Las autoridades de Filipinas han llamado este martes a consultas al embajador de China en Manila, Jing Quan, a raíz de las amenazas lanzadas contra el país, en las que insinuó que Pekín podría recurrir al uso de la fuerza si lo consideraba necesario para resolver las disputas existentes entre ambas naciones.
Las declaraciones, realizadas la semana pasada, han generado una fuerte polémica interna y han dado pie a peticiones para que sea incluso expulsado del país, después de que afirmara que, en caso de un enfrentamiento, China "ganaría fácilmente".
En respuesta, el Ministerio de Exteriores filipino ha convocado a Jing para expresarle su protesta más firme ante las "preocupaciones y la fuerte objeción" que han provocado sus manifestaciones, según un comunicado oficial. Estos comentarios son "provocativos e inaceptables", ha subrayado la ministra de Exteriores, Maria Theresa Lazaro.
Lazaro ha advertido de que las palabras del diplomático chino "no hacen sino agravar un clima ya de por sí delicado entre ambos países, socavando los esfuerzos mutuos por fomentar el entendimiento y la cooperación", y ha remarcado que las cuestiones sensibles deben tratarse "a través de los canales diplomáticos establecidos y mecanismos bilaterales que permitan el diálogo".
El incidente se produce en un contexto de creciente tensión por los repetidos encontronazos entre unidades militares y guardacostas de ambos países en áreas disputadas del mar de China Meridional, una región de la que Pekín reclama la mayor parte pese a que podría carecer de una base jurídica sólida para sustentar dichas pretensiones.
En este escenario, el ministro de Defensa filipino, Gilberto Teodoro, ha calificado al Ejecutivo chino de "elemento perturbador" para la estabilidad regional, después de que las autoridades chinas sostuvieran que Manila debería "sentirse afortunada" por contar con "un vecino como China". "Si quisiéramos emplear la fuerza, ganaríamos fácilmente. Pero no; no optaremos por la fuerza, pues amamos la paz", reiteró entonces el embajador chino.
Ante las críticas dirigidas contra Jing, el propio Gobierno chino ha defendido al diplomático y ha asegurado que ciertas personas están "tratando de exacerbar de forma malintencionada" este asunto con el objetivo de deteriorar los lazos bilaterales entre Pekín y Manila.