Un trabajo del Servicio de Enfermedades Infecciosas de la Clínica Universidad de Navarra concluye que alrededor de dos tercios de las infecciones vinculadas a implantes mamarios pueden controlarse sin extraer la prótesis.
La investigación, difundida en la revista “Open Forum Infectious Diseases”, confirma que el uso de antibióticos resulta una alternativa eficaz en un grupo concreto de pacientes, evitando en muchos casos la retirada del implante mamario cuando aparece una infección.
Para ello, el equipo analizó de forma retrospectiva los historiales de 42 mujeres atendidas en la Clínica por infección de la mama y portadoras de una prótesis colocada en distintos hospitales. La mayoría de los implantes se habían indicado con finalidad reconstructiva tras un cáncer de mama, aunque también se incluyeron casos estéticos. Todas recibieron tratamiento antibiótico con la finalidad de frenar la infección y preservar la prótesis.
“Uno de los principales problemas de estas infecciones es que algunas bacterias pueden adherirse a la superficie del implante y formar una estructura denominada 'biofilm' o biopelícula, que las protege y dificulta la acción de los antibióticos”, ha indicado el director del Servicio de Enfermedades Infecciosas de la Clínica, José Luis del Pozo.
Los síntomas más frecuentes descritos en estas pacientes fueron enrojecimiento, dolor e inflamación de la mama. En determinadas ocasiones, la infección cursó además con fiebre, salida mantenida de líquido por la herida o aparición de una fístula, una comunicación anómala entre el foco infeccioso y la piel.
Los datos del estudio muestran que, cuando el abordaje conservador no funciona, el fracaso suele producirse durante el primer año tras el diagnóstico de la infección. Por el contrario, si el tratamiento tiene éxito, la respuesta se mantiene a muy largo plazo: el seguimiento medio calculado fue de casi 16 años con las pacientes libres de infección.
MAYOR RIESGO EN PACIENTES CON CÁNCER DE MAMA
Otro de los propósitos del trabajo fue identificar qué factores permiten anticipar una peor evolución con el tratamiento conservador. Los autores detectaron que la presencia de una fístula y valores elevados de proteína C reactiva —un marcador utilizado para medir la inflamación sistémica— se relacionaban con una mayor probabilidad de fracaso del tratamiento sin cirugía.
“También hemos observado que el efecto de los antibióticos era menor en pacientes con antecedentes de cáncer de mama y reconstrucción. Sin embargo, no hemos identificado un microorganismo concreto asociado a un mayor número de fracasos, lo que sugiere que las características clínicas pueden ser especialmente importantes a la hora de decidir el tratamiento”, ha explicado Del Pozo.
El especialista subraya que “los resultados pueden contribuir a seleccionar mejor a las pacientes candidatas a esta estrategia. El objetivo no es evitar la cirugía en todos los casos, sino ofrecer un tratamiento individualizado que permita conservar el implante cuando sea posible y seguro. Además, el seguimiento estrecho es clave”.