El contrato de 94 millones para renovar la seguridad de la línea Madrid-Sevilla: qué se adjudicó y qué falta por aclarar

El expediente de Adif recoge una oferta de Thales un 28,45% inferior al presupuesto y una justificación que la empresa pública consideró suficiente. El plazo previsto era de 52 meses

Estación de Santa Justa de Sevilla. Imagen de archivo.  RENFE

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Adif Alta Velocidad adjudicó en septiembre de 2021 a Thales España GRP un contrato de 93,83 millones de euros, IVA incluido, para renovar las instalaciones de señalización y protección ferroviaria de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. El proyecto contemplaba implantar el sistema europeo ERTMS, renovar los enclavamientos y actualizar otros elementos de seguridad y telecomunicaciones. El plazo total previsto era de 52 meses.

La adjudicación vuelve a situar el foco sobre la modernización de la línea después del accidente ferroviario de Urda, en Toledo, ocurrido el 28 de octubre de 2026. El expediente de contratación permite reconstruir cómo se adjudicó la actuación, por qué Adif aceptó una oferta sensiblemente inferior al presupuesto inicial y qué funciones debía cubrir el proyecto. 

Una oferta un 28,45% inferior al presupuesto

La licitación se publicó con un presupuesto de 131,14 millones de euros, IVA incluido, equivalentes a 108,38 millones antes de impuestos. El contrato se dividía en cuatro meses para redactar y aprobar el proyecto constructivo y otros 48 meses para ejecutar las obras, hasta completar los 52 meses previstos.

En la evaluación económica, la oferta de Thales quedó en presunción de anormalidad por presentar una baja del 28,45%. La empresa justificó el precio por las soluciones técnicas que ya había desarrollado, su experiencia previa en la línea y la posibilidad de reutilizar tecnología e interfaces existentes, así como por economías de escala en la fabricación de equipos.

El informe oficial de Adif sobre la justificación de la oferta concluyó que Thales había explicado suficientemente la baja y podía continuar en el procedimiento. El documento atribuye la ventaja económica, entre otros factores, a desarrollos técnicos ya realizados y a la compatibilidad de los nuevos equipos con los sistemas existentes.

La adjudicación se acordó el 14 de septiembre de 2021 y el contrato se formalizó el 13 de octubre de ese año por 77,55 millones de euros antes de IVA y 93,83 millones con impuestos. El anuncio de formalización recoge que se recibieron tres ofertas: las de Siemens Rail Automation, Thales España GRP y CAF Signalling. La motivación publicada fue que la propuesta de Thales resultaba la económicamente más ventajosa.

Al haberse formalizado el contrato el 13 de octubre de 2021, los 52 meses de ejecución conducían a febrero de 2026, pero, según El País, el ERTMS seguía necesitando pruebas y homologación. 

Hay que subrayar que la empresa que recibió el contrato cambió de grupo empresarial después de la adjudicación. Thales completó el 31 de mayo de 2024 la venta de su negocio de sistemas de transporte terrestre a la multinacional japonesa Hitachi Rail. La operación incluyó las actividades de señalización ferroviaria y control de trenes, por lo que sitúa a Hitachi en el contexto empresarial de la modernización de la línea Madrid-Sevilla.

Qué debía cambiar en la línea

El proyecto no se limitaba a instalar un nuevo sistema de protección de trenes. Incluía la renovación de las instalaciones de señalización, la sustitución de los enclavamientos existentes por otros electrónicos, la actualización de los detectores de caída de objetos y la mejora de las telecomunicaciones fijas. También contemplaba actuaciones en el ramal La Sagra-Toledo.

El objetivo era desplegar el ERTMS, el sistema europeo de gestión del tráfico ferroviario, en la línea y en sus instalaciones asociadas. Esta tecnología permite supervisar la circulación y la velocidad de los trenes y forma parte de la interoperabilidad ferroviaria europea.

Los pliegos establecían, no obstante, que la línea debía mantener su explotación comercial durante las obras. Por ello, el sistema de protección LZB existente tenía que continuar funcionando antes, durante y después de la puesta en servicio del nuevo sistema. El propio informe de Adif señala que esta convivencia entre tecnologías formaba parte de las condiciones que Thales tuvo en cuenta para justificar su oferta. La permanencia del LZB durante la transición no constituía por sí misma un incumplimiento: estaba prevista en el diseño contractual.