José Carlos Díez: " España necesita más fábricas y empleo industrial de más de 30.000 euros"

El economista explica cómo la falta de acceso a la red eléctrica frena la industria y limita la creación de empleo de mayor valor añadido

José Carlos Díez durante la entrevista concedida a DEMÓCRATA. FOTO: DEMÓCRATA.

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“El fin del mundo tal y como lo conocíamos”. Así se titula el último libro del economista José Carlos Díez, que visita la redacción de DEMÓCRATA para conversar sobre su éxito editorial y, sobre todo, sobre el mundo que viene. Son las once de la mañana y el profesor de Economía de la Universidad de Alcalá ha encontrado un hueco en su apretada agenda para recorrer la historia económica reciente, explicar cómo hemos llegado hasta aquí y aventurar qué nos espera.

Díez llega con un moreno envidiable y una energía contagiosa. Viene con ganas. Con muchas ganas de hablar.

Mientras nos colocamos los micrófonos, nos cuenta algo que acaba de ocurrirle. No sabemos si se trata de una crítica, un insulto o algún tuit desafortunado de esos haters que tanto abundan en las redes sociales.

“Pero eso me da igual -nos comenta-. Yo no me dedico a la política y puedo vivir tranquilo con mi trabajo. Con mucho trabajo, porque no paro... Y por eso funciona España, porque hay gente muy buena, muy trabajadora y muy pacífica. Cosa que no ocurre con la clase política y la clase funcionarial, que han dejado de funcionar. Hemos perdido el amor propio por el trabajo bien hecho”.

La conversación apenas ha comenzado y ya ha dejado sobre la mesa uno de los grandes asuntos que atraviesan su libro: la distancia entre una sociedad que trabaja, emprende y sostiene el país y unas instituciones que, a su juicio, no siempre están a la altura.

Esta entrevista promete.

P.- ¿Ha llegado el fin del mundo?

R.- Bueno, el título es un poco tremendo. Se le ocurrió al editor para vender libros. Y funciona. Pero el libro no es pesimista. Cuenta la realidad tal y como es: vivimos en un mundo más complicado para la economía y para hacer negocios que hace quince años, o incluso dos.

España tiene muchas oportunidades. En el libro explico qué podemos hacer para aprovecharlas, pero, sobre todo, necesitamos llegar al pleno empleo y subir los salarios. Crear empleo se nos da bien; subir los salarios, no.

P.- ¿Estamos entrando en la era de Donald Trump?

R.- Trump está siendo muy determinante, pero lo que sostengo en el libro es que es el efecto, no la causa de los problemas. Gana las elecciones y consigue la reelección gracias, en buena medida, al cinturón industrial estadounidense, en estados vinculados al automóvil y a la industria, tradicionalmente demócratas.

Gana porque existe un profundo descontento industrial. Y ese malestar tiene mucho que ver con China, que ha pasado de no ser nada a concentrar el 30% de la producción industrial mundial. Su competencia, basada en salarios inferiores a los europeos y estadounidenses, ha presionado a la baja las remuneraciones.

A eso se suma el desarrollo tecnológico: la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica, que va a experimentar una transformación extraordinaria en los próximos tres o cinco años. Todo sucede tan deprisa que el ser humano tiene capacidad para adaptarse, pero no a cualquier velocidad.

P.- Habla de Trump y del desarrollo de China. ¿Cómo ha afrontado Europa esta transformación?

R.- A los europeos nos ha pillado fatal. Económicamente, Europa es un desastre. Es la economía que peor comportamiento ha tenido durante el periodo de mayor progreso de la historia de la humanidad. Entre 1980 y 2025, el PIB mundial ha experimentado un crecimiento extraordinario y Europa es el área económica que menos lo ha aprovechado.

¿Por qué? Básicamente, porque tenemos una economía muy rígida, con un montón de regulación absurda que nos impide competir y una enorme incapacidad para adaptarnos a los cambios.

Ahora mismo, la mayor disrupción es la inteligencia artificial. Pero Europa ha restringido tanto el uso de los datos que ha sacado a sus empresas del entorno competitivo. No estamos participando en el desarrollo tecnológico de la inteligencia artificial. Somos usuarios y consumidores, que está muy bien. Tenemos acceso a la misma tecnología en Madrid que en Shanghái o San Francisco, y al mismo coste. Pero no la desarrollamos. La importamos.

Y los países que desarrollan tecnología progresan y mejoran sus salarios. Los que se limitan a importarla se empobrecen. Eso es lo que está pasando en Europa.

P.- Competir con China parece difícil

R.- China va a toda velocidad en todo. Era un país comunista, con planificación soviética. No se podía tener más burocracia que la que tenía China hasta 1979. Y ahora es uno de los países más ágiles y adaptados a los cambios del mundo.

Europa, mientras tanto, se ha quedado anclada. Tenemos una regulación laboral absurda y una enorme sobreprotección del Estado del bienestar. Ese modelo funcionó muy bien cuando éramos competitivos, el PIB crecía y se generaban rentas suficientes para repartir. Podíamos tener una sanidad de calidad y un sistema de pensiones generoso.

Pero cuando dejas de competir, empiezas a empobrecerte y los salarios se empequeñecen, no puedes seguir pagando las mismas pensiones. Y, claro, plantear eso en Francia es conseguir que saquen la guillotina y pasen por ella a los políticos, como en la Bastilla.

P.- Está claro que no hay que llegar a ese extremo

R.- Ya, pero si queremos competir, Europa necesita buenas universidades, capital humano, infraestructuras, tejido empresarial y una regulación que permita a sus empresas competir a escala mundial. Y eso exige cambios.

Si la sociedad se niega a hacerlos y al político que lo intenta le pasan por la quilla, esto no cambiará nunca.

El problema empieza porque los políticos europeos no paran de mentir. Hacen planes que nunca se cumplen y no pasa nada.

