Cuatro meses después, DEMÓCRATA vuelve a la sede de Comisiones Obreras, en Madrid, para entrevistar a Unai Sordo. El secretario general del mayor sindicato del país respondió entonces, ante una posible convocatoria de huelga general, que no la veía como el instrumento más adecuado en estos momentos. Tampoco para responder a la acuciante crisis de la vivienda y al malestar que generaba. Ahora el sindicato se encamina hacia la primera huelga general en catorce años, prevista para el próximo 11 de noviembre.
PREGUNTA: Hace cuatro meses DEMÓCRATA le preguntó por la posibilidad de convocar una huelga general, vinculada a la vivienda, y no lo veía claro. ¿Qué ha cambiado desde entonces?
RESPUESTA: Que ante un problema estructural como es la dificultad de acceso a la vivienda se ha producido un chispazo de emocionalidad con el fallecimiento de Maricarmen Abascal (la anciana de 87 años que murió días después de ser desahuciada en Madrid), las intensísimas movilizaciones y la necesidad de dar una vertiente de movilización a un malestar social.
Por otro lado, que al igual que en 2022 un incremento de precios que tiene toda la pinta que van a pagar otra vez los salarios, con una inflación en términos interanuales por encima del 5% sin que podamos siquiera negociar las condiciones de renovación del acuerdo de negociación de los convenios colectivos.
La huelga no responde a una agresión legislativa sino a dar cauce a una malestar muy larvado que emergió con el desahucio de Maricarmen
Somos conscientes de que no es una huelga al uso de los años ochenta o noventa. No responde a una agresión legislativa, sino dar cauce a una movilización y a un malestar muy larvado en una parte de la sociedad española, que emergió como un borbotón con el desahucio de Maricarmen y la negativa del Congreso, a convalidar los dos decretos ley.
P: ¿Existen objetivos concretos o va, sobre todo, de canalizar ese malestar?
R: Existen objetivos concretos. A corto plazo, instar a la patronal a recuperar esa negociación de los acuerdos de negociación colectiva y al Gobierno a subir el SMI. Pero de fondo, cambiar el sentido común de la sociedad española sobre cómo afrontar el tema de la vivienda. Pase lo que pase en el ciclo político que deparen las próximas elecciones, tiene que ser más intenso y mucho más ambicioso.
Si la vivienda no pasa a ser un bien social y no de inversión el problema no tendrá solución
Hay que cambiar el campo de juego y que la vivienda se construya como un pilar del Estado de Bienestar. Y eso sólo se puede hacer recuperando la idea de un gran parque de vivienda pública, o al menos de precio protegido, para la próxima década, cuando menos de un millón y medio de viviendas. Y concebir la vivienda como un bien básicamente social, no de inversión, de ahorro, o de protección a la vejez, que es lo que ha sido en las últimas cinco décadas. Si no, el problema no va a tener solución y es la gran fractura socioeconómica que ahora mismo tiene la clase trabajadora.
P: Han pasado 14 años desde la última huelga general respaldada por los sindicatos mayoritarios. ¿Qué diferencias están encontrando a la hora de prepararla? ¿Hay temor de que, como dice que no es una huelga al uso, o como la tenemos entendida, que la respuesta pueda ser decepcionante o pueda, ¿cómo digerir ese tipo de...?
R: Es una huelga heterodoxa desde el momento que no aparece como respuesta a una agresión, y no se dirima sólo en el ámbito estrictamente laboral. La política de vivienda afecta de una forma muy importante a la clase trabajadora, pero no está anclada en la legislación laboral o el convenio colectivo.
Queremos cambiar el sentido común de toda la sociedad sobre cómo abordar el problema de la vivienda
Y luego es una huelga que tiene como objetivo, básicamente, aparte de lo que he dicho, contribuir a una gran movilización social. No se trata de sacar a la calle a quien ya está convencido de que hace falta vivienda pública y topar el precio de los alquileres, sino conseguir una simpatía muy transversal.
