San Juan de Dios y Fundación Hospitalarias formarán a profesionales de seis países para impulsar la integración de refugiados ucranianos

El proyecto PUENTE formará a profesionales de seis países europeos para mejorar la inclusión y el bienestar de refugiados ucranianos en su proceso de integración.

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SJD y Fundación Hospitalarias formarán a profesionales de 6 países para promover la integración de refugiados ucranianos, SJD

SJD y Fundación Hospitalarias formarán a profesionales de 6 países para promover la integración de refugiados ucranianos, SJD

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San Juan de Dios España y Fundación Hospitalarias han puesto en marcha el proyecto PUENTE, una iniciativa orientada a reforzar las capacidades de los educadores de personas adultas en seis países europeos, con el fin de acompañar la trayectoria formativa de los refugiados ucranianos, lograr que los centros educativos sean más inclusivos, favorecer su integración social y laboral mediante pautas pedagógicas eficaces y contribuir a la superación del trauma, promoviendo su bienestar físico y emocional.

Desde 2022, con el inicio de la guerra en Ucrania, se han registrado casi seis millones de desplazamientos de ciudadanos ucranianos por el continente europeo. Estas personas se enfrentan a posibles problemas de salud mental y a un elevado riesgo de exclusión social derivados del impacto traumático del conflicto, lo que representa un desafío de gran magnitud para los sistemas de salud pública y las políticas de integración.

El programa se ha traducido a cinco lenguas y se ha ajustado a la realidad de los países en los que se va a aplicar: España, Italia, Portugal, Austria, Polonia y Bélgica. En su proceso de validación han colaborado también entidades sociales como Cáritas y Cruz Roja, que han aportado su experiencia en la atención a personas refugiadas.

En la presentación del proyecto en España intervino Juan Jesús Muñoz García, coordinador de Salud Mental del Centro San Juan de Dios Ciempozuelos, quien detalló el impacto que puede tener para una persona abandonar su país a causa de una guerra como la de Ucrania. Según explicó, el desarraigo no se limita al cambio de lugar, sino que implica una ruptura vital profunda.

“El desplazamiento forzado supone una ruptura profunda en la vida de las personas. No se trata únicamente de abandonar un lugar geográfico, sino de dejar atrás proyectos de vida, relaciones personales, rutinas, referentes culturales y, en muchos casos, una parte importante de la propia identidad”, ha señalado.

Desde el punto de vista psicológico, añade, “muchas personas experimentan miedo, incertidumbre, sentimientos de pérdida, preocupación constante por familiares que permanecen en zonas de conflicto y dificultades para adaptarse a una realidad completamente nueva. Además, la exposición directa o indirecta a la guerra puede generar reacciones de estrés intenso, ansiedad, alteraciones del sueño o dificultades de concentración”.

Al mismo tiempo, matiza que “no todas las personas refugiadas desarrollan problemas de salud mental. Muchas muestran una enorme capacidad de adaptación y resiliencia. Por ello, resulta fundamental evitar una visión exclusivamente centrada en el trauma y reconocer también los recursos personales y comunitarios que les permiten reconstruir sus vidas”.

Subraya que la llegada a un entorno seguro en el país de acogida suele generar alivio, pero no implica el final del sufrimiento. En esta nueva etapa emergen otros retos, como “la incertidumbre sobre el futuro, la distancia respecto a familiares y amigos, las barreras lingüísticas, las dificultades para acceder al empleo o la vivienda y el proceso de adaptación a una cultura diferente. Muchas personas viven durante meses o años con una sensación de provisionalidad, sin saber cuándo podrán regresar a su país o reencontrarse con sus seres queridos”.

Durante el acto de presentación, Kira, una joven de 18 años, relató que salió de Ucrania hace casi un año junto a su madre y que, tras llegar a España y completar la fase de evaluación, ambas obtuvieron una plaza en el Programa de Protección Internacional de San Juan de Dios en el centro de Valladolid de la Fundación Hospitalarias. Destacó que el acompañamiento de organizaciones especializadas resulta clave para poder rehacer la vida en el país de acogida.

“Cuando llegas a un lugar nuevo es muy importante contar con personas que te orienten, te escuchen y te ayuden a resolver dudas. Instituciones como Fundación Hospitalarias y San Juan de Dios España hacen que el proceso de adaptación sea más fácil y rápido. La ayuda se refleja en muchos aspectos: clases de español con profesores cualificados, orientación en los trámites administrativos, apoyo psicológico, actividades y visitas culturales, talleres y cafés coloquios en los que podemos compartir experiencias con otras personas que han pasado por situaciones similares y conocer gente de otros países... Todo esto nos facilita no solo la integración, sino que también nos ayuda a sentirnos acompañados y apoyados”, afirma.

“La experiencia con Kira nos muestra la importancia de contar con profesionales adecuadamente formados en la atención a personas refugiadas, capaces de poder dar respuesta a sus necesidades de manera integral, atendiendo no solo a su situación administrativa, sino también a su bienestar emocional, social y cultural. En este sentido, el Proyecto Puente se dirige a personas procedentes de Ucrania, pero sus contenidos son transferibles y útiles para cualquier profesional que trabaje con personas refugiadas o personas migrantes que proceden de contextos complejos como conflictos armados”, ha indicado Maura Soriano, coordinadora del Programa de Protección Internacional en la Fundación Hospitalarias Valladolid.

Gracias al programa PUENTE, los equipos que trabajan con refugiados ucranianos dispondrán de recursos diseñados específicamente para responder a las necesidades de esta población, teniendo en cuenta no solo su condición de desplazados, sino también el contexto sociocultural de origen, lo que permitirá intervenciones más sensibles, inclusivas y ajustadas a su realidad.

“El proyecto --explica Juan Jesús Muñoz-- ha desarrollado materiales formativos y un manual de buenas prácticas que permiten trasladar este conocimiento a distintos contextos profesionales. Más que ofrecer respuestas cerradas, PUENTE pretende ayudar a comprender mejor una realidad compleja y proporcionar herramientas para favorecer la inclusión, el bienestar y la participación de las personas refugiadas en las comunidades de acogida”.

En su fase piloto, la iniciativa ha permitido formar a 60 profesionales de diferentes dispositivos y, en la etapa que se inicia ahora, el objetivo es alcanzar, de manera directa o indirecta, a cerca de 400 personas que trabajan en la atención a población refugiada.

“Las personas refugiadas --continúa-- suelen ser conocidas por aquello de lo que han tenido que huir. Sin embargo, es igualmente importante reconocer aquello que aportan. Detrás de cada historia de desplazamiento hay capacidades, conocimientos, experiencias, talentos y proyectos de vida. La mayoría de las personas refugiadas no desean depender de la ayuda de otros; desean reconstruir su vida, trabajar, participar y contribuir a la sociedad que las acoge”.

Kira asegura ahora que su proyecto vital se sitúa en España. “Con la guerra y la ocupación de nuestra ciudad en Ucrania perdimos muchas cosas que formaban parte de nuestra vida y si hay que empezar de nuevo, quiero hacerlo en un lugar donde existan oportunidades para construir el mejor futuro para mi madre y para mí. Mi objetivo es construir una vida plena, aprovechar todas las oportunidades que se presenten y aportar también con mi granito de arena a la sociedad que me ha acogido”.

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