Estados Unidos y China han dado un nuevo paso para rebajar la tensión comercial y tecnológica. Los gobiernos de Donald Trump y Xi Jinping han acordado aplicar un tratamiento arancelario más favorable a mercancías valoradas en 30.000 millones de dólares en cada sentido del comercio bilateral y poner en marcha un mecanismo estable de diálogo sobre inteligencia artificial. El pacto forma parte de un consenso más amplio alcanzado durante la visita de Estado del presidente chino a Washington, que concluyó este viernes.
Hay un matiz importante en la cifra. El acuerdo no implica que Estados Unidos y China vayan a dejar de recaudar 30.000 millones de dólares en aranceles. Lo pactado es reducir o mejorar el tratamiento arancelario de un conjunto de productos cuyo comercio está valorado en 30.000 millones de dólares en cada dirección, es decir, exportaciones estadounidenses a China por ese importe y mercancías chinas hacia Estados Unidos por otro tanto. La Casa Blanca habla expresamente de un trato más favorable para 30.000 millones de dólares de bienes "no sensibles" de cada país.
Agricultura, marisco, cosméticos y juguetes entre los productos afectados
En el caso de las exportaciones estadounidenses hacia China, la lista incluye productos agrícolas, pescado y marisco, madera, cosméticos y dispositivos médicos. Para las importaciones estadounidenses procedentes de China aparecen bienes de consumo como pequeños electrodomésticos, juguetes, adornos festivos y sillas infantiles para automóviles. Los dos países han activado además el denominado Board of Trade, un mecanismo acordado inicialmente durante la cumbre de mayo para negociar barreras comerciales y nuevas rebajas arancelarias.
El entendimiento no elimina, sin embargo, el grueso de las restricciones comerciales que siguen separando a ambas potencias. Estados Unidos mantiene controles de exportación sobre tecnologías estratégicas y chips avanzados, mientras Pekín conserva herramientas de control sobre minerales críticos y tierras raras. La propia Casa Blanca reconoce que las dos partes continúan negociando los problemas de suministro de estos materiales, especialmente relevantes para industrias como la automoción, la defensa y la fabricación tecnológica.
China también se ha comprometido a importar al menos diez millones de toneladas métricas de carbón estadounidense en 2027 y otros diez millones en 2028, mientras ambos gobiernos han creado un Board of Investment destinado a discutir inversiones y obstáculos regulatorios entre las dos economías.
Un nuevo canal para hablar de inteligencia artificial
La otra gran novedad se encuentra en la IA. Washington y Pekín han decidido crear el U.S.-China Super Intelligence Dialogue, un foro bilateral para intercambiar posiciones sobre los beneficios y riesgos de los sistemas más avanzados. La próxima ronda de conversaciones deberá celebrarse antes de noviembre y, paralelamente, los dos países establecerán un canal directo de comunicación para avisarse ante incidentes relacionados con estas tecnologías.
Estados Unidos había planteado días antes un mecanismo de notificación mutua para casos en los que un sistema de inteligencia artificial pudiera representar una amenaza para la seguridad nacional. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, presentó la propuesta durante una reunión en Nueva York con el viceprimer ministro chino He Lifeng, en la que ambas delegaciones prepararon buena parte de los asuntos que posteriormente llegaron a la mesa de Trump y Xi.
El diálogo no supone que Washington y Pekín hayan dejado a un lado su competencia tecnológica. Estados Unidos continúa restringiendo el acceso de empresas chinas a determinados semiconductores y tecnologías avanzadas, mientras China aspira a reducir su dependencia de proveedores estadounidenses. En las negociaciones previas a la cumbre tampoco hubo avances anunciados sobre los controles a la exportación de chips de IA, uno de los asuntos más sensibles de la relación bilateral.
EEUU y China prefieren hablar de "superinteligencia"
Uno de los detalles más llamativos del acuerdo es terminológico. Según la Casa Blanca, Trump y Xi han acordado utilizar la expresión "superinteligencia" en lugar de "inteligencia artificial" para referirse a las tecnologías emergentes que serán objeto de ese diálogo bilateral. El objetivo oficial será intercambiar opiniones sobre sus riesgos y beneficios y establecer mecanismos para reaccionar ante posibles incidentes.
Xi defendió durante sus conversaciones en Washington que los dos países poseen grandes capacidades en este ámbito y que, aunque seguirán compitiendo, existe margen para cooperar en cuestiones de seguridad. "Ambas partes pueden seguir su diálogo sobre la IA, intercambiar opiniones acerca de sus riesgos y beneficios, y prevenir conjuntamente su uso abusivo o malicioso", señaló el presidente chino, según el Ministerio de Exteriores de Pekín.
La creación del canal llega además en un momento de creciente preocupación internacional por los modelos capaces de operar de manera autónoma, encontrar vulnerabilidades informáticas o ejecutar acciones sin supervisión humana constante. Eso ha abierto un espacio de intereses comunes entre Washington y Pekín pese a que ambos mantienen una intensa carrera por el liderazgo tecnológico.
Una rebaja acordada en mayo que ahora empieza a concretarse
El paquete arancelario tampoco parte de cero. Estados Unidos y China ya acordaron durante la cumbre celebrada en Pekín en mayo de 2026 estudiar rebajas recíprocas sobre 30.000 millones de dólares de bienes en cada dirección. La visita de Xi a Washington ha servido ahora para poner en funcionamiento el Board of Trade y avanzar en la aplicación práctica de aquel compromiso.
La relación comercial continúa, no obstante, marcada por acuerdos pendientes. China se había comprometido anteriormente a aumentar sus compras de productos agrícolas estadounidenses y de aviones Boeing, pero parte de esos compromisos avanzan más lentamente de lo previsto. Antes de la cumbre, el Departamento de Agricultura estadounidense estimaba que las importaciones chinas de productos agrícolas norteamericanos podrían quedarse por debajo de las cantidades anunciadas meses atrás.
Washington y Pekín también habían prorrogado recientemente dos meses la tregua comercial que expiraba el 10 de noviembre, ganando tiempo para continuar negociando un acuerdo de mayor alcance. El nuevo paquete aprobado durante la visita de Xi no termina por tanto con el conflicto comercial, pero consolida un periodo de menor escalada después de años de aranceles, restricciones tecnológicas y represalias.
De la guerra comercial a una competencia más controlada
La declaración final de la visita habla de construir una relación de "estabilidad estratégica" basada en el respeto, la equidad y la reciprocidad, un concepto que ambos gobiernos vienen utilizando desde la reunión de mayo. Trump ha presentado el encuentro como productivo, mientras Pekín destaca que las dos potencias deben ampliar los ámbitos de cooperación y gestionar sus diferencias para evitar una nueva escalada.
Las divergencias siguen siendo profundas en comercio, tecnología, Taiwan y seguridad, por lo que el acuerdo no representa una normalización completa de las relaciones. Sí supone un cambio respecto a las fases más intensas de la guerra comercial: 30.000 millones de dólares de productos de cada país tendrán un trato arancelario más favorable y, por primera vez, las dos mayores potencias tecnológicas establecen un canal específico para gestionar incidentes relacionados con la IA.
El resultado de la visita de Xi es así más limitado que un gran tratado comercial, pero introduce dos mecanismos concretos para reducir riesgos. Por un lado, Washington y Pekín tratan de aliviar una parte de las barreras que pesan sobre sus intercambios comerciales; por otro, abren una vía de comunicación sobre una tecnología en la que siguen compitiendo por el liderazgo mundial, pero cuyos riesgos pueden afectar simultáneamente a ambos países.