Se trata de que el malestar cambie a una propuesta sociopolítica en torno a la vivienda. Como eso no consiste en cambiar cuatro artículos de una reforma laboral, el escenario es distinto. Vamos a intentar que la respuesta laboral tenga la dimensión más amplia posible, pero el objetivo realmente es que haya una marea humana de gente en la calle que cambie el eje de rotación de todas las fuerzas políticas y de todas las instituciones sobre cómo abordar el tema de la vivienda.
La vivienda tiene que ser un pilar del Estado del Bienestar. Y eso sólo puede ser con un gran parque público de vivienda
Otra característica que seguramente no ha tenido ninguna otra huelga es que el impacto del problema de la vivienda es muy asimétrico en España. No impacta igual en las grandes ciudades, en zonas tensionadas por el turismo, en la España interior que se está vaciando, e incluso entre la clase trabajadora. Tampoco afecta igual al que tiene un piso más o menos pagado que al que no puede irse a casa de sus padres con 33 años o al que tiene una hipoteca que le come la mitad del salario.
Son afectaciones muy distintas, pero el problema es estructural y es tan hondo que vale la pena hacer este ejercicio de heterodoxia. También por canalizar ese descontento social y para que también las generaciones que están más afectadas sientan que los sindicatos de clase están cercanos a sus reivindicaciones. Que no nos vean ajenos a una reivindicación que les fractura socioeconómicamente y que no nos vean refugiados solo en el salario y el convenio. Que seamos capaces de poner en relación la vivienda, el salario, los precios y los servicios públicos.
EL PAPEL DE LOS SINDICATOS DE INQUILINAS
P: Entonces, ¿ha habido una preocupación durante las últimas semanas de quedarse atrás o quedarse fuera, incluso desbordado por organizaciones alternativas como el sindicato de inquilinas?
R: No es tanto un tema de competencia como de una interpretación distinta de cómo es hoy en día la clase trabajadora en las sociedades, digamos, postmodernas. Las apreturas con una hipoteca o con el alquiler están fuera de la relación estrictamente laboral pero la condicionan muchísimo. Muchas veces la gente te dice ‘no puedo hacer huelga porque, si no, no pago la hipoteca’.
Las formas de construir subjetividades colectivas hoy en día son distintas a cómo eran las sociedades industriales, donde el conflicto capital-trabajo vertebraba todas las demás. Ahora es mucho más diverso y las sociedades impulsan a que todos estos conflictos aparezcan cada vez más fragmentados, aparentemente no relacionados entre sí. Y creo que un sindicato de clase tiene la obligación de tratar de ligar la génesis de esos conflictos o cómo se estipulan esas subjetividades colectivas.
No era una cuestión de competencia con estas organizaciones que, de hecho, se mueven en otro parámetro. Se llaman sindicatos pero realmente se dedican a tratar de colectivizar un problema que se establece en relaciones mercantiles, entre quien tiene un piso y quien no tiene un piso, o quien promueve pisos y quien no puede acceder a esos pisos. No es un sindicato laboral. Ese ha sido el análisis que hemos hecho, más que el hecho de quedarnos fuera de una movilización que iban a protagonizar organizaciones que, en realidad, son movimientos sociales que están haciendo una tarea en la que vale la pena tener un ojo.
ESTALLIDO DE VIOLENCIA Y PILLAJES
P: ¿Cómo ven desde el sindicato los movimientos, hasta qué punto, espontáneos, pero sí, desde luego, muy intensos de violencia que ha habido en Barcelona y en Bilbao?
R: A mí me tiene un poco con la mosca detrás de la oreja, porque creo que responde a algún parámetro que no es el habitual en las movilizaciones sociales de nuestro país. Creo que no es bueno hacer afirmaciones categóricas hasta no tener más datos y una mínima fiabilidad de lo que ha pasado. Pero sí suenan raro algunas cosas. Sería muy bueno saber quiénes son y de dónde han salido, cómo se han puesto en contacto, quién las convoca y quién las ha coordinado. Porque no es habitual, por ejemplo, en una ciudad como Bilbao, con episodios de violencia callejera durante muchos años, que estos terminen en actos de pillaje en establecimientos y comercios. Esto yo no lo había visto.
