Un cirujano advierte: la diástasis tras el embarazo no es solo estética y puede causar debilidad del core y dolor abdominal

Un cirujano alerta de que la diástasis tras el embarazo no es solo estética y detalla otros problemas digestivos frecuentes en el posparto.

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El jefe del equipo de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Ruber Internacional, Santos Jiménez de los Galanes, ha subrayado que la diástasis abdominal derivada del embarazo no debe considerarse únicamente un asunto estético. Cuando la separación de los rectos abdominales es marcada, pueden aparecer debilidad del core, cambios posturales, molestias en el abdomen o dolor en la zona lumbar.

El especialista indica que la separación de los rectos es un proceso fisiológico habitual durante la gestación, aunque se convierte en un problema si, con el paso de los meses, la pared abdominal no consigue recuperar de forma adecuada su anatomía y, sobre todo, su función.

Durante los primeros meses tras el parto, la recuperación espontánea de los tejidos, unida a la fisioterapia y a un programa específico de fortalecimiento de la musculatura abdominal profunda, puede lograr una mejoría notable. En este contexto, recalca que lo relevante no es hacer más ejercicio, sino el tipo de trabajo que se realiza en cada paciente.

Cuando la diástasis es severa, se mantiene pese a una rehabilitación bien pautada, produce síntomas o se asocia a una hernia, se puede plantear la reconstrucción quirúrgica de la pared abdominal.

Además, apunta que la diástasis puede coexistir con una hernia, consecuencia de la distensión mantenida de la pared abdominal y del incremento prolongado de la presión intraabdominal durante el embarazo. Si ambas situaciones se dan a la vez, el cirujano insiste en valorar la pared abdominal “en su conjunto”.

Evitar normalizar las molestias tras el parto

“Existe cierta tendencia a considerar que muchas molestias que aparecen después de tener un hijo son una consecuencia inevitable del embarazo o del parto”, ha aseverado Jiménez de los Galanes, animando a no asumirlas como normales cuando se prolongan, generan dolor o interfieren en la actividad cotidiana.

En esta línea, recuerda que uno de los trastornos digestivos vinculados al embarazo es la litiasis biliar, es decir, la formación de cálculos en la vesícula biliar. Esta patología se ve favorecida por el aumento de los estrógenos, que provoca una mayor saturación de colesterol en la bilis, y por la reducción de la progesterona, que disminuye la contractilidad vesicular y enlentece su vaciamiento.

El signo más típico de un cólico biliar es un dolor intenso en la parte alta derecha del abdomen o en el epigastrio, que suele aparecer tras las comidas y que, en ocasiones, se irradia hacia la espalda. También pueden presentarse náuseas, vómitos, sensación de plenitud, hinchazón o distensión abdominal.

Si los episodios se repiten o se complican con colecistitis, pancreatitis o migración de los cálculos a la vía biliar, remarca que es necesaria una evaluación por un especialista. El tratamiento estándar es la colecistectomía laparoscópica, aunque en determinados casos se pueden emplear técnicas mínimamente invasivas.

Hemorroides y fisuras en el embarazo y posparto

Entre las dolencias que pueden verse favorecidas durante la gestación y tras el parto se encuentran las hemorroides y las fisuras anales. Influyen el aumento del tamaño del útero, que incrementa la presión sobre el sistema venoso pélvico, los cambios hormonales y la mayor frecuencia de estreñimiento, a lo que se suma el esfuerzo realizado en muchos partos vaginales.

Jiménez de los Galanes recalca que buena parte de las hemorroides asociadas al embarazo tienden a mejorar de forma espontánea en las semanas o meses posteriores al parto. Por ello, la primera línea de tratamiento suele ser conservadora, centrada en prevenir el estreñimiento, asegurar una hidratación correcta, incrementar de forma adecuada la ingesta de fibra y evitar esfuerzos prolongados al defecar.

“Si una vez superado el periodo inicial de recuperación continúan el sangrado, el prolapso, las molestias o los episodios repetidos de trombosis, es recomendable realizar una valoración. Hoy disponemos de distintas alternativas que permiten adaptar el tratamiento al tipo y grado de enfermedad hemorroidal”, ha explicado.

Entre estas opciones se incluyen diferentes procedimientos y técnicas mínimamente invasivas que, en pacientes seleccionados, pueden disminuir el dolor postoperatorio y favorecer una recuperación más ágil, como el uso de láser, toxina botulínica o plasma rico en plaquetas.