Más de la mitad de los alrededor de diez millones de estadounidenses que ya han emitido su voto anticipado para las elecciones legislativas del 3 de noviembre en Estados Unidos figuran en el censo como afines al Partido Demócrata. Este impulso inicial llega en un momento en el que las proyecciones apuntan a que las 'midterms' podrían marcar un giro relevante en la trayectoria política del país, al dar por muy probable una victoria demócrata en al menos una de las dos cámaras del Congreso.
Los republicanos, no obstante, están habituados a este arranque de movilización demócrata y suelen remontar en la recta final, a menudo el mismo día de la votación. Ese patrón se vio con claridad en las presidenciales de hace dos años, cuando Donald Trump terminó imponiéndose a la que muchos sondeos situaban como favorita, Kamala Harris.
En una reciente cena con donantes del partido, el expresidente Barack Obama recordó con frustración a los asistentes que la volatilidad de las encuestas acostumbra a perjudicar a los demócratas. "Acabamos perdiendo por dos puntos todas las carreras que llegan empatadas a las urnas. Eso es el margen de error", lamentó, aludiendo a contiendas que parecían igualadas y acabaron decantándose en su contra.
Este ciclo electoral, sin embargo, presenta elementos nuevos que inquietan a los republicanos. Los principales sondeos prácticamente dan por perdida para ellos la Cámara de Representantes, mientras que el control del Senado se mantiene en el aire. Este escenario habría sido difícil de imaginar antes de la grave crisis de combustible desencadenada en febrero de este año tras el inicio de la guerra con Irán, que ha alterado el clima político y económico del país.
A este contexto se suma la tradición de que las legislativas funcionen como una especie de referéndum sobre la administración en la Casa Blanca, independientemente de quién ocupe la presidencia. Además, los seguidores de Trump encaran estos comicios sin la referencia directa de su líder, al no figurar su nombre en las papeletas, lo que complica la movilización del electorado conservador más fiel.
Para intentar compensar esta ausencia simbólica, el presidente lleva semanas inmerso en una intensa gira de mítines con la que pretende convencer a sus bases de que votar a los candidatos republicanos equivale, en la práctica, a respaldarle a él. Esta estrategia podría volverse en su contra, ya que su índice de aprobación se encuentra en mínimos históricos de su segundo mandato, según la última encuesta de YouGov.
Mientras tanto, los datos de voto anticipado muestran a los votantes registrados como demócratas por delante de los republicanos, en algunos casos con márgenes amplios, en varios de los estados clave. En Texas, donde el voto temprano comenzó este martes, condados tradicionalmente demócratas como Harris y Dallas están registrando cifras récord de participación en un territorio donde ningún candidato demócrata ha logrado imponerse en las tres últimas décadas. En 2024, Trump ganó allí por una diferencia de 14 puntos.
En Michigan, los demócratas superan a los republicanos por un 55% frente a un 36%, impulsados por la irrupción del aspirante al Senado Abdul el Sayed, una de las caras más visibles del ala progresista que ha reactivado a un electorado desencantado con el inmovilismo de los viejos cuadros del partido. Ese empuje ha elevado la participación en Carolina del Norte un 37% respecto a las legislativas de 2022, y en Iowa se registra ya una brecha de 30 puntos porcentuales a favor de los votantes del partido 'azul'.
La presencia del ICE y el temor a la intimidación en las urnas
La legislación estadounidense prohíbe de forma tajante la presencia de agentes de inmigración, militares o policías armados en los colegios electorales, salvo en situaciones excepcionales en las que sea necesario repeler a "enemigos armados" del país. El propio Departamento de Seguridad Nacional ha indicado que no contempla ese escenario salvo que exista una orden judicial, pero el mero temor a que el ICE pueda disuadir a parte del electorado ha llevado a Human Rights Watch (HRW) a reclamar garantías claras al Gobierno para que todo ciudadano pueda ejercer su derecho al voto sin miedo.
"Es necesario que los agentes del ICE reciban una orden pública y explícita de que se mantengan alejados de los colegios electorales y de donde quiera ue la gente esté votando", ha zanjado el director ejecutivo de HRW, Philippe Bolopion, al exigir instrucciones inequívocas que impidan cualquier tipo de presencia intimidatoria.
Una encuesta realizada en septiembre por la Universidad de San Diego reveló que un 40% de las personas consultadas daba por hecho que los agentes antiinmigración se dejarán ver durante los comicios. Un estudio elaborado por la propia HRW en 2025 apuntó a que el ICE utilizó la raza y el origen étnico como un criterio rudimentario para inferir la nacionalidad de individuos en Los Ángeles, procediendo a detener a personas sobre esa base.
Como resultado de estas prácticas, entre los arrestados se encontraban ciudadanos estadounidenses nacionalizados que estaban inscritos para votar. "Es muy probable que, entre las comunidades no blancas, la percepción de los riesgos asociados a un encuentro con el ICE sea mayor", avisan desde la organización, alertando de un posible efecto disuasorio sobre el ejercicio del sufragio.
Otra investigación de la ONG Democracy Forward, difundida el 7 de octubre de este año, desveló que la División de Investigaciones del ICE está levantando una base de datos para rastrear supuestos votantes irregulares, a pesar de que este fenómeno carece de peso real en los resultados finales. El archivo incluiría decenas de millones de registros y, además, la agencia habría barajado desplegar agentes encubiertos para investigar a organizaciones sospechosas de ayudar a personas no ciudadanas a registrarse para votar.
Ante este panorama, la Liga de Mujeres Votantes, el Centro de Información sobre Privacidad Electrónica (EPIC) y la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC) interpusieron el pasado 15 de octubre una demanda contra el "esfuerzo secreto e ilegal de la administración Trump por recopilar información personal sensible de millones de votantes estadounidenses en una base de datos nacional masiva".
HRW recuerda que "los abusos de los agentes del ICE ya han afectado gravemente a ciudadanos estadounidenses, quienes han sido interceptados, golpeados, detenidos, deportados e incluso asesinados". A juicio de la organización, sería inaceptable que, a estas alturas, "tuvieran miedo de acudir a las urnas", lamenta Bolopion, que reclama medidas inmediatas para evitar que el temor a las autoridades migratorias interfiera en la participación electoral.