España juega cada semana a la posibilidad de cambiar de vida. Bonoloto, La Primitiva, Euromillones, El Gordo de la Primitiva, Lotería Nacional y los cupones de la ONCE conforman un mercado gigantesco, asentado en miles de establecimientos y con una presencia diaria en la vida de millones de ciudadanos.
Las últimas cifras permiten dimensionarlo. Loterías y Apuestas del Estado cerró 2025 con unas ventas récord de 10.586 millones de euros, un 1,87% más que el año anterior. A esa cantidad se suma la previsión comunicada por el Grupo Social ONCE de alcanzar aproximadamente 2.930 millones de euros en ventas de loterías. Solo entre ambos operadores, el volumen supera los 13.500 millones anuales, sin contar otras loterías autonómicas o rifas.
Las loterías dominan el juego en España
No existe un recuento diario exacto de cuántas personas compran cada boleto, pero el último estudio de prevalencia de la Dirección General de Ordenación del Juego ofrece una referencia muy clara.
El 97,26% de las personas que participan en algún juego de azar juega también a alguna modalidad de lotería. Además, el 81,24% de los jugadores participa exclusivamente en loterías, sin entrar en apuestas deportivas, casino, póquer, bingo u otras modalidades.
Es importante interpretar correctamente esas cifras: no significan que el 97% de toda la población española juegue a la lotería, sino que las loterías están presentes en prácticamente todo el universo de personas que declara participar en juegos de azar.
El ejemplo más masivo sigue siendo la Lotería de Navidad. SELAE estima que participa en ella el 64,9% de la población mayor de 18 años, y el sorteo de 2025 alcanzó unas ventas récord de 3.554 millones de euros. Por sí solo representa habitualmente alrededor de un tercio de la recaudación anual de la sociedad pública.
Qué loterías están creciendo más
No todos los juegos avanzan al mismo ritmo. Las cifras de 2025 muestran que la evolución depende en buena medida de los botes, de la frecuencia de los sorteos y de la competencia entre productos.
Euromillones fue uno de los grandes ganadores del ejercicio. Sus ventas aumentaron un 5,62%, impulsadas por ciclos de bote más largos y premios medios más elevados.
El Gordo de la Primitiva recuperó terreno y creció un 2,04%, después de varios ejercicios de descenso. SELAE considera que el juego ha empezado a absorber el efecto de competir los domingos con la Bonoloto.
La Primitiva descendió un 0,66%, aunque al sumar el Joker el conjunto registró un ligero aumento del 0,46%. El sorteo incorporado los lunes ya está consolidado y registra recaudaciones superiores a seis millones de euros por jornada.
Bonoloto retrocedió un 0,83%, una caída moderada que SELAE atribuye en parte a la reducción del bote medio acumulado.
EuroDreams fue el juego con peor comportamiento: pasó de 148 a 131 millones de euros en ventas, un descenso del 11,09%.
La Lotería Nacional también sigue creciendo
La Lotería Nacional ordinaria ha reforzado su posición. En 2025, las ventas del sorteo de los jueves aumentaron un 7,21%, mientras las de los sábados avanzaron un 2,12%.
Entre ambas modalidades se superó la barrera de los 1.485 millones de euros de recaudación, según el informe de gestión de SELAE.
Este comportamiento contradice la idea de que los sorteos tradicionales están perdiendo necesariamente fuerza frente a los productos digitales. El décimo físico sigue contando con una distribución territorial, un componente social y una facilidad de compra que las apuestas online todavía no han sustituido.
Cuánto dinero vuelve en premios
De los 10.586 millones de euros vendidos por SELAE en 2025, las cuentas anuales registran 6.775 millones en premios y aprovisionamientos de los juegos.
La sociedad estatal obtuvo un beneficio de 2.177 millones de euros. Su estado de flujos de efectivo recoge, además, 2.217 millones en dividendos y pagos al Tesoro durante el ejercicio.
No todos los juegos destinan el mismo porcentaje a premios. La Primitiva, Bonoloto y El Gordo asignan el 55% de las ventas; EuroDreams, el 52%; y Euromillones distribuye un 50% en su parte comunitaria y un 60% en la parte local correspondiente a El Millón.
Por tanto, las loterías no son únicamente una sucesión de premios individuales. Constituyen una actividad pública con impacto fiscal, comercial y territorial, sostenida por una red de puntos de venta privados y por el canal digital.
Las administraciones siguen ganando a internet
Pese al crecimiento del comercio electrónico, la lotería española continúa siendo fundamentalmente presencial.
A finales de 2025, SELAE contaba con 4.133 puntos de venta integrales y 6.734 establecimientos mixtos, entre administraciones, estancos, papelerías, quioscos y otros comercios.
La web y la aplicación oficial solo representaron el 2,87% de las ventas, aunque acumulaban alrededor de dos millones de jugadores registrados. El 77,33% de las ventas se generó en la red básica y otro 19,80% en establecimientos mixtos.
La distancia respecto a otros países europeos es notable. SELAE compara ese 2,87% con porcentajes digitales muy superiores en el Reino Unido y Francia. Esto significa que el décimo, el boleto impreso y la relación con el vendedor siguen siendo elementos centrales del modelo español.
El modelo social de la ONCE
La ONCE ocupa una posición singular: combina la explotación de loterías con la financiación de programas sociales y la creación de empleo para personas con discapacidad.
El Grupo Social ONCE afirmó que en 2025 alcanzaría unas ventas próximas a 2.930 millones de euros, un crecimiento estimado del 3,5%, apoyado por una red de más de 21.000 vendedores. El propio grupo señala que alrededor del 70% de sus ingresos procede de las loterías sociales, seguras y responsables.
Ese modelo explica que los cupones mantengan una presencia especialmente fuerte en calles, barrios, estaciones, hospitales y pequeños municipios, donde el vendedor constituye también una parte reconocible del tejido comercial.
Por qué esta industria sigue creciendo
La lotería reúne características que otros juegos no tienen: precios de entrada relativamente bajos, sorteos periódicos, premios fáciles de entender y una percepción social menos agresiva que la de las apuestas deportivas o los juegos de casino.
También funciona como ritual. Se comparte un décimo, se conserva un número familiar, se juega con compañeros de trabajo o se repite una combinación cada semana.
Pero esa normalización no elimina la necesidad de jugar responsablemente. Las autoridades recomiendan fijar previamente un presupuesto, no perseguir las pérdidas, no pedir dinero para jugar y considerar siempre el importe apostado como un gasto, nunca como una inversión.