La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, ha instado este martes ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York a una profunda actualización del actual sistema multilateral y, en particular, a una reforma “urgente” del Consejo de Seguridad, al entender que su configuración sigue anclada en el equilibrio de poder de 1945 y no se ajusta a la realidad internacional contemporánea.
En su intervención, ha subrayado que no basta con incrementar el número de asientos —tanto permanentes como no permanentes— para reforzar la legitimidad y representatividad del órgano, sino que ha presentado la transformación del Consejo como el primer paso hacia una revisión más amplia del funcionamiento de Naciones Unidas.
“La reforma de Naciones Unidas es esencial”, ha afirmado Takaichi, recalcando que los Estados miembros deben compartir la responsabilidad de revitalizar una institución sometida a una creciente “fatiga institucional”.
En coherencia con este planteamiento, la jefa de Gobierno japonesa ha reclamado también una revisión de la Carta de Naciones Unidas, que —ha recordado— suma ya 81 años de vigencia. Entre las modificaciones que propone figura la supresión de las menciones a los llamados “Estados enemigos”, en línea con la resolución aprobada por la Asamblea General en 2005.
Ucrania y el bloqueo del Consejo de Seguridad
La guerra en Ucrania ha sido otro de los argumentos centrales de Japón para justificar la necesidad de reformar la arquitectura internacional. En este punto, la dirigente ha advertido de que cualquier intento de alterar el statu quo por la fuerza o mediante la coerción vulnera los principios de la Carta y “no debe ser tolerado en ningún lugar del mundo”.
“La agresión de Rusia contra Ucrania es el ejemplo más obvio”, ha indicado, recordando que Moscú, como miembro permanente del Consejo de Seguridad, dispone de poder de veto y ha recurrido a él en cuestiones relacionadas con sus propias actuaciones.
“En esta situación actual, debe ser dicho que el Consejo de Seguridad no funciona para la paz internacional”, ha remachado, situando este bloqueo entre los motivos que, a su juicio, hacen imprescindible modificar la composición y el modo de operar del órgano.
Hormuz, comercio y cadenas de suministro
El deterioro de la situación en Oriente Próximo ha ocupado igualmente una parte relevante de su discurso. Takaichi ha mostrado su inquietud por el empeoramiento de la seguridad marítima y por el impacto económico de las tensiones en la zona, con especial atención al estrecho de Ormuz.
La mandataria ha defendido la necesidad de garantizar una navegación “libre y segura” y ha alertado de que las interrupciones en el flujo de combustibles, productos químicos, material médico y fertilizantes ya se están trasladando a las poblaciones y al tejido empresarial, aumentando el riesgo de nuevas crisis alimentarias, sobre todo en África y Asia.
En este contexto, Japón —ha señalado— seguirá impulsando gestiones diplomáticas con otros países para favorecer una desescalada en Oriente Próximo, insistiendo de nuevo en la importancia de salvaguardar el orden marítimo internacional.
Según ha añadido, las tensiones geopolíticas están lastrando el comercio global y desestabilizando las cadenas de suministro. Frente a las “restricciones arbitrarias” a las exportaciones, Tokio propone reforzar la resiliencia económica mediante fuentes alternativas de aprovisionamiento y una mayor capacidad de los Estados para reaccionar ante eventuales interrupciones.
Dentro de este enfoque, Japón apuesta por estrechar la cooperación internacional en energía y minerales críticos, así como por colaborar con los países productores para ampliar sus capacidades de extracción, refino y procesamiento.
Defensa del libre comercio
En su intervención, Takaichi ha vinculado además la seguridad económica con la protección de los mercados abiertos, recordando el papel decisivo que las rutas marítimas internacionales han tenido durante décadas en el despegue de Asia y defendiendo la continuidad de un sistema comercial sin barreras injustificadas.
La primera ministra ha lamentado que las actuales tensiones geopolíticas estén levantando obstáculos al comercio libre y perturbando las cadenas de suministro y el abastecimiento energético mundial. Por ello, ha abogado por una estrategia que vaya más allá de diversificar proveedores y que permita a los países desarrollar una capacidad de resistencia más sólida frente a futuras crisis.
Esta perspectiva se integra en el concepto japonés de un Indo-Pacífico libre y abierto, presentado como un marco para fortalecer la autonomía, la resiliencia y la cooperación económica y de seguridad entre los Estados de la región.
La amenaza nuclear y Corea del Norte
El desarme nuclear ha sido otro de los ejes del mensaje de Sanae Takaichi ante la Asamblea General. En este ámbito, la líder japonesa ha reivindicado la experiencia histórica de su país como “el único país que sufrió bombardeos atómicos durante la (Segunda) Guerra (Mundial)” y ha reiterado su compromiso con la no proliferación.
“Las consecuencias catastróficas de las armas nucleares no deben ser repetidas”, ha enfatizado, reclamando preservar y reforzar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y avanzar en medidas concretas, como una mayor transparencia sobre los arsenales y una comprensión más profunda de los efectos de los bombardeos atómicos.
Como ejemplo de los riesgos asociados a las armas nucleares, Takaichi ha aludido a la situación en Ucrania y Corea del Norte, manifestando su preocupación por la cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte y por la posible transferencia de capacidades vinculadas a tecnologías nucleares y de misiles.
En relación con Pyongyang, la dirigente ha descrito sus programas nucleares y de misiles, así como sus operaciones cibernéticas —incluido el robo de criptomonedas para financiarse—, como una seria amenaza para la paz internacional. En consecuencia, Japón reclama la plena implementación de las resoluciones del Consejo de Seguridad y la desnuclearización de Corea del Norte.
Multilateralismo ante desafíos compartidos
Pese a las críticas formuladas, la primera ministra ha defendido que Naciones Unidas sigue siendo la herramienta central para encarar los retos que trascienden las fronteras nacionales, como la seguridad marítima, el cambio climático, los desastres naturales o los riesgos asociados a la inteligencia artificial.
Su mensaje final ha girado en torno a la urgencia de recuperar la capacidad de respuesta de la organización ante las crisis internacionales y ha insistido en que los grandes desafíos actuales no pueden ser gestionados eficazmente por un solo país, reivindicando así un multilateralismo más robusto.
“Ahora, más que nunca, la bandera de Naciones Unidas debe ser mantenida”, ha proclamado, llamando a los Estados miembros a impulsar nuevas normas y mecanismos de cooperación, y recordando que la ONU continúa siendo la única entidad con alcance suficiente para abordar determinados problemas a escala verdaderamente global.
Su propuesta, ha resumido, pasa por una organización “más resiliente y efectiva”, acompañada de una reforma del Consejo de Seguridad que refleje las realidades internacionales actuales. Japón, ha asegurado, seguirá involucrado activamente en este proceso y mantendrá su política de contribución a la paz y la prosperidad mundial.