P.- ¿Por ejemplo?

R.- Por ejemplo, Europa 2000, con la que supuestamente íbamos a digitalizarnos. Después han vuelto a hacer prácticamente lo mismo con los fondos Next Generation.

Los Next Generation no han funcionado. ¿Ha pasado algo? ¿Ha dimitido alguien en Bruselas? Ningún país los ha implementado bien. ¿Nadie va a reconocer que la regulación y la burocracia que les imponen hacen prácticamente imposible utilizarlos?

Si vas a hacer planes industriales como China, hazlos para que funcionen. Si los haces para que los funcionarios de Bruselas cobren 7.000 pavos al mes, que pagamos todos con nuestros impuestos, pues yo, como dijo Groucho Marx, que paren esto, que me bajo.

P.- ¿Qué más debería hacer Europa para dejar de crecer de manera casi marginal?

R.- Dejar de presumir de tener la mejor regulación del planeta y tantos abogados y juristas en Bruselas. Necesitamos una regulación atractiva para la inversión.

Europa, junto con China y Japón, está entre las regiones del mundo que más ahorran. Pero ese ahorro se canaliza a través de fondos que terminan invirtiendo en la Bolsa estadounidense y en empresas americanas.

¿Qué significa eso? Que estamos financiando el desarrollo tecnológico de Estados Unidos. ¿Por qué no copiamos su modelo de desarrollo tecnológico y hacemos aquí esas inversiones? Es lo que hace China. Por eso le va tan bien.

Llevan diagnosticando este problema en Bruselas desde que tengo uso de razón. Y ninguno de los planes funciona.

P.- ¿Qué cambiaría en la elaboración de esos planes?

R.- Quitaría funcionarios de Bruselas del diseño de los planes e incorporaría a empresarios de verdad, que trabajan en entornos competitivos. Que sean ellos quienes expliquen a los burócratas qué necesitan para competir con las empresas chinas y estadounidenses.

Europa tiene que adaptarse a las necesidades de las empresas. El Estado debe ser complementario y ayudar al desarrollo tecnológico y a la innovación. Es un cambio fundamental, pero exige otra mentalidad.

Cada vez que aparece una innovación, lo primero que hacemos es hablar de sus riesgos. Ahora ocurre con la inteligencia artificial. Hombre, ¡el fuego también generaba riesgos! Pero gracias al fuego progresó el ser humano: aumentó la esperanza de vida, mejoró la alimentación y se desarrolló nuestro cerebro.

La Comisión Europea habría prohibido el fuego porque generaba riesgos. ¡Todavía seríamos chimpancés!

P.- Aterricemos en España. ¿Tenemos los mismos problemas que Europa? ¿Podemos cambiar nuestra regulación?

R.- España no es exactamente igual que Europa porque nos incorporamos mucho más tarde al proyecto europeo. Y, además, somos una sociedad que funciona. Este es un país que funciona.

¿Podría funcionar mucho mejor? Por supuesto. Para eso he escrito el libro. Hay un plan.

¿Y por qué funciona España? Pues mira, yo tengo dos hijos y mi prioridad es dejarme la piel por ellos. Ayer estuve en Peñafiel en una reunión de trabajo. Ahora termino esta entrevista y me voy a otra reunión en Madrid. Esta noche ceno en Vitoria, mañana trabajo allí toda la mañana y después vuelvo a toda velocidad para estar a las seis de la tarde en Alcobendas. Al día siguiente tendré otro lío. Esa es mi vida.

¿Y por qué hago todo eso? Para pagarles una buena universidad a mis hijos y prepararlos para que vivan mejor que yo. Es lo que aprendí de mi madre y lo que mi madre aprendió de su padre.

Por eso funciona este país. Porque la gente trabaja, se esfuerza y quiere que sus hijos progresen.

Lo que ha dejado de funcionar es la clase política y buena parte de la estructura funcionarial. Hemos perdido el amor propio por el trabajo bien hecho. Aquí parece que a todo el mundo le da igual todo. Hemos rebajado los estándares éticos a unos niveles que asustan.

Pero el país funciona. La gente pasa de ver la televisión. Cuando un empresario me dice que no me conoce, me parece una buena señal. Pienso: este está dedicado a su empresa y no viendo la televisión todo el día. Porque, si lo hiciera, estaría permanentemente cabreado y no invertiría.

La gente está trabajando. Y eso es lo que sostiene España.

P.- Entonces, ¿qué nos falta?

R.- Dejar de concentrarnos en sectores de muy baja productividad y salarios precarios y apostar por actividades que generen mayor valor añadido.

Por ejemplo, mañana estaré en Alcobendas por un proyecto de innovación relacionado con un agente virtual de inteligencia artificial que puede ayudar a las empresas. Es un proyecto muy bonito.

P.- Alcobendas ha experimentado un desarrollo empresarial extraordinario

R.- Alcobendas está, junto con Madrid y Barcelona, entre las ciudades españolas con mayor facturación empresarial. Factura más que Sevilla o Bilbao y ocupa una posición destacada en facturación de multinacionales. Hay más multinacionales en Alcobendas que en Barcelona.

P.- ¿Qué se produce allí?

R.- Fármacos, por ejemplo. España es una potencia mundial en producción farmacéutica. La producción industrial de medicamentos se ha multiplicado por cuatro desde el año 2000 y por dos desde 2007, mientras que el conjunto de la producción industrial ha retrocedido desde entonces.

Tenemos que atraer multinacionales como ha hecho Alcobendas, conectando la actividad empresarial con la Universidad Autónoma.

Montamos el centro tecnológico con Severo Ochoa y Margarita Salas en la Universidad Autónoma. De ahí surge un capital humano extraordinario. Las multinacionales vienen buscando talento y salarios competitivos.

