El expresidente del Gobierno José María Aznar visitará Ceuta este jueves 27 de agosto, cuando la ciudad autónoma continúa afrontando las consecuencias de la crisis fronteriza y migratoria iniciada a finales de julio. El viaje coloca de nuevo al antiguo jefe del Ejecutivo ante uno de los escenarios que marcaron su relación con Marruecos durante sus ocho años en La Moncloa.
La visita se producirá 24 años después de la crisis del islote de Perejil, uno de los momentos de mayor tensión entre España y Marruecos de las últimas décadas. Aznar era presidente cuando efectivos marroquíes ocuparon el pequeño islote en julio de 2002 y España respondió seis días después con la operación Romeo-Sierra para recuperar su control.
El contexto actual es distinto y ambos episodios no son equiparables. En 2002 existió una ocupación protagonizada por efectivos marroquíes y una intervención militar española; la crisis de Ceuta de 2026 tiene dimensiones migratorias, humanitarias, fronterizas, diplomáticas y de seguridad. El vínculo entre ambos momentos reside en la sensibilidad de las relaciones con Marruecos y en el papel estratégico de los territorios españoles del norte de África.
Aznar regresa a uno de los escenarios que marcaron su relación con Marruecos
La crisis de Perejil comenzó el 11 de julio de 2002, cuando un grupo de efectivos marroquíes desembarcó en el islote, situado a escasa distancia de la costa de Marruecos y próximo a Ceuta. El Gobierno de Aznar exigió su retirada mientras se sucedían los contactos diplomáticos para resolver el enfrentamiento.
Ante la falta de acuerdo, España puso en marcha durante la madrugada del 17 de julio la operación Romeo-Sierra. Fuerzas españolas recuperaron el islote y detuvieron a los efectivos marroquíes que permanecían allí. La operación concluyó sin bajas y los detenidos fueron posteriormente entregados a Marruecos.
La mediación estadounidense permitió rebajar la tensión y restablecer la situación anterior al incidente. El episodio, sin embargo, dejó profundamente deterioradas unas relaciones hispano-marroquíes que atravesaban ya un periodo complicado durante los últimos años del Gobierno de Aznar.
La crisis de Ceuta vuelve a situar a Marruecos en el centro del debate
El viaje se produce ahora cuando la política española continúa concentrada en las consecuencias de los acontecimientos registrados en Ceuta los días 30 y 31 de julio. El Gobierno ha reforzado su respuesta y la gestión de lo ocurrido está siendo sometida a un intenso escrutinio político y parlamentario.
La controversia ha aumentado después de aparecer versiones diferentes dentro del propio Ejecutivo sobre la información disponible antes de la entrada masiva. Margarita Robles defendió que los servicios de inteligencia habían realizado su trabajo y compartido información, mientras Fernando Grande-Marlaska negó haber recibido una alerta de Inteligencia que anticipara un episodio de esas características.
La situación también ha provocado una ofensiva política del PP contra el Gobierno. Alberto Núñez Feijóo ha utilizado las contradicciones entre los ministros para cuestionar la gestión del Ejecutivo, mientras distintas figuras institucionales y dirigentes populares han situado durante agosto la crisis de Ceuta en el centro de su discurso político.
FAES ya había acusado al Gobierno de "abandonar" Ceuta y Melilla
La posición de Aznar ante la política del Ejecutivo hacia Marruecos tampoco parte de cero. FAES, la fundación que preside el expresidente, cargó contra el Gobierno inmediatamente después del comienzo de la crisis y aseguró que Ceuta y Melilla habían sido "literalmente abandonadas".
La fundación atribuyó la situación a lo que calificó como una política "claudicante" y "servil" hacia Rabat. Las acusaciones se produjeron el 31 de julio, apenas un día después del inicio de los acontecimientos que desencadenaron la actual crisis.
El viaje de este jueves se produce, por tanto, después de semanas de críticas desde el entorno político de Aznar a la estrategia seguida por el Ejecutivo. A falta de conocer el contenido concreto de su agenda, sus declaraciones en Ceuta tendrán especial interés por el precedente de Perejil y por su tradicional posición respecto a las relaciones con Marruecos.
De la mediación de EEUU en Perejil a su acercamiento a Marruecos
Estados Unidos desempeñó un papel decisivo para cerrar la crisis de Perejil en 2002. El entonces secretario de Estado, Colin Powell, medió directamente entre España y Marruecos hasta alcanzar un acuerdo para restablecer la situación anterior a la ocupación del islote.
Veinticuatro años después, el contexto geopolítico es distinto. Washington mantiene una estrecha alianza estratégica con Rabat y reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, aunque ese respaldo no se extiende a las reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.
El contraste es significativo: el país que ayudó a Madrid y Rabat a cerrar la crisis de Perejil mantiene hoy una posición especialmente favorable a Marruecos en el Sáhara, sin que Estados Unidos haya cuestionado la soberanía española sobre Ceuta.
De Perejil a Ceuta: dos crisis que no son equivalentes
El paralelismo histórico tiene límites importantes. La crisis de Perejil fue un enfrentamiento territorial entre España y Marruecos: efectivos marroquíes ocuparon el islote y el Gobierno español respondió mediante una operación militar para restablecer la situación anterior.
La situación actual presenta características diferentes. Ceuta ha sufrido una crisis migratoria y humanitaria acompañada de un importante debate sobre seguridad, control fronterizo y la actuación de Marruecos, pero no se ha producido una ocupación militar comparable a la de Perejil.
Esa distinción resulta esencial para comprender el significado político de la visita. Aznar regresa a Ceuta como expresidente, sin responsabilidad institucional sobre la gestión de la crisis, pero con el precedente de haber dirigido el Gobierno español durante uno de los enfrentamientos diplomáticos más graves con Rabat.