"Cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana", cantaba el grupo La Pegatina. "Hay que tomársela con ganas", continuaba. Una vez que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha hecho pública su dimisión para abandonar la institución siete meses antes de que finalice su mandato, quien tiene ganas de jugar la partida es el Gobierno español. El anuncio de la francesa supone el pistoletazo de salida a la carrera por su sucesión, y ahí hay un nombre que figura entre los favoritos: Pablo Hernández de Cos.
Fue el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien anunció durante su viaje a Nueva York, con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas, la candidatura española. "Él tiene las capacidades, el conocimiento y el liderazgo necesarios. Sería algo muy positivo no solo para España, sino también para el conjunto de Europa contar con alguien como él al frente del Banco Central", afirmó el socialista. De esta forma, Hernández de Cos entraba directamente en la partida por la presidencia de la institución monetaria.
Además, lo hace con el aval del Partido Popular, que en esta ocasión coincide con la estrategia seguida por Moncloa. Sin ir más lejos, su presidente, Alberto Núñez Feijóo, celebró la candidatura en declaraciones a la prensa en Bruselas. "Propongo a un presidente que sea capaz de garantizar la solvencia y la viabilidad del euro. Y, en mi opinión, Pablo Hernández de Cos es la persona adecuada", aseguró el gallego.
Un hombre de consenso entre PSOE y PP
Las últimas declaraciones reflejan algo que viene siendo habitual en torno a la figura de Pablo Hernández de Cos: su capacidad para suscitar consensos entre las dos principales formaciones españolas. De hecho, ya resultó elegido gobernador del Banco de España tras un acuerdo entre populares y socialistas. El anuncio de su designación en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados, por parte del entonces ministro de Economía, Román Escolano, se produjo solo tres días antes de la votación de la moción de censura que hizo caer al Gobierno de Mariano Rajoy.
Quienes le conocen destacan de sus años al frente de la institución su talante pausado, a la vez que didáctico. Un perfil que contrastaba inicialmente con su juventud. Desde el comienzo, centró su gestión en la política macroeconómica, dejando en un segundo plano las cuestiones relacionadas con el ámbito financiero, en línea con la orientación que imprimió a la institución.

Prácticamente a la par que Lagarde, afrontó el liderazgo del banco en momentos de especial turbulencia económica, como la pandemia de la COVID-19 o el shock energético derivado de la invasión rusa de Ucrania. A lo largo de este periodo, una de sus máximas fue la necesidad de alcanzar grandes pactos entre PP y PSOE para afrontar los principales desafíos económicos del país. Entre ellos, defendió la elaboración de un plan de ajuste de las cuentas públicas, como muestra de su preocupación por los niveles de deuda y la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Otra de las tareas que quedaron pendientes tras su salida fue la creación de un sistema de indemnización por despido inspirado en la denominada mochila austriaca. Entre sus propuestas durante el mandato también figuraron un pacto de rentas y la desvinculación de los salarios y las pensiones del IPC durante la crisis inflacionaria de 2022.

De Cos cuenta, asimismo, con el respaldo de grandes entidades financieras como el BBVA. Durante la rueda de prensa de presentación de sus resultados, su consejero delegado, Onur Genç, celebró la candidatura española. "El BCE es una institución muy importante de Europa. Se merece presidentes muy creíbles como Pablo", afirmó.
Una negociación que se adelanta al calendario electoral francés
El presidente del Consejo Europeo ha ordenado ya activar la maquinaria institucional de cara a la designación del sucesor de Lagarde. La salida prematura de la dirigente francesa facilita que la negociación, que se desarrollará principalmente entre los jefes de Estado o de Gobierno, se produzca antes de las elecciones presidenciales francesas.
¿El mensaje detrás de este movimiento? Será el presidente Emmanuel Macron quien participe en estas conversaciones y no su posible sucesor, en un escenario electoral en el que la ultraderecha francesa figura entre las principales aspirantes a hacerse con el Elíseo. Todo ello, además, antes de que se aborde la continuidad de António Costa al frente del Consejo Europeo y de Roberta Metsola en la presidencia de la Eurocámara, cuyos actuales mandatos concluyen en 2027.

De esta manera, todo apunta a que será durante la cumbre del Consejo Europeo de diciembre cuando los líderes europeos intenten alcanzar un acuerdo político sobre el candidato designado para suceder a Lagarde. Antes de ello, una vez presentadas las distintas candidaturas, el Eurogrupo examinará los perfiles y tratará de consensuar una posición sobre el aspirante que deberá asumir la presidencia de la institución monetaria.
El procedimiento de nombramiento también contempla la consulta al Parlamento Europeo y al Consejo de Gobierno del BCE, integrado por los seis miembros del Comité Ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales nacionales de los países de la zona euro. Ambas instituciones examinan la candidatura y emiten sus respectivos dictámenes, aunque ninguno de ellos tiene carácter vinculante. La decisión definitiva corresponde al Consejo Europeo, que debe adoptarla por mayoría cualificada reforzada entre los Estados miembros cuya moneda es el euro.
Klaas Knot, el rival neerlandés de Hernández de Cos
De entrada, Hernández de Cos no está solo en sus aspiraciones. El primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten, promocionó hace un mes al exgobernador del banco central neerlandés como candidato. Un anuncio que llegó apenas un día después de que Sánchez hiciera lo propio con el aspirante español.
Jetten describió a Klaas Knot como una figura "muy pragmática" y "capaz de trabajar con todo el mundo", subrayando además que entiende "el equilibrio entre el norte y el sur de la eurozona". Knot dirigió el banco central de Países Bajos durante catorce años, entre 2011 y 2025, una trayectoria que lo convirtió en uno de los integrantes con mayor antigüedad en el Consejo de Gobierno del BCE.

Durante ese tiempo también formó parte del Consejo Europeo de Riesgo Sistémico, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco de Pagos Internacionales (BIS). Además, entre 2021 y 2025 presidió el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) del G20, organismo encargado de supervisar y promover la estabilidad del sistema financiero internacional.
Su candidatura sitúa frente a frente a dos antiguos gobernadores con una dilatada experiencia en política monetaria, pero procedentes de tradiciones económicas distintas dentro de la eurozona. El equilibrio entre los países del norte y del sur volverá a formar parte de las negociaciones para el reparto de uno de los principales puestos de responsabilidad de la arquitectura institucional europea.
Lagarde reivindica su libertad de expresión para justificar su salida
Sobre su marcha anticipada, la propia Lagarde ha explicado que responde a su "deseo de contar con libertad de palabra y de expresión" sobre cuestiones "que no son de política monetaria", en un contexto marcado por las próximas elecciones presidenciales en Francia.
Sin mencionar directamente los comicios, la todavía presidenta del BCE ha expresado su opinión sobre la imposibilidad de mantenerse neutral ante determinadas cuestiones. "Mi voz y mis acciones pueden contribuir a defender principios que considero fundamentales", deslizó a preguntas de la prensa en Fráncfort.

Su decisión abre así una nueva partida en el tablero institucional europeo, con España dispuesta a aprovechar una oportunidad que cuenta, excepcionalmente, con el respaldo de las dos principales fuerzas políticas nacionales.
La Pegatina seguía cantando aquello de que "al que le llegue la suerte, toda esperanza de vida". Los candidatos, ahora situados en la casilla de salida, tendrán que lidiar con la posibilidad de que "se les pase el arroz", como a "cualquiera algún día". En esta ocasión, sin embargo, la suerte dependerá de los equilibrios políticos que sean capaces de tejer entre las capitales europeas.