Alcobendas paga algunos de los mejores salarios de España. Y hay que recordar que los contribuyentes con rentas superiores a 60.000 euros aportan una parte muy importante de la recaudación del IRPF. Las pensiones, cuando tienen déficit, se financian con impuestos y deuda. Por eso digo que Alcobendas paga las pensiones de toda España.

Yo iba a Alcobendas cuando vivía en Fuencarral pueblo. Entonces era un municipio de agricultores. Había ovejas y tractores cosechando cebada. Hoy es un centro tecnológico mundial.

¿Qué tenemos que hacer? Más Alcobendas. Esa es la cuestión.

P.- La alcaldesa de Alcobendas está muy comprometida con el desarrollo económico de la ciudad y con la oferta de vivienda

R.- En lo de la vivienda no estoy de acuerdo. Alcobendas tiene una zona, Valdelatas, que es prolongación del Monte de El Pardo y de El Goloso, donde hay un proyecto residencial que no termina de salir adelante.

La vivienda es un problema que no se sabe gestionar ni en las comunidades autónomas ni en los ayuntamientos. No es únicamente responsabilidad del Gobierno central.

Alcobendas funciona porque tiene un talento enorme. Y Madrid también. La ciudad ha adquirido una dinámica espectacular. Todo el mundo quiere venir, entre otras razones por su oferta de ocio. Madrid es una ciudad muy divertida y está atrayendo talento de España y del resto del mundo.

Mi hija estudia en CUNEF y un tercio de sus compañeros son extranjeros, muchos de ellos latinoamericanos. En IE hay estudiantes de 170 nacionalidades que vienen a Madrid a formarse.

Somos una máquina de atraer talento. Y eso es precisamente lo que funciona en la nueva era tecnológica.

¿Qué necesitamos? Para empezar, una regulación que permita trabajar a esos jóvenes que se han formado aquí. Han gastado dinero en alquileres, consumo y estudios. Se han dejado un pastizal en España, han contribuido a nuestra economía y después se encuentran con que no tienen permiso de trabajo.

Empleo e inmigración

P.- ¿Cómo se explica que España cree empleo, registre elevados niveles de absentismo y, al mismo tiempo, mantenga una de las tasas de paro más altas de la Unión Europea?

R.- Pues mira, en el año 2000 teníamos alrededor de un millón de trabajadores extranjeros. Ahora, contando también a los de primera generación, hablamos de 11,5 millones de personas. Buena parte trabaja con salarios precarios.

Eso genera desigualdad. Tenemos una de las mayores tasas de pobreza de Europa. Nuestro modelo económico genera pobreza y lo que necesitamos es generar riqueza.

¿Por qué no ordenamos los flujos migratorios y hacemos que funcionen los consulados? Porque ahora mismo son un coladero.

Si la Justicia no llega a intervenir con la Ley de Nietos, le habrían colado 700.000 papeletas para participar en las elecciones sin comprobar adecuadamente la documentación. ¡Pero si eso se puede resolver con inteligencia artificial en un mes! Y, si los documentos no están bien, esas personas no votan.

Ha tenido que intervenir un juez para comprobar lo que considero un intento de pucherazo del Gobierno con la Ley de Nietos. Y nuestros consulados han demostrado una incapacidad enorme para revisar la documentación electoral, cuando el voto es lo más sagrado de una democracia.

Estoy harto. Yo pago mis impuestos. No voy a presentarme a unas elecciones ni a dedicarme a la política, pero quiero que el país funcione y que mis impuestos sirvan para recibir los servicios que merezco.

Y creo que una inmensa mayoría de los españoles piensa lo mismo. Por eso existe una crisis institucional y hemos dejado de confiar en los partidos. Si quieren recuperar nuestra confianza, que empiecen a funcionar. Es muy sencillo.

Desde 1978 los españoles hemos demostrado que somos gente sensata. No somos como los franceses, que se echan a la calle por cualquier cosa. Nos comimos la pandemia y apenas nos quejamos. Somos una sociedad paciente. Los políticos no se pueden quejar: tienen una sociedad envidiable.

Energía: el coste de la transición

P.- ¿Tiene España que replantearse su modelo energético?

R.- No. Lo que tenemos que hacer es revisarlo. Hemos desarrollado un modelo de renovables muy bueno, pero de manera caótica y desordenada.

Lo hemos hecho sin desarrollar suficientemente la red de alta tensión y ahora tenemos un problema de saturación.

España debería tener más fábricas y crear empleos industriales con salarios medios superiores a 30.000 euros. Y no los crea porque Red Eléctrica no concede suficientes puntos de conexión a la red.

Lo primero es poner en Red Eléctrica a profesionales que sepan de redes, no a políticos, como han hecho el PSOE y el PP durante años. Hay que profesionalizarla, como hizo Felipe González en los ochenta.

España llegó a ser una referencia mundial en ingeniería eléctrica. Partimos de un país con una red de alta tensión insuficiente y terminamos construyendo una infraestructura admirada internacionalmente. Hemos vendido ingeniería eléctrica a China. ¿Por qué ahora parece que no sabemos hacer redes?

Y, además, hemos desarrollado las renovables de forma excesiva y desordenada. Se decía que, como la inversión era privada, no nos costaría dinero. Bueno, ahora hay empresas que piden un rescate porque sus plantas tienen problemas de rentabilidad.

El sábado pasado, a las cinco de la tarde, hacía un sol extraordinario. El precio de la electricidad en el mercado mayorista español estaba a cero euros. Pero producir electricidad en una planta fotovoltaica puede costar entre 30 y 35 euros por megavatio hora.

Si produces a 35 y vendes a cero, quiebras. Por eso la patronal fotovoltaica ha pedido ayudas. Se han equivocado con algunas inversiones y ahora quieren que lo paguemos nosotros.

