Más de 1.200 especialistas de la medicina, la enfermería, la investigación y otros ámbitos de la salud procedentes de 27 países europeos han suscrito la carta abierta “Otro verano mortal en Europa: se necesita un cambio radical en la ambición y los recursos”, en la que urgen a las instituciones de la Unión Europea a aprobar medidas inmediatas y de obligado cumplimiento frente al calor extremo, así como a incrementar de forma notable la inversión destinada a proteger la salud pública.
El documento, promovido por el nodo regional europeo de la Alianza de Salud Planetaria, se entregará oficialmente al Parlamento Europeo y a la Comisión Europea el próximo 10 de diciembre, víspera de que el Consejo de Medio Ambiente fije por primera vez su postura sobre la propuesta de Ley Europea de Resiliencia Climática.
La carta se apoya en la Declaración Europea sobre Calor y Salud, difundida en agosto de 2026 con el respaldo de 129 organizaciones, y reclama que la evidencia científica acumulada se traduzca en políticas concretas de adaptación y en una financiación adecuada.
De acuerdo con el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, el verano de 2026 fue el más cálido jamás registrado en Europa occidental, con fuertes impactos sobre la salud de la población. El texto alerta de que las consecuencias del calor extremo repercuten sobre todo en las personas mayores, las mujeres, quienes sufren patologías crónicas, los trabajadores expuestos al aire libre y quienes residen solos en viviendas sobrecalentadas.
El documento también apunta que las olas de calor intenso y los incendios forestales provocaron en 2026 una merma cercana al 1% del producto interior bruto (PIB) de la Unión Europea, lo que equivale a unos 180.000 millones de euros.
El profesor de investigación del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), Josep Maria Antó, subraya que las actuaciones nacionales y europeas desplegadas hasta ahora no han bastado para evitar la elevada mortalidad vinculada al calor, y reclama normas de adaptación con carácter vinculante y partidas específicas de financiación.
Seis propuestas clave para blindar la salud frente al calor
Los impulsores de la carta articulan seis grandes líneas de actuación. En primer lugar, instan a que el calor extremo se reconozca como una amenaza grave y transfronteriza para la salud y a que se fijen obligaciones jurídicas de adaptación, con objetivos concretos en términos de resultados sanitarios.
Además, plantean la creación de un Plan de Acción Europeo sobre Calor y Salud, que incluya un fondo de emergencia para adecuar centros sanitarios, residencias y centros educativos, así como sistemas integrados de alerta sanitaria por calor y por humo de incendios forestales en todos los Estados miembros.
En el ámbito del trabajo, reclaman una directiva europea específica sobre prevención de riesgos derivados del calor, con umbrales de temperatura vinculantes, paradas o limitaciones automáticas de la actividad laboral y mecanismos de compensación que contemplen también a trabajadores temporales, personas migrantes y empleados de plataformas digitales.
Otra de las reclamaciones se centra en asegurar temperaturas interiores seguras para los colectivos vulnerables mediante la mejora de la refrigeración pasiva en las viviendas y una planificación de las redes eléctricas capaz de soportar los picos de demanda durante los meses de verano.
Igualmente, exigen acelerar la reducción de emisiones, eliminar de forma progresiva los más de 400.000 millones de euros anuales destinados a subvenciones a los combustibles fósiles y reorientar esos recursos hacia las energías limpias, la mejora de la calidad del aire y el refuerzo de unos sistemas sanitarios resilientes.
Por último, piden situar la salud, la evidencia científica y la equidad en el núcleo de las políticas climáticas de la UE, evaluar sistemáticamente los impactos sanitarios de la legislación comunitaria y garantizar que los profesionales de la salud y las comunidades afectadas participen de forma activa en la gobernanza climática.