El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves una orden ejecutiva con la que dispone que el lago Ontario pase a llamarse lago América, una iniciativa que ya había adelantado días atrás y que se produce en plena escalada de tensiones comerciales con Canadá por los planes de Washington de imponer aranceles a su vecino del norte.
Tras estampar su firma en el decreto, y ante los periodistas congregados en el Despacho Oval, Trump recordó decisiones previas y defendió su nueva medida. “Como ya sabéis, tomamos algo llamado 'golfo de México'. Lo cambiamos. Y ahora se conoce habitualmente como el 'golfo de América. Tenemos un golfo y un lago. Ahora solo nos falta un océano. Quizá tengamos que cambiar el nombre del Atlántico o del Pacífico. Quizá cambiemos los dos”, afirmó el mandatario estadounidense.
Con esta orden, el dirigente republicano materializa las advertencias que había lanzado el martes, cuando deslizó que daría este paso al asegurar que no pensaba “seguir haciendo muchos negocios con Ontario”. En sus nuevas declaraciones, volvió a cargar contra las autoridades canadienses al señalar que “Se creen con derecho a todo y no podemos permitirlo”.
Desde Ottawa, el Ejecutivo de Mark Carney optó por no entrar en una escalada verbal y decidió no contestar a lo que considera una acción “deliberada”, según explicó su ministro de Comercio, Dominic LeBlanc, quien evitó añadir más combustible al enfrentamiento.
El movimiento de la Casa Blanca se enmarca en el deterioro de las relaciones entre Washington y Ottawa tras el fracaso de las últimas rondas de negociación comercial, que desembocaron en la imposición de aranceles del 50% sobre productos canadienses. Además, Trump mantiene su amenaza de elevar hasta el 50% los gravámenes a automóviles, camiones, componentes de automoción y acero procedentes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027.
Como respuesta, el Gobierno canadiense ha anunciado un paquete propio de contramedidas arancelarias que comenzará a aplicarse el 8 de septiembre. Estas medidas incluyen tasas de entre el 15% y el 50% sobre bienes derivados del acero y el aluminio, así como sobre productos básicos como lácteos, pescado o marisco importados desde Estados Unidos.