Un vecino de Santiago afirma que se mudó por acoso homófobo y el matrimonio acusado lo achaca a peleas entre perros

Un vecino de Santiago denuncia años de acoso homófobo de un matrimonio por el que se mudó, mientras la defensa sostiene que solo fue un conflicto por sus perros.

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Un residente de Santiago ha declarado ante el tribunal que se vio obligado a abandonar su vivienda y a alterar sus hábitos diarios durante años por un presunto acoso homófobo que atribuye a un matrimonio del mismo edificio. Los procesados rechazan esta versión y sostienen que el origen del conflicto estuvo siempre en los problemas entre sus respectivos perros.

La sección sexta de la Audiencia Provincial de A Coruña, con sede en Santiago, celebró este viernes el juicio contra el matrimonio, al que se le imputa haber acosado, vejado e insultado con connotaciones homófobas a su vecino entre 2015 y 2020.

El denunciante ha relatado que las desavenencias comenzaron cuando pidió a sus vecinos que llevasen su perra atada, ya que no se llevaba bien con la suya y se producían episodios de agresividad entre los animales. A partir de ese momento, según su versión, empezaron los insultos, las mofas y los comportamientos intimidatorios, con expresiones sobre su orientación sexual como “maricón” o “maricón de mierda”.

Ha explicado que la situación se prolongó en el tiempo hasta el punto de llegar a sentir temor a salir solo de casa. Por ello, modificó horarios y trayectos para evitar cruzarse con el matrimonio, y finalmente optó por mudarse con su pareja, asumiendo un mayor gasto, para dejar de residir en la misma zona.

Uno de los hechos clave del caso se sitúa el 1 de diciembre de 2019, cuando, según ha indicado, los perros se pelearon y él sufrió varias mordeduras en las manos al intentar separarlos.

El hombre ha manifestado que terminó cubierto de sangre y que requirió atención sanitaria, con heridas que después le causaron limitaciones funcionales. También ha indicado que uno de los acusados, el marido, que en ese momento llevaba al perro, no le prestó ayuda ni se interesó por su estado en los días siguientes.

Su expareja, que declaró como testigo, ha respaldado el impacto que esta situación tuvo en la vida diaria del denunciante y ha asegurado que, en ese episodio, se lo encontró en el suelo, rodeado de un charco de sangre que seguía en dicho”, ha manifestado. Ha añadido que la dinámica de acoso terminó condicionando la vida de ambos hasta el punto de no poder continuar viviendo en aquel entorno.

Testigos y peritos confirman el ataque y las secuelas

Posteriormente declararon dos testigos: una vecina del barrio y una amiga que se encontraba en su casa durante el incidente con los perros. Ambas han contado que escucharon numerosos ladridos y se asomaron a la ventana, donde vieron al denunciante herido intentando separar a dos canes, mientras uno de los acusados se alejaba del lugar.

Según relataron, bajaron a la calle con una tina con agua para limpiar las heridas y auxiliarle. Lo hallaron solo, medio recostado en el suelo y desorientado, en un charco de sangre que, han precisado, aún era visible al día siguiente. Tras avisar a su pareja, abandonaron la zona.

Los peritos médicos han ratificado la existencia de lesiones, detallando que, aunque se califican como superficiales, presentaron complicaciones y necesitaron tratamiento antibiótico y vendajes durante un periodo de tiempo. Han señalado que las secuelas incluyen dolor al realizar determinados movimientos.

Respecto a la esfera psicológica, los especialistas han indicado que el denunciante sigue un tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos y que en 2024 aún presentaba síntomas vinculados al suceso, como miedo, conductas de evitación y ansiedad. Asimismo, han resaltado que el episodio supuso cambios en su estilo de vida y una ruptura de vínculos sociales y sentimentales.

Los acusados rechazan la motivación homófoba

Durante la vista se proyectaron varios vídeos grabados por el denunciante en los que se recogen algunos de los enfrentamientos verbales. Uno fue registrado cerca del local de hostelería donde trabajaba y otro en las inmediaciones de su domicilio.

La acusada ha admitido haber proferido ciertos insultos en una de esas grabaciones, aunque ha insistido en que se produjeron en el marco de una discusión en la que el denunciante dijo “Coidado cos maricones”. Ha negado que hubiese intención homófoba y ha asegurado que “cayó en las provocaciones” del vecino.

En la misma línea, ha declarado que desconocía si el denunciante tenía pareja y si esta era un hombre o una mujer.

“No tengo nada en contra este ser ni contra el lgtbi ni nada”, ha reiterado, subrayando que la forma en que el denunciante se dirigía a ella y la grababa con el móvil fue “altiva y agresiva”.

Su marido, por su parte, ha insistido en que el conflicto se limitaba a la mala relación entre los perros y ha negado que las heridas del denunciante tuviesen la gravedad descrita, calificándolas de simples rasguños. También ha explicado que, cuando se produjo el incidente entre los animales, se marchó rápidamente para evitar que volvieran a engancharse.

Posturas enfrentadas de Fiscalía y defensa

La Fiscalía y la acusación particular han mantenido que los insultos y amenazas no fueron hechos puntuales, sino parte de una conducta continuada destinada a despreciar al denunciante por su orientación sexual. Han defendido que la principal prueba es el testimonio de la víctima, después corroborado por su expareja.

En su argumentación, han señalado que queda probado un delito de odio, al haberse dirigido insultos sobre su orientación sexual de forma reiterada. “La finalidad era denigrarlo en espacios públicos”, ha afirmado la fiscal, añadiendo que el afectado desarrolló “miedo y tensión” que alteraron de forma significativa su día a día.

Por ello, han solicitado condena por un delito de odio y discriminación en concurso de normas con un delito de acoso, además de un delito leve de amenazas, junto con una indemnización de 6.000 euros por daños morales.

La defensa del matrimonio ha sostenido, en cambio, que se trata de un conflicto vecinal derivado de los choques entre los animales y que los insultos y faltas de respeto se produjeron en el contexto de discusiones mutuas. Ha defendido que no se acredita un delito de odio “en absoluto”, sino un “relato ficticio” construido a partir de un vídeo aislado.

“El detonante de esa discusión es ajeno a la orientación sexual del denunciante. Lo primero que le recrimina este es que la perra está suelta. El tema de la orientación sexual la incluyó el propio denunciante diciendo que ‘Coidado cos maricones’”, ha argumentado la defensa.

También ha puesto en duda la credibilidad del denunciante por las supuestas contradicciones sobre el episodio de las mordeduras, recordando que en el PAC señaló que fue su propio perro quien le atacó y no mencionó al animal de los acusados. Además, ha remarcado que su actitud en los vídeos es “provocadora, agresiva, burlona e irónica” y que la sintomatología reflejada en el informe psicosocial podría explicarse por otras experiencias vitales.

Tras escuchar a todas las partes, el tribunal ha dejado el juicio visto para sentencia.