La Administración de Donald Trump ha decidido detener este lunes los trabajos de un proyecto de seguridad fronteriza en un parque nacional de Texas situado en una de las áreas menos concurridas entre Estados Unidos y México. La iniciativa, que se desarrolla en una zona protegida, ha generado fuertes críticas de organizaciones ecologistas y ha motivado incluso el envío de una carta por parte de un senador republicano de Texas al Gobierno federal.
“La oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) suspende todas las actividades de construcción en el Parque Nacional Big Bend mientras lo visito y realizo una evaluación personal sobre el terreno”, ha anunciado el comisionado del organismo, Rodney Scott, en una publicación en redes sociales.
Junto al mensaje ha difundido un vídeo grabado a su llegada a un aeropuerto del estado sureño, desde donde indicaba que se dirigía a la reserva mencionada para “realizar una evaluación personal”, entre otras tareas previstas.
“En los próximos días, me uniré a un pequeño equipo para evaluar el terreno y escuchar a los líderes locales, miembros de la comunidad y partes interesadas para garantizar la seguridad de nuestras fronteras y, al mismo tiempo, proteger el Parque Nacional Big Bend para las generaciones futuras”, ha precisado en el texto de la publicación.
En ese mismo comunicado, ha recalcado que “la CBP está firmemente comprometida con la protección de Estados Unidos, incluyendo nuestros tesoros nacionales”, en referencia a este espacio natural. No obstante, ha insistido en que en su oficina son plenamente conscientes de que “las amenazas actuales y previsibles a la seguridad nacional, y son reales”.
Big Bend es un vasto parque desértico que se extiende a lo largo del Río Grande, a unos 482 kilómetros al sudeste de El Paso. Es célebre por sus cordilleras, cañones y fauna propia del desierto, y comprende asimismo un tramo abrupto de la frontera de aproximadamente 3.200 kilómetros entre Estados Unidos y México, donde históricamente se han registrado relativamente pocos cruces ilegales.
A comienzos de agosto, la llegada de excavadoras y otra maquinaria pesada a la zona desencadenó una oleada de protestas de colectivos ambientalistas, que sostienen que los trabajos no son necesarios y que están dañando ecosistemas frágiles dentro del parque nacional.
La polémica llevó al senador texano John Cornyn a remitir una carta al secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, responsable del Departamento del que depende la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.
“Siempre apoyaré la seguridad de nuestra frontera, pero responsables locales de ambos partidos y otras partes interesadas me han transmitido su preocupación por los posibles impactos en zonas donde el terreno ya actúa como disuasión para los cruces ilegales, ya se trate de acantilados de 1.000 pies a orillas de ríos, profundos cañones o desiertos”, subrayó el pasado martes en una publicación en redes en la que afirmaba haber enviado la misiva a Mullin.
Solo tres días después, el jefe de la CBP difundió una declaración en la que detallaba que el proyecto de su departamento contemplaba “construir una nueva carretera de acceso, mejorar las carreteras existentes, instalar tecnología de detección y colocar barreras vehiculares en ubicaciones estratégicas y limitadas”.
“No estamos construyendo un muro de nueve metros ni instalando iluminación de estadio”, anotaba, defendiendo que “lo que la gente está viendo ahora son trabajos de topografía y diseño, no la construcción de un muro a través del parque”. “Estamos trabajando para preservar el paisaje y proteger el acceso del que dependen visitantes y empresas locales”, agregaba el documento.
Según Rodney Scott, lejos de levantar un gran muro, el plan pretende apoyar a los agentes fronterizos “a detectar cruces ilegales, responder con mayor rapidez y asistir a visitantes (que se encuentren) en peligro”.
El propósito sería, conforme a sus declaraciones, “no dejar Big Bend desprotegido” mientras el Ejecutivo que dirige Donald Trump “refuerza” el resto de la frontera en el suroeste del país.
“Esto representa una oportunidad para que los cárteles la aprovechen cambiando sus rutas y tácticas”, aseguró, alegando estar “protegiendo este parque para salvaguardar su legado, manteniéndolo seguro e impoluto para que las familias estadounidenses puedan disfrutar de la belleza de nuestro país, libres de la actividad de los cárteles y sin temor, durante generaciones”.