El sueño, pieza clave para el bienestar y la recuperación en pacientes con cáncer, según especialistas

Especialistas de MD Anderson Madrid destacan que un sueño y descanso adecuados son esenciales para la recuperación física y emocional de los pacientes oncológicos.

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Fátima Castaño y el Dr. Zayrho de San Vicente, de MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten OLGAGUARDDON/ MD ANDERSON – HOSPITEN

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El sueño tiene un papel decisivo en la salud y el bienestar general, y resulta especialmente relevante en las personas con cáncer, en las que un descanso adecuado favorece la recuperación física y emocional. Así lo señala Zayrho de San Vicente, del Servicio de Neurología de MD Anderson Madrid - Hospiten.

El neurólogo subraya que, a lo largo del proceso oncológico, los pacientes se enfrentan a un fuerte estrés emocional, personal y familiar, al que se suman los posibles efectos secundarios derivados de cirugías o tratamientos. “El buen descanso nocturno es fundamental para afrontar la complejidad asociada a la patología, así como para promover la energía diurna que permita realizar actividad física y mantener las rutinas del paciente”, apunta.

En esta misma línea, Fátima Castaño, psicooncóloga de MD Anderson Madrid - Hospiten, insiste en que el concepto de descanso debe entenderse de forma amplia y no reducirse únicamente al número de horas dormidas. “Existe también otro tipo de cansancio que necesita del descanso: el cansancio emocional”, indica.

Según explica, este agotamiento aparece por la elevada carga emocional ligada al cáncer, asociada a emociones negativas y a situaciones como la toma de decisiones, el estrés, la incertidumbre y la angustia. “Estas emociones desgastan mucho psicológicamente y a veces, incluso, físicamente. Es importante que los pacientes sean conscientes de que esto puede darse y la importancia que puede tener el descanso y el autocuidado en todos los aspectos”, añade Castaño.

Ambos especialistas recalcan la necesidad de diferenciar entre sueño y descanso, entendiendo que se complementan y se potencian mutuamente durante el proceso oncológico. El sueño responde a un mecanismo fisiológico esencial, ligado al descanso nocturno y a las reparaciones celulares y neurológicas; mientras que el descanso físico y emocional permite aliviar la sobrecarga física o mental y recuperar el equilibrio general al centrar la atención en actividades ajenas a la enfermedad.

En las personas con cáncer, el cansancio rara vez obedece a una sola causa: puede derivarse de los tratamientos, de la propia patología, del impacto emocional o incluso de la sobrecarga de tareas y gestiones que conlleva la experiencia oncológica.

La culpa, un obstáculo frecuente al descansar

En este contexto, los expertos señalan que es habitual que aparezca la culpa como una dificultad añadida. Algunos pacientes sienten que, si descansan, dejan de hacer algo para mejorar, lo que incrementa el estrés y complica aún más la desconexión. Según Castaño, para reducir esta sensación de culpa es fundamental reconocer el valor de conservar suficiente energía y recursos, tanto físicos como psicológicos, para poder afrontar esta etapa.

“El descanso no debe entenderse solo como el ejercicio activo de tumbarnos o descansar físicamente, sino como el hecho de disminuir el nivel de actividad o contar con ayudas que puedan favorecer que nos sintamos con más apoyo durante esta etapa”, explica.

De San Vicente añade que el cerebro no es capaz de mantener la atención de forma sostenida durante largos periodos, por lo que introducir pausas y pequeños descansos entre tareas puede mejorar el rendimiento y disminuir el desgaste mental. Asimismo, recuerda que un sueño nocturno reparador facilita una mayor claridad mental y más recursos emocionales para manejar el estrés, especialmente cuando el proceso oncológico implica múltiples exigencias personales, familiares y médicas.

Hábitos y ritmos circadianos: claves para dormir mejor

La noche suele convertirse, para muchos pacientes oncológicos, en el momento más difícil del día, ya que, al reducirse los estímulos externos, aumentan la rumiación y las preocupaciones. Por este motivo, Castaño defiende que el trabajo sobre el sueño debe comenzar durante el día, mediante estrategias de regulación emocional y técnicas de desactivación que permitan llegar a la noche con menor carga mental y física.

La alteración de los ritmos circadianos no solo repercute en el estado de ánimo, sino también en la capacidad cognitiva para resolver problemas y afrontar las dificultades. “El estilo de vida moderno, con exposición nocturna a pantallas y luces artificiales puede interferir en los ciclos circadianos, la producción de melatonina y el establecimiento de rutinas correctas de descanso, por lo que es importante desconectar de las pantallas antes de dormir, y favorecer otras actividades como meditación, ejercicios de respiración, entre otras”, afirma De San Vicente.

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