Esa misma noche, a las once, la electricidad en España costaba 200 euros por megavatio hora, frente a unos 100 euros en otros mercados europeos.

¿Qué necesitamos? Un sistema que aproveche las ventajas de las renovables, pero que no pase de cero a 200 euros en unas horas.

P.- ¿Y cómo se consigue?

R.- Con almacenamiento. Tenemos dos grandes alternativas.

La primera son las baterías, que producen fundamentalmente los chinos. Y, otra vez, estamos financiando su desarrollo tecnológico. Además, tienen limitaciones: pueden cubrir unas pocas horas de consumo y necesitan tiempo para recargarse.

La segunda son las centrales hidroeléctricas de bombeo. Durante el día, con la electricidad fotovoltaica, puedes elevar agua a un embalse superior y, por la noche, dejarla caer para generar electricidad.

Es un sistema de almacenamiento que permite aprovechar mejor las renovables y reducir emisiones. La generación hidroeléctrica puede ser extraordinariamente competitiva.

P.- ¿Por qué no desarrollamos más ese modelo?

R.- Porque el Gobierno de Pedro Sánchez, con Teresa Ribera y Cristina Narbona, a la que han dejado diseñar buena parte del programa económico del PSOE, ha puesto enormes obstáculos al desarrollo hidráulico.

Por razones ideológicas quieren retirar presas y dejar que el agua vaya al mar.

Yo quitaría el Ministerio para la Transición Ecológica. Me lo cargaría. Devolvería Energía a Industria, que es donde tiene que estar, y haría que la política energética funcionara sin ideología.

¿Hay que hacer una transición climática? Sí, por supuesto. Tenemos que participar en ella como todos los países. Pero ¿a qué ritmo y con qué coste? A uno que no destruya el empleo ni deteriore los salarios de nuestra industria.

España ha reducido sus emisiones de carbono aproximadamente un 30% desde el año 2000, mientras que China las ha multiplicado.

P.- Ahí parece estar el gran dilema de la transición energética

R.- Sí, pero yo cuento los datos. No estoy en política. En mi libro hay datos y hechos, no ideología.

China produce electricidad con carbón porque tiene enormes reservas. Nosotros hemos cerrado minas y centrales térmicas, hemos reducido las emisiones y, además, imponemos un coste elevado a los derechos de emisión.

A España, que ha hecho un enorme esfuerzo de transición, le aplicas un coste de unos 80 euros por tonelada. Mientras tanto, las fábricas chinas soportan costes muy inferiores, de unos diez euros.

Esto es termodinámica. Si no quieres tener fábricas ni producción industrial en Europa, dilo. Que salgan Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen y anuncien: “No queremos fábricas en España ni en Europa”.

Porque lo que hemos hecho es imponer un coste a las emisiones tan alto que estamos favoreciendo el cierre de fábricas europeas y la deslocalización de la producción a China.

Si de verdad quieres industria en España y Europa, primero léete mi libro. Es muy sencillo y se lee rápido. Yo creo que hasta Pedro Sánchez se lo puede leer.

Pedro, deja la bicicleta un par de tardes, aparca la playlist y ponte con mi libro.

Es que no estudió nada en la carrera. Él pasó por la Facultad de Economía, pero la Economía no pasó por él.

Con Donald Trump ocurre algo parecido. Ha pasado por una escuela de negocios y no sabe nada de economía. Lo pongo a parir en el primer capítulo.

Así que recapitulando: primero, hay que leerse mi libro. Y, segundo, que me dejen a mí el boletín oficial de la Unión Europea. En 24 horas bajo el coste de los derechos de emisión al nivel de California o del Reino Unido: de 80 a 35 euros por tonelada.

P.- Con eso se carga el lobby de la energía en Europa

R.- Me da igual. Los lobbies sobran.

Si reduces ese coste, mejoras inmediatamente los márgenes de las fábricas europeas. ¿Y qué hacen las empresas cuando aumentan sus márgenes? Dos cosas: invertir y subir los salarios.

La inversión crea empleo, que es lo que falla en Europa. Y, cuando las empresas obtienen beneficios, los sindicatos se sientan a negociar. En las grandes compañías, los comités de empresa ven los resultados, se ponen el cuchillo entre los dientes y pelean para que una parte de esos beneficios se reparta en forma de mejores salarios.

Por eso funciona el capitalismo. Porque, si no tuviera sindicatos ni mecanismos de distribución de la renta, habría fracasado como anticipó Karl Marx en el Manifiesto comunista.

El sistema se equilibra mediante la negociación colectiva. Por eso necesitamos empresas con buenos márgenes, que obtengan beneficios y los repartan adecuadamente.

Vivienda: burocracia, oferta y salarios

P.- Pasemos a la vivienda. ¿Qué estamos haciendo mal para que la oferta sea insuficiente mientras aumenta la población y crecen las dificultades de acceso?

R.- Pues mira, el sábado pasado tuve una comida muy divertida. Empezó a las dos de la tarde y terminó a las dos de la madrugada. Madrid es una ciudad que no duerme.

Estuve hablando con dos amigos que se dedican a promover vivienda, principalmente protegida. Hacen vivienda asequible. Estos no son buitres. Construyen casas para que los jóvenes puedan alquilarlas o comprarlas con una hipoteca.

Porque hay algo que no solemos decir: no todo el problema de la vivienda es la escasez de oferta. También existe un enorme desacoplamiento entre los precios y los salarios.

Hay viviendas, pero muchos jóvenes no pueden comprarlas porque tienen salarios precarios. Y, al mismo tiempo, los precios siguen subiendo porque falta oferta.

¿Qué está fallando? Para empezar, las declaraciones de impacto ambiental. Las comunidades autónomas tardan muchísimo en tramitarlas.

