La Comandancia Naval de Melilla ha celebrado este martes un acto solemne para descubrir un monumento en recuerdo de los marinos españoles que han perdido la vida en la defensa de la ciudad y en las campañas del norte de África desde 1497, fecha en la que Melilla se incorporó a la Corona de Castilla tras la llegada del comendador Pedro de Estopiñán, al servicio del duque de Medina Sidonia.
La obra, situada en el cementerio de la Purísima Concepción, incorpora una placa con la leyenda: “En memoria de los marinos de España, hijos del Altísimo, que perdieron la vida en la defensa de Melilla y en las Campañas del Norte de África”.
El almirante de la Flota (Alflot) de la Armada Española, José Enrique Delgado Roig, y el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, han sido los encargados de descubrir la placa, en una ceremonia a la que han acudido también la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, los máximos mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil y diversas autoridades civiles y militares.
Durante su intervención, Delgado Roig ha puesto de relieve la relación secular entre Melilla y la Armada, remarcando que la trayectoria de ambas está “unida por un vínculo profundo tejido entre las murallas, los fuertes, las playas y ese mar Mediterráneo que ha sido al mismo tiempo camino, frontera y escenario de tantas batallas y sacrificios”.
El almirante ha señalado que, generación tras generación, la ciudad ha mantenido vivo el recuerdo de quienes combatieron en sus defensas, de los que llegaron desde otros puntos de España para servir en la plaza y de los marinos que hallaron frente a sus costas el último escenario de su deber.
Con este monumento, ha explicado, se pretende honrar tanto a los marinos cuyos nombres se conservan en los documentos históricos como a aquellos cuya identidad se perdió en los archivos, con el paso de los siglos o en la inmensidad del mar.
Cinco siglos de servicio compartido
Delgado Roig ha repasado algunos de los hitos en los que la Armada tuvo un papel clave en la protección de Melilla y en las operaciones militares en el norte de África. Entre ellos, ha citado al almirante Álvaro de Bazán, de quien este año se conmemora el 500 aniversario de su nacimiento, y su intervención contra la piratería berberisca y en la recuperación del peñón de Vélez de la Gomera en 1564.
El alto mando ha aludido también a la labor de los buques españoles en los siglos XVIII y XIX, cuando garantizaron el envío de víveres, municiones y refuerzos, protegieron las rutas marítimas y respaldaron las acciones militares frente a las fuerzas que amenazaban la plaza. En este contexto, ha mencionado el levantamiento del asedio de los Cien Días y la actuación de navíos como el San Genaro y el San José, que efectuaron fuego naval contra las posiciones que cercaban Melilla, así como la aportación de marinos como Hidalgo de Cisneros y Barceló.
Asimismo, ha recordado la participación de la Armada en la Guerra de Margallo, en el siglo XIX, cuando varios cruceros españoles fueron enviados al norte de África. Entre ellos se encontraba el Conde de Venadito, que fondeó en Melilla en octubre y abrió fuego contra posiciones rifeñas el día 21 ante la amenaza que se cernía sobre la ciudad.
Campañas en el norte de África y grandes operaciones
Otro de los pasajes destacados por Delgado Roig ha sido la intervención de la Armada en la evacuación y protección de posiciones costeras durante las campañas del siglo XX. Ha recordado a los marinos de las dotaciones del crucero Princesa de Asturias y de los cañoneros Lauria y Laya que fallecieron mientras apoyaban la retirada de las fuerzas del Ejército de Tierra, algunos de los cuales reposan en el cementerio de la Purísima Concepción donde se erige el monumento.
También ha traído a la memoria la acción del alférez de navío Pedro Pérez de Guzmán, que encabezó un destacamento de marineros armados para rescatar a soldados del Ejército cercados en Sidi Ifni. En esa operación resultó gravemente herido su compañero, el alférez de navío José María Lazaga, que murió días después en Melilla y cuyos restos se encuentran en el Panteón de Marinos Ilustres.
El almirante ha dedicado igualmente parte de su discurso al desembarco de Alhucemas de 1925, una de las principales operaciones anfibias de la historia militar española, en la que la Armada concentró más de un centenar de unidades entre acorazados, cruceros, destructores, transportes y embarcaciones de desembarco, además del portahidroaviones Dédalo. La operación contó con el apoyo de la artillería naval, de la aviación embarcada y con la intervención de la Infantería de Marina. Entre los fallecidos en las acciones posteriores se encontraba el capellán de la unidad, el padre José Álvarez Tabar.
Un espacio permanente de homenaje
En la parte final de su alocución, Delgado Roig ha remarcado que, a lo largo de estos cinco siglos, la Armada ha acudido a Melilla cuando la ciudad ha precisado alimentos, municiones y refuerzos, cuando ha requerido apoyo artillero desde el mar o cuando ha sido necesario evacuar a militares bajo el fuego enemigo.
“Esta martes inauguramos un monumento, pero sobre todo inauguramos un lugar de honor, honra y memoria”, ha señalado, insistiendo en que este enclave servirá para mantener vivo el recuerdo de quienes cumplieron con su deber hasta entregar la vida por España.
El almirante ha concluido subrayando el carácter compartido del tributo: “este monumento no pertenece solamente a la Armada, pertenece a Melilla, pertenece a España”.
Por último, ha pedido la intercesión de la Virgen del Carmen, patrona de la Armada, y ha cerrado su intervención con vivas a España y al Rey, coreados por los asistentes.