Las autoridades húngaras han difundido este miércoles documentación relativa a varios miles de agentes reclutados por los servicios secretos durante la etapa comunista, unos archivos que hasta ahora eran clasificados y cuya apertura el nuevo primer ministro, Péter Magyar, ha convertido en un gesto político de primer orden.
El jefe del Gobierno ha definido este miércoles la fecha como un “día importante en la transformación política de Hungría”, al inaugurar oficialmente la difusión de estos materiales, accesibles desde las 9.30 horas en una página web específica en la que se pueden consultar “nombres de 60.000 antiguos confidentes reclutados por el régimen comunista”.
La publicación de los expedientes coincide con el 70.º aniversario de la represión de la Revolución de 1956, cuando un levantamiento popular espontáneo se alzó contra el Gobierno de la República Popular de Hungría y contra las políticas dictadas desde la Unión Soviética.
Con esta medida, Magyar cumple una de sus principales promesas electorales, ya que convirtió la apertura de los archivos de los servicios de la era comunista en uno de sus ejes de campaña para marcar distancias con la etapa de Viktor Orbán.
Estos expedientes son conocidos como tarjetas 6, denominación que procede del número asignado a los documentos que recogían la red de colaboradores del aparato de seguridad comunista. Antes de 1972, las propias fichas establecían categorías diferenciadas entre agentes, informantes, residentes o titulares de pisos K y T, inmuebles utilizados para la celebración de reuniones.
Los documentos ahora accesibles incluyen además información detallada sobre la función de cada individuo dentro de la red, las razones por las que fue reclutado y el alias o nombre en clave que utilizaba.
La prensa local, sin embargo, ha señalado que no se prevén revelaciones especialmente inesperadas en estos archivos, que estarán disponibles para que los ciudadanos consulten posibles datos sobre familiares. Por ahora, el foco se sitúa en personajes públicos y figuras del mundo cultural, mientras sigue presente desde hace años en el debate húngaro la sospecha de que Orbán pudo ser contactado como confidente, extremo que él siempre ha negado.
Este mismo martes, en vísperas de la publicación de los documentos, Orbán explicó que los servicios secretos se dirigieron a él con el objetivo de reclutarle durante el servicio militar, pero que rechazó convertirse en confidente y, en su lugar, fue sometido a vigilancia por parte de agentes durante su juventud por su implicación en la oposición al régimen.