Sería ingenuo no evaluar una posible injerencia extranjera en los episodios de violencia callejera y pillaje
Ha coincidido en Barcelona, coinciden con algunos parámetros de funcionamiento en otras ciudades de Europa, se están promoviendo también otras movilizaciones similares de una forma absolutamente anónima… Y volvemos a lo mismo: no estamos en los años ochenta o noventa, vivimos en tiempos de la utilización de los metadatos y de la posibilidad de segmentar convocatorias en función de perfiles determinados. En fin, suena raro. Hay que investigar de dónde vienen esas convocatorias.
P: ¿Asocia estos movimientos a cuestiones de geopolítica internacional?
R: Se está intentando desestabilizar a los países europeos de diversas maneras, se habla de guerras y de movilizaciones híbridas, se ha promovido, por quien sea y con la tolerancia de quien sea, un salto de 80.000 personas (en Ceuta) a una frontera sur de la Unión Europea. Hombre, sería ingenuo, al menos, no evaluar la posibilidad de que pueda haber algún tipo de injerencia. Al menos conviene investigarlo en profundidad. La estrategia de seguridad norteamericana tiene como objetivo fundamental la desestabilización de la Unión Europea, lo dicen ellos. Y además han dicho que lo van a hacer a través de fuerzas de populismo de extrema derecha. No estoy en disposición de saberlo, pero suena raro, sí.
HACIA UNA NUEVA LEGISLATURA
P: ¿Qué situación espera de cara a las próximas elecciones? ¿Qué es lo que le pide a los partidos, tanto a izquierda como a derecha?
R: Espero que se pueda reiterar una mayoría de carácter progresista que, en términos socioeconómicos, ni siquiera ha existido en esta última legislatura. Junts funcionaba más vinculada al Partido Popular y a Vox. A las fuerzas de izquierda les instaría a tener una propuesta clara sobre que el tiempo histórico demanda proteger lo conseguido, que es mucho en términos históricos. No me estoy refiriendo sólo a esta legislatura o a las últimas, sino a lo que ha sido capaz de construir España como Estado social, con unos servicios públicos que se han deteriorado desde la crisis financiera pero que sigue siendo un modelo de cohesión social inédito en nuestra historia.
Cada vez hay menos certezas que lo común te vaya a salvar ante los problemas de la vida
Y, junto a esa proyección de lo conseguido, mucha ambición en lo que está por conseguir: hay que instalar como idea fuerza que hay que incorporar pilares al Estado de Bienestar en el siglo XXI. Uno es el de la vivienda, y sugeriría otro, el de los cuidados. Es clave para generar seguridades y certezas en las sociedades del siglo XXI. Ese tiene que ser el marco en el que tienen que jugar: protección de lo logrado y ambición en lo que está por conseguir.
A partir de ahí, se trata de que la conversación pública pivote en torno a los problemas que afectan realmente a las mayorías sociales y a la vida cotidiana de la clase trabajadora. Es lo lógico y lo natural, pero no siempre es así en las sociedades tan mediatizadas que tenemos, donde muchas veces los debates y las conversaciones públicas discurren por derroteros muy distintos.
P: Volvemos otra vez, con el tema de los cuidados, a otras competencias transferidas a las comunidades autónomas.
R: Es que el deterioro de los servicios públicos no tiene que ver tanto con la enorme desinversión durante la crisis financiera y la austeridad como con que la recuperación de esa inversión no ha sido suficiente para hacer frente a una población que es distinta, de 50 millones de habitantes, casi diez millones más de lo previsto a principios de siglo, y más envejecida. Y esa financiación a las comunidades, que nunca había sido tan grande, ha facilitado su proceso de privatización parcial. La mayor segregación en el acceso a la sanidad o la educación es evidente. Se están metiendo muchos recursos pero no se están reforzando los pilares y las infraestructuras del Estado del Bienestar.
