La salud auditiva, una prioridad en una sociedad que envejece

La pérdida auditiva es una de las condiciones de salud más frecuentes entre las personas mayores y una de las que presenta un mayor impacto sobre su autonomía y participación social. Sin embargo, es una patología que socialmente está normalizada y asociada al envejecimiento. Mejorar el acceso a la implantación coclear requiere una estrategia nacional que garantice una atención temprana, continuada y equitativa

Inmaculada Soto, Presidenta de Federación AICE.

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Octubre ha sido un mes especialmente relevante para reflexionar sobre los retos sanitarios y sociales del envejecimiento. Al Día Internacional de las Personas de Edad, celebrado el pasado 1 de octubre, se han sumado el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), celebrado en Madrid del 14 al 17, y la Semana contra la Soledad No Deseada, impulsada por San Juan de Dios del 19 al 25 de octubre. Estas iniciativas ofrecen una oportunidad para poner el foco en la importancia de preservar la salud, la autonomía y los vínculos sociales de las personas mayores.

En España, las personas de 65 años o más representan ya el 21,1% de la población y, según las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, esta proporción seguirá aumentando durante las próximas décadas. Este cambio demográfico exige reforzar las políticas orientadas a preservar la autonomía, la capacidad funcional y la participación social de las personas mayores.

Aproximadamente 4,6 millones de personas conviven con hipoacusia en España, una condición cuya prevalencia aumenta considerablemente con la edad: afecta al 18,2% de las personas de entre 65 y 74 años y al 35,8% de las mayores de 74. Sus consecuencias van mucho más allá de las dificultades para escuchar, ya que puede limitar las relaciones personales y favorecer situaciones de aislamiento social y soledad no deseada, además de asociarse con un mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo y caídas. Por ello, atender la pérdida auditiva resulta fundamental para promover un envejecimiento saludable, entendido también como la capacidad de las personas para mantener su autonomía, sus vínculos y su relación con el entorno.

Desde la Federación de Asociaciones de Implantados Cocleares de España (AICE), a través de la campaña Ser Oído, queremos poner el foco en quienes presentan una hipoacusia severa o profunda. Cuando los audífonos no proporcionan un beneficio suficiente, el implante coclear constituye una alternativa terapéutica eficaz, también en edades avanzadas. Se trata, además, de una tecnología consolidada, incluida en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud para quienes cumplen los criterios clínicos establecidos. Sin embargo, según las estimaciones recogidas en el Libro Blanco sobre los implantes cocleares en adultos y ancianos de 2023, “solo el 5,7% de las personas adultas candidatas accedía a este tratamiento en España”.

La existencia de una tecnología eficaz y financiada públicamente no garantiza, por sí sola, que quienes la necesitan puedan acceder a ella. Entre las principales barreras encontramos el desconocimiento de las alternativas disponibles, los retrasos en el diagnóstico y las dificultades de derivación. De hecho, apenas el 24% de las personas con hipoacusia severa o profunda ha recibido información sobre los implantes cocleares por parte de profesionales sanitarios. A estas dificultades se suman el edadismo y el autoedadismo, que contribuyen a normalizar la pérdida auditiva como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Estos prejuicios, presentes tanto en el entorno social y asistencial como entre las propias personas mayores, pueden retrasar la búsqueda de atención especializada y limitar el acceso a tratamientos capaces de mejorar significativamente su calidad de vida.

Superar estas barreras requiere una respuesta coordinada que permita mejorar el acceso a la implantación coclear en todo el territorio. Desde Federación AICE consideramos prioritario avanzar hacia un Plan Estratégico Nacional de Implantación Coclear que reconozca las consecuencias sanitarias y sociales de la hipoacusia severa y profunda y establezca una hoja de ruta común para mejorar su atención. Este marco debería permitir homogeneizar los criterios de acceso, reforzar la coordinación asistencial y desarrollar planes de acción adaptados a las necesidades de cada comunidad autónoma, reduciendo las desigualdades territoriales.

Una de las prioridades de esta estrategia debería ser facilitar la identificación y valoración temprana de las personas candidatas a un implante coclear. Para ello, resulta necesario reforzar la formación de los profesionales sanitarios, mejorar los mecanismos de detección desde Atención Primaria y establecer itinerarios asistenciales claros que garanticen una atención continuada, desde el diagnóstico hasta el tratamiento, la rehabilitación y el seguimiento. En esta línea, desde AICE valoramos positivamente la propuesta de la SEORL-CCC de establecer un programa nacional de cribado auditivo a partir de los 60 años, como una medida que podría favorecer la detección precoz y facilitar el acceso a la atención especializada.

Otra prioridad debe ser disponer de información que permita orientar las decisiones sanitarias y evaluar los resultados de las intervenciones. Para ello, el Plan Estratégico Nacional debería contemplar la creación de un registro estatal y un modelo común de evaluación que permitan conocer las necesidades de la población candidata y medir no solo los beneficios clínicos de la implantación coclear, sino también su impacto en la calidad de vida y su retorno social. Asimismo, estas actuaciones deben acompañarse de una mayor sensibilización sobre las posibilidades de esta tecnología, promoviendo la colaboración entre sociedades científicas, organizaciones de pacientes y entidades de personas mayores para superar los prejuicios asociados a la edad y mejorar el conocimiento de las soluciones disponibles.

El principal desafío ya no reside únicamente en disponer de tecnologías eficaces para tratar la pérdida auditiva, sino en garantizar que las personas puedan acceder a ellas en el momento adecuado y en condiciones de equidad.

“En una sociedad que envejece, mejorar la atención auditiva debe entenderse como una inversión en prevención y calidad de vida, cuyos beneficios trascienden el ámbito estrictamente sanitario y alcanzan a las personas afectadas, sus familias y al conjunto de la sociedad.”

Ayudar a las personas a escuchar mejor significa también ayudarles a conservar su autonomía, mantenerse conectadas con su entorno y seguir participando plenamente en la vida social. Incorporar la salud auditiva de manera efectiva a las políticas de envejecimiento saludable es, por tanto, imprescindible: no podemos hablar de envejecimiento saludable sin hablar de salud auditiva.

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¿Qué porcentaje de la población española tiene 65 años o más según los últimos datos mencionados?

Pregunta 1 de 3

¿Cuál es una de las principales barreras para el acceso a los implantes cocleares en personas mayores?

Pregunta 2 de 3

¿Qué propone la SEORL-CCC para favorecer la detección precoz de la hipoacusia en mayores?

Pregunta 3 de 3