Después, cuando se aprueba un plan parcial, aparecen recursos judiciales. Los juzgados están colapsados y tardan años en resolver. Y, cuando llega una sentencia que obliga a modificar una parte del plan, la legislación puede obligarte a rehacerlo entero.

Eso supone otros diez o quince años de desarrollo urbanístico.

Bastaría con introducir cambios normativos para que se corrigiera únicamente la parte del plan que incumple la ley, sin tener que empezar de cero.

Y ahora voy a hablar bien de un político, que parece que los pongo a parir a todos.

Feijóo acaba de anunciar el silencio administrativo positivo. Si la Administración no responde en seis meses, el promotor podría seguir adelante, siempre que se cumplieran los requisitos legales.

Mis amigos me decían que solo con una medida de ese tipo la promoción de vivienda podría pasar de 100.000 a 300.000 viviendas al año.

¿Dónde está mi problema? En que no me fío de Núñez Feijóo. Ahora, en campaña, dice que lo va a hacer. Pero después llegan los lobbies de los funcionarios, empiezan las presiones y no se aprueba la ley. Y pasan cuatro años sin silencio administrativo positivo.

Estoy como santo Tomás. ¿Me parece una buena medida? Sí. De hecho, la propongo en mi libro. ¿Me alegra que la anuncie? También. Pero quiero meter los dedos y verla aprobada en el BOE.

Hasta que no la vea, no me fío de ningún político, ni en España ni en Bruselas.

¿Estoy deseando creer? Por supuesto. Se vive mejor creyendo. Hasta crees en el amor.

Pero ¿cómo vas a creer en Pedro Sánchez si le dio un ataque de celos cuando le dijeron que su mujer le había puesto los cuernos con Hidalgo en una habitación de hotel en San Petersburgo? No lo entiendo. Y ahora sale besándose. No es creíble.

Yo también soy muy amoroso y no se me ocurre salir a recibir besos en un mitin delante de las cámaras. No hay necesidad de eso.

P.- Pero usted no está haciendo campaña. Sánchez sostiene, además, que esas imágenes se han viralizado

R.- Ya, pero no nos creemos esos excesos. Y no me refiero solo a él.

Abascal ha puesto a hablar de vivienda a un chico jovencito que tiene una tesis doctoral en Historia. Este chico sabe de vivienda lo que yo sé de cirugía vascular.

Yo he trabajado cuatro años en un estudio de arquitectos. He participado en desarrollos de cientos de viviendas. Este chico no ha tocado una obra ni ha ido a verla.

¿Suena bien lo que cuenta? Sí. Además, a mí me cae bien. Es de La Ventilla, el barrio de mi abuela. Ha hecho su tesis sobre ese barrio y es una buena tesis doctoral. Lo que dice puede sonar razonable.

Pero yo quiero que pongan a alguien que sepa de vivienda y que haya construido viviendas. Y en el Ministerio de Fomento quiero a alguien que sepa de trenes, no a un ministro como este ganapán, que se pasa el día insultando. A mí, para empezar.

Después habla de la fuerza del amor. ¿Pero cómo vamos a estar en la fuerza del amor si el lunes me llamó rata?

Óscar, la gente que quiere y ama no llama rata a su prójimo.

Yo vengo de un pueblo muy humilde de Palencia y mis abuelos me enseñaron a amar. Si transmites amor, haces el bien a los demás sin buscar nada a cambio.

No me llames rata, Óscar. Eso no es amor. Eso es odio. Y no necesitamos más odio. Necesitamos mucha más paz.

El PSOE, el cupo catalán y la redistribución

P.- Usted elaboró la ponencia económica del PSOE en 2017. Ha pasado mucho tiempo

R.- Sí. Parece una eternidad.

P.- ¿En qué se parece aquel PSOE al actual?

R.- Lo digo con mucha tristeza. Yo he votado al PSOE toda mi vida y me gustaría volver a votarlo. Pero mientras esté Pedro Sánchez, no.

Y, hablando de economía, para mí lo más sangrante ha sido el cupo catalán.

Vamos a recordar de dónde viene el socialismo. Llega la Revolución Industrial, surge el movimiento obrero, aparecen los sindicatos, se crea la UGT y después el PSOE.

Los partidos y sindicatos obreros trabajaban para que los trabajadores progresasen. El progresismo viene de progresar.

Y hay un instrumento fundamental para conseguirlo: el impuesto sobre la renta. Un impuesto progresivo, en el que quienes menos tienen pagan tipos más bajos, quienes tienen muy poco no pagan y quienes más tienen contribuyen más.

A mí me va bien y pago mucho IRPF. Y no me importa. Contribuyo al sistema porque quiero que ese dinero llegue a las personas que más lo necesitan, vivan donde vivan. Yo no discrimino.

Lo que han pactado Pedro Sánchez y María Jesús Montero con Oriol Junqueras, Gabriel Rufián y Salvador Illa, y que se está instrumentalizando desde la Generalitat, supone, en mi opinión, sacar a Cataluña del sistema de redistribución y solidaridad.

Significa que los ciudadanos con rentas altas de Cataluña dejen de contribuir a financiar las necesidades del conjunto de España y lo hagan exclusivamente dentro de Cataluña.

Si avanzamos hacia ese modelo, España puede tener graves problemas para financiar su deuda pública. Lo advierten las agencias de calificación. Podemos acabar en una crisis de deuda.

Y en las crisis de deuda, como explica hasta Thomas Piketty, la pobreza aumenta de manera desproporcionada.

Por tanto, te estás cargando la esencia de tu propio partido. El PSOE nació para defender la redistribución y la solidaridad. La UGT también.

Y tienes a toda una panda de ganapanes en el Parlamento, en los comités federales y en las federaciones provinciales. Salvo excepciones, como mi amiga Miriam, la alcaldesa de Palencia, que se ha rebelado, y algunos otros alcaldes. Pero son muy pocos.