La opción del pleno empleo existe: España puede llegar en el próximo lustro
Los cuidados son un ejemplo evidente: transfieres miles de millones de euros a las comunidades autónomas pero el 60% de las nuevas prestaciones de dependencia se otorgan a cuidados no profesionales o a las familias para que cuiden a las personas dependientes. No estás dotando una infraestructura pública de cuidados y es muy distinto el planteamiento de protección social que das. Ahí es donde se tiene que empeñar la izquierda en renovar un contrato social, porque la gran pérdida de certidumbres de la gente tiene mucho que ver con que cada vez hay menos certezas de que, ante los problemas de la vida, lo común te vaya a salvar. Ahí hay que situar el asunto.
EL FUTURO DEL TRABAJO
Luego proteger el trabajo, en términos cualitativos, tiene desafíos enormes con todo el uso de la inteligencia artificial y el miedo creciente en partes crecientes de la clase trabajadora de que sus empleos vayan a desaparecer radicalmente. No los menos cualificados sino los de cualificación media o incluso alta. Es una novedad histórica. Tenemos más empleo que nunca, estamos subiendo los salarios medios de una forma importante y hay más estabilidad pero sigue habiendo una duda razonable sobre cuál va a ser el futuro de sus puestos de trabajo. Ese es otro de los retos de la izquierda: situar que la opción del pleno empleo existe en España y acompañarlo de seguridades laborales.
P: ¿Y ve a las formaciones de izquierda especialmente concienciadas o atinadas al abordar estos problemas?
R: Creo que, en general, las propuestas programáticas de las fuerzas de izquierda, también las derechas, están bastante trabajadas y son bastante precisas. ¿Qué es lo que pasa? Pues que vivimos en sociedades muy mediatizadas y las dinámicas de simpatía electoral no se mueven estrictamente en términos de racionalidad programática. La capacidad de generar ideas fuerza o conversaciones públicas no tienen mucho que ver con cuál es el problema real de las personas. En España hemos tenido unas elecciones municipales y autonómicas, donde se estaba votando la gestión de la sanidad o la educación, donde los gritos de guerra eran ‘que te voten Txapote’.
EL DIÁLOGO SOCIAL TRAS EL 29N
P: ¿Qué es lo que espera del diálogo social tras las próximas elecciones?
R: Me gustaría que, pase lo que pase en la próxima legislatura, la CEOE fuera más corresponsable. España tiene una oportunidad magnífica para instalar, con su transformación energética, una ventaja comparativa para la inversión productiva e industrial que no hemos tenido nunca. La hemos tenido ligada a bajos salarios, baja fiscalidad y a ventajas comparativas poco deseables. Y si miramos la curva demográfica de nuestro país, donde se van a jubilar entre seis y ocho millones de personas en los próximos diez años, España puede llegar perfectamente al pleno empleo en el próximo lustro. Esto lo puede facilitar llegar a consensos sobre políticas laborales o políticas de inversión o de transición energética, con acuerdos entre organizaciones sindicales y empresariales. Pero para eso hay que tener una patronal que apueste por la autonomía de los agentes sociales y una visión un poco moderna.
La CEOE tiene que decidir si quiere volver a una España de bajos salarios para competir por abajo
Si está pensando en bajos salarios, en reducir cotizaciones sociales para que dejen de cuadrar los números de la Seguridad Social y haya que recortar las pensiones pues volveremos a la vieja España que compite por abajo. Es una pregunta decisiva que tiene que contestar CEOE: a qué tipo de país aspira. Va a ser muy importante la mayoría política que se configure. La de Vox es una propuesta económica abiertamente atrasista, pero incluso en este momento la del Partido Popular es muy preocupante. No en términos de izquierda o derecha, sino en términos de modernidad frente a regresión.
P: ¿Espera que la CEOE se revuelva si se aprueban unilateralmente reformas sin contar con el diálogo social?
R: Si hubiera una mayoría progresista estoy convencido que volvería a la mesa de negociación como en la primera legislatura. Le interesaba llegar a acuerdos para evitar una legislación unilateral. En la segunda no le interesaba porque se los iban a tirar PP, Junts y Vox. Si tienes anteojeras ideológicas muy fuertes ves las cosas de otra manera, pero los resultados están ahí. Las reformas que se hicieron en la primera legislatura tienen mucho que ver con la situación del mercado laboral, que es mucho mejor de lo que ha estado históricamente en términos de empleo o estabilidad. Ahí está la marcha de las empresas, que están acumulando más excedentes que nunca.
