los modelos, con 958 menciones, seguida por medios como El País, con 620, y RTVE, con 505, además de las páginas oficiales de los propios partidos.

Esto convierte a la inteligencia artificial en un intermediario distinto a un buscador tradicional. El usuario no recibe simplemente una lista de enlaces, sino una respuesta redactada específicamente para su pregunta y puede continuar conversando, matizando sus prioridades o solicitando comparaciones. Ese componente personalizado es precisamente el que preocupa a parte de la comunidad científica.

Un estudio publicado en Nature en diciembre de 2025 sometió a votantes de Estados Unidos, Canadá y Polonia a conversaciones con modelos programados para defender a determinados candidatos. Los investigadores encontraron cambios significativos en las preferencias políticas de los participantes, con efectos superiores a los que habitualmente se detectan en anuncios políticos tradicionales. La mayor parte de la persuasión se produjo mediante hechos, argumentos y pruebas presentados durante la conversación, aunque los modelos también ofrecieron información incorrecta en algunos casos.

Otro trabajo publicado en Nature Communications, basado en tres experimentos con 4.829 participantes, concluyó que los mensajes políticos generados por modelos de lenguaje podían modificar las actitudes sobre cuestiones como impuestos climáticos, permisos parentales o regulación de armas y alcanzaban una capacidad persuasiva comparable a la de textos escritos por personas.

No todas las IA tienen las mismas reglas

El comportamiento tampoco depende únicamente de la tecnología, sino de las políticas decididas por cada empresa. OpenAI, por ejemplo, mantiene restricciones específicas para el uso de sus sistemas en campañas políticas: prohíbe emplearlos para generar o distribuir mensajes electorales a gran escala, automatizar contactos con votantes o decidir qué mensajes debe recibir cada elector. Al mismo tiempo, permite que los usuarios utilicen la IA para informarse, explorar y debatir cuestiones políticas.

Esto ayuda a explicar por qué una prueba realizada en un momento concreto no permite asegurar cómo responderá hoy un mismo asistente a una consulta idéntica. Las salvaguardas, instrucciones internas y modelos cambian y, como muestra la segunda oleada de la investigación española, el comportamiento puede modificarse incluso en unos meses.

Europa considera de alto riesgo la IA diseñada para influir en el voto

La Unión Europea ya ha incorporado este problema a su legislación. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificialclasifica como sistemas de alto riesgo aquellos diseñados específicamente para influir en el resultado de unas elecciones, un referéndum o en el comportamiento electoral de las personas. La norma excluye, en cambio, las herramientas empleadas únicamente para tareas administrativas o logísticas de campaña y cuyos resultados no llegan directamente al ciudadano.

La diferencia es importante. Un asistente generalista utilizado por una persona para informarse sobre unas elecciones no es automáticamente equivalente a una herramienta creada expresamente para modificar el comportamiento del electorado. Pero la legislación europea refleja hasta qué punto Bruselas considera que la combinación entre IA y persuasión política puede afectar a derechos fundamentales y al funcionamiento de los procesos democráticos.

El nuevo intermediario del 29-N

Hasta ahora, un votante indeciso podía consultar programas electorales, leer periódicos, escuchar debates, preguntar a familiares o utilizar comparadores de propuestas. El 29-N añade otra posibilidad: mantener durante varios minutos una conversación privada con una inteligencia artificial y pedirle que analice partidos según las prioridades personales del usuario.

El estudio de la UOC no demuestra que la IA vaya a decidir las elecciones ni permite medir cuántos votos podrían cambiar por esta vía. Sí demuestra algo más concreto: algunos asistentes han llegado a aceptar preguntas en las que se les pide directamente una recomendación partidista y sus respuestas no son iguales entre plataformas, idiomas ni momentos temporales.

A poco más de siete semanas de las elecciones generales, la cuestión ya no es únicamente si los partidos utilizarán inteligencia artificial durante la campaña. También importa cómo la utilizarán los ciudadanos para informarse. La IA se está convirtiendo en un nuevo filtro entre los programas electorales y el votante, y la evidencia científica disponible muestra que una conversación aparentemente informativa puede tener capacidad persuasiva. El elector sigue tomando la decisión final, pero cada vez es más probable que una máquina forme parte del camino que le lleva hasta ella.