¿El resto del partido está defendiendo esto simplemente para cobrar un sueldo a fin de mes y pagar la hipoteca?

Por favor. Para eso, vete a la empresa privada. Trabaja en un supermercado, que ganarás más dinero y no tendrás que vender tu dignidad ni tus valores.

¿Qué quiero yo? Que vuelva a haber alguien en el Partido Socialista que sienta los valores que tenía Pablo Iglesias cuando lo fundó.

Pedro Sánchez es un traidor. Ha traicionado a todo el movimiento obrero.

Empezó siendo liberal y se ha hecho rojo porque sabe que ahí hay votos. Lo que dice en los mítines se lo dice Iván Redondo porque sabe que le va a dar votos.

Este no es rojo. Este no es de nada. Es un cínico que solo quiere poder para ejercer el poder, seguir en La Moncloa y dormir allí una noche más. Ese es su objetivo.

Necesitamos políticos comprometidos, con un plan para ayudar a las personas. Como dijo Felipe González, no necesitamos políticos mercenarios.

Necesitamos gente que quiera arreglar el país, no políticos que trabajen exclusivamente para sí mismos.

Eso es lo que tenemos que recuperar. Lo tuvimos durante la Transición y necesitamos una segunda transición.

Las elecciones del 29N

P.- ¿Qué cree que ocurrirá el 29N?

R.- No lo sé. La regeneración democrática es buena. Este Gobierno no ha funcionado.

En 2023, Vox obtuvo alrededor del 13% de los votos. Ahora las encuestas le atribuyen entre el 18% y el 19%. Pedro Sánchez está alimentando el crecimiento de la extrema derecha.

En Cataluña ha aparecido Aliança Catalana y algunas encuestas le atribuyen ya un 20%. Y todo eso en apenas tres años.

Si Pedro Sánchez vuelve a gobernar con los independentistas que le han apoyado, partidos que, a mi juicio, solo buscan sus propios intereses y no el interés general, tendremos un problema muy serio.

Si no recuperamos a alguien que piense en el conjunto del país, especialmente en las personas que más lo necesitan, dentro de cuatro años estaremos como Francia. Eso es lo que creo que puede pasar en España.

¿Confío en Feijóo? No confío nada. Si confiara en él, lo votaría.

¿Quiero que gane? Bueno, primero tendrá que ganar, porque le cuesta ganar elecciones. Pero si gana y los españoles le dan su apoyo, quiero que le vaya bien. Por supuesto. Porque quiero que a España le vaya bien.

Y si no le va bien, usted me llamará dentro de cuatro años, me hará otra entrevista y criticaré a Feijóo. Y me pondrán a parir.

Espero que no me insulte como Óscar Puente, porque a los políticos no les gusta que no les hagas la pelota.

A mí me da igual. Por suerte, no vivo de eso y no necesito estar en ninguna lista.

Puedo venir a DEMÓCRATA a que me hagan una entrevista, porque es uno de los medios que leo y que más me gustan. Me interesa especialmente vuestro trabajo sobre regulación europea y sobre cómo mejorarla. De hecho, me ha ayudado a escribir este libro (Editorial Deusto).

 

*Pues no se nos ocurre mejor modo de terminar una entrevista en la que nos han quedado preguntas por hacer, y para él, también preguntas por responder. En cualquier caso, esta es su casa, y aquí le esperamos, mientras le acompañamos a coger un taxi con el que sale volando camino de una reunión de trabajo en Madrid con un grupo de empresarios.

Más claves, contexto y preguntas con FREN

CONTENIDO GENERADO CON IA

¿En qué estado se encuentra la tramitación de los fondos Next Generation en España y qué pasos parlamentarios quedan pendientes para su despliegue efectivo?

A 2 de noviembre de 2026, los fondos Next Generation en España están en fase de cierre, comprobación y desembolso final, no pendientes de una autorización parlamentaria general. La cuestión decisiva es que Bruselas valide los compromisos acreditados por España. Además, la caducidad de varios proyectos de ley el 6 de octubre impide presentarlos como trámites parlamentarios todavía abiertos.

Estado financiero y calendario

El Gobierno presentó el 30 de septiembre de 2026 la séptima y última solicitud de pago del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia: 25.861 millones de euros, asociados a 148 hitos y objetivos. Incluye 21.463 millones en transferencias y 4.398 millones en préstamos; descontada la prefinanciación, serían 18.711 y 4.166 millones netos, respectivamente. Solicitar no equivale a cobrar: corresponde a la Comisión Europea evaluar su cumplimiento, según explica Demócrata.

El sexto desembolso, recibido en agosto, situaba los recursos recibidos en aproximadamente 78.000 millones de euros, según el balance de agosto. Esa cifra no demuestra por sí sola cuánto han cobrado los beneficiarios ni cuántas inversiones están materialmente terminadas.

  • 31 de agosto de 2026: venció el plazo para completar los hitos y objetivos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.
  • 30 de septiembre: terminó el plazo para presentar las solicitudes finales y su documentación.
  • 31 de diciembre: finaliza el plazo para los desembolsos europeos.

Estos plazos, recogidos en la información sobre el cierre del mecanismo, significan que aprobar ahora una reforma no permite acreditar retroactivamente un compromiso que debía estar cumplido en agosto.