Las propuestas de PP y Vox son preocupantes en términos de regresión frente a modernidad
P: ¿Y si la mayoría fuera de derechas?
R: Depende mucho del perfil de empresariado que condicione más a la CEOE. En España hay una parte del empresariado que mira al futuro, que invierte, que renueva empresas y es consciente que hay que apostar por la autonomía estratégica y no se puede volver a una competitividad basada en bajos salarios y en empleo precario. Y luego hay otro empresariado que básicamente se dedica a modificar el precio de las cosas más que a generar valor, a la concesión de servicios, al chanchulleo… A ese empresariado sí le va bien que no haya salario mínimo y devaluar las condiciones de trabajo. Es bastante más ineficaz, mucho más cutre pero muy influyente y se mueve muy bien en la villa y corte madrileña. Es la historia eterna de España. Esto tiene ya algunos algunos siglos y desgraciadamente suelen ganar los malos y los torpes.
LO QUE QUEDA DE LEGISLATURA
P: ¿Cómo van a apretar al Gobierno para intentar rescatar el registro horario?
R: A estas alturas de la película poco ya se puede hacer pero lo hemos situado en la convocatoria de huelga. Hasta el último día de legislatura le estamos exigiendo que cumpla los compromisos en materia de control horario y en la absorción y compensación de los pluses y complementos salariales que acordó con nosotros y no ha cumplido.
TRAGEDIA DE URDA Y SEGURIDAD FERROVIARIA
P: Sin entrar en los detalles de este segundo accidente en la alta velocidad en menos de un año (el accidente de Urda se había producido esa misma mañana), ¿qué diagnóstico hacen de la situación en el sector ferroviario?
R: Estamos a expensas de conocer todos los datos sobre qué es lo que ha ocurrido. Y finalmente, si en algún momento en esa cadena de seguridad hay algún tipo de fallo humano, el fallo humano es porque previamente se han concatenado una serie de fallos técnicos. No vale decir que ha habido un fallo humano. Si hay un fallo humano será porque previamente fallaron otras cosas.
Es alucinante cómo en tan pocos meses se han podido producir dos accidentes de esta dimensión. Desde luego, los sistemas de seguridad y de control tienen que tener elementos de control automático que, en caso de que fallen unos, sean suplidos por otros.
P: ¿Les ha llegado por parte de las delegaciones del sindicato en las empresas ferroviarias que haya habido problemas derivados de la incorporación de nuevas empresas por la liberalización o de una falta de inversión o de mantenimiento?
R: Siempre hemos exigido que se incrementen los presupuestos para el control y el mantenimiento de la seguridad y las infraestructuras. El sistema ferroviario en España en los últimos años ha incrementado notabilísimamente su uso, la intensidad de uso de las vías, los operadores ferroviarios, el número de trayectos y de trenes… Y, por tanto, es necesario incrementar y mantener una renovación de los sistemas de seguridad y de las infraestructuras.
No disculpo que haya bajado la calidad en los ratios de puntualidad, pero se puede entender por la multiplicación de los usos. Ahora, cuando hablamos de seguridad eso es muy serio. Hay que instalar sistemas de control que eviten que la última decisión pueda depender de un fallo humano. Es imposible llegar al riesgo a cero pero hay que hacer lo imposible por evitar que una decisión equivocada produzca este tipo de consecuencias.
La gente que se dedica a la salud laboral lo explica muy bien. Cuando hay un accidente laboral mortal o con alguna consecuencia grave se alega muchas veces a una práctica de riesgo por parte del trabajador. Una práctica de riesgo se puede dar, por un ritmo acelerado o que se baje la guardia pero la forma de evitar estos riesgos es que exista la protección suficiente para minimizar el impacto del error humano. Vamos a ver lo que ha pasado con todos los sistemas técnicos que parece ser que han tenido que fallar previamente.