La doctora Lourdes Luzón, coordinadora del Grupo de Trabajo de Seguridad del Paciente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), ha subrayado la importancia de “adecuar las estrategias asistenciales para avanzar hacia una atención más segura, equitativa y adaptada a las necesidades de cada persona”.
En su intervención, ha apelado a un “cambio de paradigma en el abordaje del dolor crónico desde el punto de vista epistémico”, lo que “llevaría consecuentemente a modificar los objetivos terapéuticos”. Según ha señalado, “de esta forma, el abordaje del dolor crónico debe ir más allá del alivio del síntoma y centrarse en recuperar la funcionalidad y la autonomía del paciente de una forma más integral y menos iatrogénica”.
Estas reflexiones se han presentado en la ponencia “Retos en el manejo del dolor crónico: abordaje correcto, equidad, polimedicación, coordinación”, en el marco del “XLVI Congreso de la SEMFYC”, que se celebra hasta el 7 de noviembre en Las Palmas de Gran Canaria. En este encuentro se analizan el peso del tratamiento farmacológico, las barreras para generalizar intervenciones no farmacológicas y las desigualdades en la atención a las personas con dolor persistente.
Según Luzón, el modelo de atención vigente “sigue centrado, en buena medida, en tratar la zona afectada y aliviar el síntoma, mientras que aspectos como la recuperación de la funcionalidad, el ejercicio terapéutico y el apoyo psicológico no siempre están integrados en la atención habitual”. Además, ha advertido de que “a ello se suman diferencias en el diagnóstico, la prescripción de medicamentos y el acceso a tratamientos no farmacológicos en función del género, el origen, el nivel socioeconómico o el lugar de residencia”.
La doctora María Muñoa Capron-Manieux, coordinadora del Grupo de Trabajo de Abordaje del Dolor Crónico de la SEMFYC, ha remarcado que “en los casos de dolor crónico sin lesiones activas de origen tumoral, infeccioso o inflamatorio, entre otros, el tratamiento farmacológico no debería constituir el punto de partida”. Por su parte, la doctora María Eloísa Rogero, del Grupo de Trabajo de Utilización de Fármacos, ha recordado que “los opioides no han demostrado una efectividad suficiente para justificar su uso generalizado en este contexto”, debido a los riesgos de dependencia, tolerancia y aumento de la mortalidad.
En relación con las brechas sociales y de género, las ponentes han resaltado que estas también se trasladan al manejo clínico del dolor crónico. En España, las mujeres presentan una prevalencia del 30,5 por ciento, frente al 21,2 por ciento de los hombres, de acuerdo con el “Barómetro de Dolor Crónico” de 2022. Asimismo, diversos trabajos científicos evidencian diferencias en la adecuación de los tratamientos incluso cuando se trata de cuadros de dolor con características similares.
Diferencias por género y clase social en el tratamiento del dolor
Muñoa Capron-Manieux ha precisado que “no se trata únicamente de que determinados colectivos tengan una mayor prevalencia de dolor crónico, sino de que también pueden recibir una atención menos adecuada, con mayor exposición a tratamientos farmacológicos, dosis más elevadas y menor acceso a abordajes interdisciplinares”. Ha añadido que “estas diferencias se observan también en el acceso a pruebas diagnósticas y en las opciones terapéuticas disponibles, y afectan especialmente a mujeres, población migrante y personas con menor nivel socioeconómico”.
Ante esta situación, las especialistas defienden una evaluación global de las personas con dolor crónico para diseñar un plan terapéutico individualizado y consensuado, que contemple no solo el componente físico, sino también los factores emocionales y sociales. La doctora María Varela Cerdeira, coordinadora del Grupo de Trabajo de Cuidados Paliativos de la SEMFYC, ha insistido en que “necesitamos una oferta de servicios más equitativa, accesible y coordinada, así como formar a los profesionales para identificar y reducir los riesgos de género, origen y clase social que puedan condicionar la atención y tratamiento del dolor”.
En coherencia con esta visión, el congreso ha incluido dos sesiones específicas en las que se ha planteado que uno de los cambios clave en el abordaje del dolor crónico es revisar cómo se valoran los resultados de los tratamientos e incorporar la recuperación de la funcionalidad como meta principal. El doctor Francisco Vargas Negrín, director del Centro de Salud Dr. Guigou de Tenerife, ha señalado que “no siempre podremos eliminar completamente el dolor, pero sí podemos trabajar para que ocupe menos espacio en la vida de la persona y ayudarla a recuperar aquello que es importante en su vida”.
La responsable de la Unidad del Dolor del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil de Gran Canaria, María del Mar Mateos Pérez, ha puesto el foco en el papel activo de los pacientes: “Es necesario empoderar a los pacientes, ayudándoles a entender su enfermedad, su pronóstico y su evolución, ofreciendo unas expectativas realistas para que asuman el autocuidado de su enfermedad”, ha indicado, para después remarcar que “conseguir personas motivadas y que adopten un papel activo en su proceso es el mejor abordaje de la cronicidad”.
Por último, la fisioterapeuta de Atención Primaria en Tenerife, Laura Batista Pérez, ha defendido que “lo que debería ser prioritario es adaptar el tratamiento a las condiciones de cada paciente”. En su opinión, “no todos los dolores cursan igual ni todos responden de la misma forma a diversos tratamientos”, lo que obliga a ajustar las intervenciones a la situación particular de cada persona.