Qué queda realmente en el Parlamento

No existe una única ley pendiente que desbloquee todos los fondos. Las reformas legales, los reglamentos, las convocatorias y los contratos siguen vías distintas. El balance parlamentario relevante distingue:

  • Reformas ya aprobadas: la Ley de Movilidad Sostenible completó su aprobación parlamentaria en noviembre de 2025; la reforma de eficiencia del servicio público de Justicia, en diciembre de 2024. No deben confundirse con leyes todavía pendientes (Movilidad; Justicia).
  • Proyectos caducados: el Proyecto de Ley de Industria y Autonomía Estratégica y los proyectos derivados de los decretos-leyes 6/2023, 8/2023 y 3/2025 —MOVES III— caducaron el 6 de octubre. Para continuar esas reformas legislativas habría que impulsar nuevas iniciativas; la caducidad del proyecto derivado no deroga por sí misma el decreto-ley convalidado (disolución de las Cortes).
  • Reformas desvinculadas de los pagos: la adenda de simplificación eliminó o sustituyó 17 reformas legales. Entre ellas, la Autoridad de Defensa del Cliente Financiero dejó de condicionar los fondos; también se reformularon compromisos sobre suelo, sanidad y familias. Por tanto, una lista antigua de leyes pendientes no refleja necesariamente las condiciones finales (adenda de simplificación).
Qué determina el despliegue efectivo

Lo pendiente es principalmente verificar resultados, justificar actuaciones y resolver el pago final. El Parlamento conserva una función de rendición de cuentas: examinar ejecución, beneficiarios, controles y posibles incumplimientos, mediante comparecencias y solicitudes de información. La Comisión Mixta para la Unión Europea ya recibió explicaciones gubernamentales el 8 de julio de 2026.

En conclusión, no hay una votación parlamentaria final que garantice el cobro: la validación europea y la correcta ejecución administrativa son ahora determinantes. Los controles y auditorías continuarán después de 2026.

¿Cuáles son las competencias y funciones atribuidas a la Comisión Europea en materia de política industrial y desarrollo tecnológico según los Tratados de la Unión Europea?

La Comisión Europea no tiene una “política industrial” propia al margen de los Estados, sino competencias muy amplias para impulsar, coordinar y ejecutar medidas de la Unión en este ámbito, siempre dentro de los límites fijados por los Tratados (principalmente el Tratado de la Unión Europea —TUE— y el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea —TFUE—).

1. Base general: papel de la Comisión en el sistema de la UE

Según el artículo 17 TUE, la Comisión tiene tres grandes funciones que se proyectan directamente sobre la política industrial y el desarrollo tecnológico:

  • Iniciativa legislativa casi exclusiva: propone reglamentos, directivas y decisiones en ámbitos como industria, mercado interior, investigación o digitalización.
  • Guardiana de los Tratados: vigila el cumplimiento del Derecho de la Unión (incluidas las normas sobre ayudas de Estado, competencia, mercado interior, etc.) y puede incoar procedimientos de infracción contra los Estados.
  • Función ejecutiva: ejecuta el presupuesto de la UE y gestiona programas y fondos en materia industrial, de investigación e innovación.

Además, el TFUE le atribuye funciones específicas en sectores estrechamente vinculados con la política industrial: industria (art. 173 TFUE), investigación y desarrollo tecnológico (arts. 179–190 TFUE), mercado interior, competencia y ayudas de Estado.

2. Competencias en materia de política industrial (art. 173 TFUE)

La política industrial es una competencia compartida entre la Unión y los Estados miembros (art. 4.2 TFUE). El artículo 173 TFUE concreta el papel de la Comisión en este campo:

  • Fijar y proponer orientaciones para una política industrial que favorezca la competitividad de la industria europea, en cooperación con los Estados miembros.
  • Proponer medidas de apoyo a la adaptación de la industria a los cambios estructurales, el fomento de un entorno favorable a la iniciativa empresarial, las pymes, la innovación y la cooperación industrial.
  • Velar por la coherencia entre la política industrial y otras políticas de la Unión (competencia, comercio, investigación, medio ambiente, energía, digitalización, etc.).
  • Impulsar la coordinación de las políticas industriales nacionales, fomentando el intercambio de buenas prácticas, la recopilación y difusión de información y la cooperación entre Estados.

El propio artículo 173 recalca que la actuación de la Unión, y por tanto de la Comisión, no puede implicar la armonización de las disposiciones legales y reglamentarias de los Estados miembros en materia industrial, salvo que se utilicen otras bases jurídicas (por ejemplo, el mercado interior). Su papel es principalmente de impulso, coordinación y apoyo.

3. Competencias en investigación, desarrollo tecnológico y espacio (arts. 179–190 TFUE)

En el ámbito del desarrollo tecnológico y la investigación, la UE tiene una competencia específica muy relevante, donde la Comisión ejerce funciones clave:

  • Definir y proponer el Programa Marco de I+D+i y sus programas específicos (art. 182 TFUE), que financian investigación e innovación industrial, tecnologías digitales, transición verde, etc.
  • Ejecutar los programas: gestión de convocatorias, selección y financiación de proyectos, seguimiento y evaluación de resultados (art. 180 TFUE).
  • Promover la coordinación de las políticas de investigación de los Estados miembros, facilitando proyectos conjuntos, infraestructuras de investigación paneuropeas y redes tecnológicas.
  • Impulsar la difusión y explotación de los resultados de la investigación, favoreciendo su transferencia a la industria y a las empresas innovadoras.
  • En materia de espacio, participar en la definición y ejecución de una política espacial europea (art. 189 TFUE), muy ligada a sectores industriales estratégicos (lanzadores, satélites, observación de la Tierra, navegación, etc.).

4. Funciones ligadas al mercado interior, competencia y ayudas de Estado

La política industrial y tecnológica de la UE se articula en gran medida a través de otras competencias en las que la Comisión desempeña un papel central:

  • Mercado interior (arts. 26 y 114 TFUE): la Comisión propone normas de armonización técnica, estándares y requisitos comunes que condicionan directamente el entorno industrial (normas de producto, ciberseguridad, datos, inteligencia artificial, etc.).
  • Política de competencia y control de ayudas de Estado (arts. 101–109 TFUE): la Comisión autoriza, condiciona o prohíbe ayudas públicas a empresas, concentraciones y acuerdos empresariales, garantizando que la política industrial respete la competencia y no fragmente el mercado interior.
  • Gestión de fondos y programas: ejecuta instrumentos financieros y fondos que apoyan inversiones industriales y tecnológicas (fondos estructurales, programas de I+D, instrumentos de inversión, etc.).

