Milicias aliadas del Ejecutivo de Etiopía han logrado entrar en Mekelle, capital de la región de Tigray, después de la retirada de las fuerzas rebeldes que controlaban la ciudad en el marco del enfrentamiento entre la coalición opositora, diversos grupos armados y el Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed.
“Unos cuantos miembros de las Fuerzas de Paz de Tigray (TPF) están el la sede de Radio Mekelle y otros puntos de la ciudad tras la cobarde retirada del TPLF de Mekelle”, ha informado el TPF, un grupo escindido del Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) que apoya ahora al Gobierno central etíope.
El TPF ha resaltado en un mensaje publicado en redes sociales que “esta ciudad está llena de gente estupenda y tiene mucho potencial”. “Nos recuerdan por qué ponemos en peligro nuestras vidas en pro de un cambio real. ¡Qué bendición!”, han planteado.
Pese a estos anuncios, las autoridades federales de Etiopía no han confirmado oficialmente que Mekelle haya pasado de nuevo a manos progubernamentales. La urbe estaba en poder de los insurgentes desde mayo, bajo el control de una alianza integrada por el TPLF y otras seis organizaciones, agrupadas bajo la denominación Coalición por la Supervivencia de las Fuerzas Populares Etíopes (CSFPE).
Esta misma mañana, el TPLF comunicaba su retirada de Mekelle, mientras que las TFP aseguraban haber tomado el aeropuerto de la capital regional. “El Gobierno de Tigray decidió retirarse temporalmente de Mekelle para permitir que nuestro Ejército destruya al enemigo ante los posibles ataques que este régimen genocida pueda lanzar contra nuestro pueblo y nuestra ciudad”, ha explicado el TPLF en un mensaje publicado en sus redes sociales.
Las tensiones acumuladas durante meses entre el Gobierno etíope y las autoridades de Tigray, unidas a disputas internas dentro de la propia dirigencia regional, desembocaron a mediados del mes pasado en una nueva escalada bélica y en el derrumbe de los Acuerdos de Pretoria (Sudáfrica), firmados en 2022 para cerrar el devastador conflicto anterior, que causó entre 100.000 y 600.000 fallecidos en solo dos años, según cálculos del Gobierno etíope y de la Unión Africana.
El Ejecutivo de Adís Abeba ha acusado a países como Eritrea, Sudán y Egipto de respaldar a las llamadas Fuerzas de la Coalición para la Supervivencia de los Pueblos de Etiopía, una alianza armada articulada en torno al TPLF y a las autoridades tradicionales de Tigray, actores centrales en la guerra de 2020 y que, tras Pretoria, habían pasado a un segundo plano hasta su reciente regreso al frente del conflicto.
En julio, el Gobierno etíope declaró sin efecto el acuerdo de paz sellado en 2022 en Pretoria con el TPLF, lo que supuso la reanudación de una guerra que, entre 2020 y 2022, dejó entre 100.000 y 600.000 muertos, según las distintas fuentes.
Tras la firma de Pretoria, Tigray quedó bajo una administración provisional aceptada por el Ejecutivo federal, situación que se mantuvo hasta el regreso del TPLF al poder regional a comienzos de mayo. Desde entonces, la formación ha acusado reiteradamente al Gobierno etíope de incumplir lo pactado en Pretoria y de mantener a la región en una situación de marginación total.
El Gobierno federal, en cambio, se ha negado a reconocer a la administración reinstaurada por el TPLF y sostiene que la única autoridad legítima en Tigray es la Administración Regional Provisional de Tigray, creada en virtud del Acuerdo de Pretoria y posteriormente desplazada por el regreso de los antiguos dirigentes.