5. Representación exterior en ámbitos industriales y tecnológicos

En el plano internacional, el artículo 17 TUE atribuye a la Comisión, bajo la orientación del Consejo, la representación exterior de la Unión, salvo en política exterior y de seguridad común. En materia industrial y tecnológica esto se concreta en:

  • Negociación de acuerdos comerciales y de cooperación con dimensiones industriales y tecnológicas (acceso a mercados, normas técnicas, propiedad intelectual, datos, economía digital, materias primas críticas, etc.).
  • Participación en organismos internacionales de normalización y foros tecnológicos, defendiendo los intereses de la industria europea.

En síntesis, los Tratados atribuyen a la Comisión un papel decisivo de propuesta, ejecución, coordinación y control en la política industrial y el desarrollo tecnológico de la UE, pero siempre dentro de un sistema en el que los Estados mantienen amplias competencias y en el que rigen principios como el mercado abierto y competitivo, la subsidiariedad y la prohibición de armonizar directamente las legislaciones industriales salvo cuando se recurre a otras bases jurídicas (como el mercado interior).

¿Podrías detallar qué dice exactamente el artículo 173 TFUE sobre política industrial y cómo condiciona la actuación de la Comisión? ¿Qué programas concretos de I+D e innovación gestiona la Comisión Europea que sean clave para la política industrial? ¿Cómo utiliza la Comisión las normas de competencia y ayudas de Estado para orientar la política industrial de los Estados miembros?

¿Cuál es el historial académico y profesional de José Carlos Díez, especialmente en el ámbito de la economía y la docencia universitaria?

José Carlos Díez Gangas, nacido en Palencia en 1971, es un economista cuya trayectoria combina docencia universitaria, análisis macroeconómico, mercados financieros y consultoría. Su principal vinculación académica es la Universidad de Alcalá, donde estudió Economía y posteriormente ha ejercido como profesor; en el ámbito profesional, destaca su etapa como economista jefe de Intermoney y su actividad al frente de Global Economic Analysis.

Formación y docencia universitaria

Díez cursó Economía en la Universidad de Alcalá. Las fuentes biográficas consultadas no precisan la fecha de finalización de sus estudios ni acreditan un doctorado o titulaciones concretas de posgrado, por lo que no corresponde añadir esas credenciales a su historial.

Según su biografía profesional, desarrolla actividad docente en esa universidad desde 2002, en las áreas de Macroeconomía y Finanzas Internacionales. Otras reseñas universitarias también mencionan su docencia en Fundamentos del Análisis Económico. Su enseñanza se sitúa, por tanto, en el estudio del funcionamiento general de la economía y de sus relaciones financieras internacionales.

También figura como director de la Cátedra ORFIN de la Universidad de Alcalá, responsabilidad recogida tanto en su perfil como en informaciones de Demócrata. Conviene distinguir esta dirección de la condición de catedrático universitario funcionario: las fuentes consultadas acreditan la primera, pero no la segunda.

Fuera de Alcalá, ha impartido Macroeconomía en programas MBA de ICADE Business School. Algunas reseñas también lo vinculan con IE Business School, aunque no ofrecen el mismo detalle sobre fechas o asignaturas. La Universidad de Granada recoge estas actividades en una presentación de su trayectoria.

Experiencia en economía y finanzas

Su carrera profesional incluye varias etapas anteriores a su actual actividad de consultoría:

  • Banco Cooperativo Español, 1998-2000: una de sus primeras vinculaciones profesionales, según su perfil profesional público.
  • Estudio Lamela, 2000-2004: desempeñó responsabilidades al frente de su oficina financiera, también recogidas en ese perfil.
  • Intermoney: fue economista jefe durante aproximadamente nueve años, situados por las reseñas biográficas entre 2004 y 2013. Desde esa posición desarrolló análisis económico y asesoramiento para empresas y entidades financieras.

La etapa de Intermoney es especialmente relevante por su contacto con los mercados de deuda pública y la elaboración de previsiones. Sus biografías señalan su participación en las previsiones de los paneles del Banco Central Europeo para la eurozona y de Funcas para España. Esto describe una actividad de análisis y previsión, no un cargo dentro del BCE.

Una reseña de la Fundación Ramón Areces destaca, además, que Intermoney lideró el ranking de previsiones del panel de Funcas entre 2005 y 2011.

Consultoría, asesoramiento y divulgación

Posteriormente fundó Global Economic Analysis, consultora de estrategia económica y financiera de la que figura como CEO. También participó en la creación de Lua Gestión, vinculada a la inversión y al capital riesgo, a finales de 2020. Su trayectoria incluye asimismo asesoramiento a AC Hotels by Marriott y participación en el Consejo Asesor del PNUD para América Latina y el Caribe, según las reseñas biográficas disponibles.

A esta actividad añade la divulgación: el blog El economista observador, iniciado en 2008; colaboraciones en prensa, radio y televisión; y libros como Hay vida después de la crisis (2013). En conjunto, su perfil combina la enseñanza universitaria con la economía aplicada y la comunicación pública, más que una carrera exclusivamente académica.

Juega

¡Pon a prueba lo que sabes con FREN!

¿Cuánto sabes sobre este tema? Responde las siguientes 3 preguntas.

¿Qué necesidad principal destaca José Carlos Díez para la economía española?

Pregunta 1 de 3

¿Cuál es una de las principales críticas de Díez hacia la economía europea?

Pregunta 2 de 3

¿Qué sugiere Díez acerca del diseño de los planes industriales europeos?

Pregunta 3 de 3