El corazón tecnológico de Europa medirá la ambición digital del continente

Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete abordarán por primera vez en una cumbre europea los desafíos de la Inteligencia Artificial, la reducción de las dependencias tecnológicas y el refuerzo de las capacidades propias, en una ciudad que alberga las sedes comunitarias de los principales gigantes digitales estadounidenses

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En los últimos años, Irlanda se ha convertido en la cuna europea de algunas de las mayores compañías tecnológicas del mundo. Una combinación de incentivos fiscales, idioma, mano de obra cualificada y acceso directo al mercado comunitario ha situado a Dublín en el mapa digital global. Meta, Google, Apple, Microsoft, TikTok y X han encontrado en la isla una puerta de entrada privilegiada a Europa. Ahora, la ciudad que alberga sus principales sedes comunitarias será también el escenario en el que los Veintisiete tratarán de definir qué papel quiere desempeñar la Unión Europea en la próxima etapa de la revolución tecnológica.

Hasta allí viajarán la próxima semana los jefes de Estado y de Gobierno para abordar, por primera vez en una cumbre de líderes, los desafíos que plantea el avance de la Inteligencia Artificial (IA) para el continente. El lugar elegido no es casual. A escasos metros de las oficinas europeas de los gigantes digitales, los mandatarios discutirán cómo reducir las dependencias tecnológicas, reforzar las capacidades industriales propias y evitar que el desarrollo de los modelos más avanzados quede en manos de un reducido grupo de actores globales.

Fuentes diplomáticas advierten de que los modelos de IA más avanzados "están alcanzando capacidades sin precedentes". El reto consiste ahora en impedir que el poder de mercado de "un número limitado de actores globales" termine socavando la autonomía europea. "Europa necesita definir su posición en esta carrera global: qué capacidades tecnológicas deben desarrollarse en Europa y qué instrumentos son necesarios para reducir las dependencias", explican en la rotonda Schuman.

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El presidente del Consejo Europeo, António Costa, quiere que los mandatarios aprovechen la cita para redefinir la ofensiva digital comunitaria. En una misiva remitida esta misma semana a sus homólogos, el portugués considera "necesario" celebrar un "primer debate específico a nivel de líderes sobre las oportunidades que ofrece la IA, así como sobre su efecto transformador en nuestras economías y sociedades".

La elección de Dublín añade una dimensión política a una conversación que, hasta ahora, había estado más vinculada a los expedientes legislativos y a los debates sobre competitividad. La UE quiere ser un actor relevante en el desarrollo de estas tecnologías, pero lo hace desde un continente en el que buena parte de la infraestructura, el capital y los principales proveedores de servicios digitales dependen de compañías estadounidenses.

El dilema irlandés: atraer a las tecnológicas y supervisar su actividad

La paradoja de celebrar esta conversación en Irlanda es difícil de pasar por alto. El país ha construido una reputación de regulación "más laxa", vinculada a la "lentitud y moderación histórica de su autoridad de protección de datos", tal y como explica un diplomático en Bruselas. Entre pubs, pintas de Guinness y grandes complejos empresariales, los gigantes digitales han encontrado un entorno especialmente favorable para establecer sus operaciones europeas. Pero detrás de ese atractivo existe también una particularidad del sistema regulatorio comunitario.

La clave está en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y su mecanismo de "ventanilla única". Cuando una compañía establece en Irlanda su sede principal europea, la Data Protection Commission (DPC) se convierte, por regla general, en la autoridad principal responsable de investigar las reclamaciones transfronterizas relacionadas con el tratamiento de datos personales. Sus decisiones pueden tener consecuencias para la actividad de estas plataformas en el conjunto de la Unión Europea.

De esta forma, Dublín ha terminado ejerciendo de facto como uno de los principales supervisores europeos de algunas de las mayores compañías tecnológicas del planeta. Una posición que ha situado a su autoridad de protección de datos bajo una presión considerable y que ha alimentado las críticas de otros reguladores nacionales.

El presidente de EEUU, Donald Trump, estrecha la mano al primer ministro irlandés, Micheal Martin, en su visita a Dublin. Ben Birchall/PA Wire/dpa
El presidente de EEUU, Donald Trump, estrecha la mano al primer ministro irlandés, Micheal Martin, en su visita a Dublin. Ben Birchall/PA Wire/dpa -

Existe cierto consenso en la capital comunitaria a la hora de señalar que la DPC ha tardado demasiado en resolver determinados expedientes, ha tendido a "preferir resoluciones amistosas" y ha impuesto sanciones inferiores a las que reclamaban algunas de sus homólogas europeas. Las críticas no se limitan a los tiempos de tramitación: también afectan a la capacidad efectiva de supervisión de una autoridad que debe vigilar a empresas con enormes recursos jurídicos, financieros y tecnológicos.

Desde las instituciones comunitarias recuerdan que tanto el RGPD como las normas sobre servicios digitales y competencia son de obligado cumplimiento en todos los Estados miembros, incluida Irlanda. El marco jurídico es común y no contempla excepciones territoriales para las compañías que establecen allí sus sedes. Sin embargo, la diferencia está en "cómo y con qué rapidez se aplican" estas regulaciones.

Bruselas teme que la dependencia económica irlandesa respecto al empleo, la inversión y los ingresos fiscales generados por las grandes tecnológicas pueda haber alimentado incentivos para una supervisión menos agresiva. Expertos de Naciones Unidas y organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos digitales han expresado públicamente sus preocupaciones sobre las deficiencias de control dentro de la DPC y las barreras existentes para impulsar demandas colectivas.

A ello se suma la política fiscal irlandesa, que durante décadas ha mantenido un tipo del impuesto de sociedades especialmente competitivo y ha favorecido la llegada de estructuras empresariales internacionales que permitieron concentrar en el país importantes beneficios de las multinacionales. Una estrategia que ha contribuido a transformar la economía irlandesa, pero que también ha situado al Gobierno de Dublín en una posición delicada cuando se trata de supervisar a algunas de las empresas de las que depende buena parte de su prosperidad.

El problema del 1%: cuando pagar una multa sale rentable

El debate sobre la capacidad de las autoridades europeas para hacer cumplir sus propias normas no se limita al caso irlandés. En una conversación con DEMÓCRATA, el secretario general del Supervisor Europeo de Protección de Datos, Leonardo Cervera, explicaba que uno de los principales problemas de la regulación comunitaria se encuentra en determinados actores, especialmente las grandes plataformas tecnológicas. "Tienen tanto poder y tantos recursos que pueden permitirse asumir el riesgo de que, en un momento determinado, les resulte más rentable pagar una multa que cumplir plenamente con la normativa", sentenciaba.

El diagnóstico apunta a una de las contradicciones de la política regulatoria europea. La Unión ha desarrollado durante los últimos años un entramado legislativo ambicioso para ordenar el mercado digital, desde la protección de datos hasta las obligaciones de las plataformas y el control de los grandes intermediarios. Sin embargo, la existencia de normas exigentes no garantiza por sí sola su cumplimiento cuando los operadores afectados disponen de recursos suficientes para prolongar los procedimientos o asumir el coste económico de las sanciones.

Cervera defiende que, para el 99% de los operadores, el sistema establecido por la legislación funciona. Ahora bien, abre la puerta a reflexionar, como democracia, sobre cómo garantizar que ese 1%, especialmente en el ámbito de las grandes empresas de Inteligencia Artificial, también cumpla con las obligaciones que establece el legislador.

Para estos actores, advertía, "los mecanismos ordinarios podrían no ser suficientes". Una reflexión que conecta directamente con el debate que los líderes europeos quieren abrir en Dublín: cómo conseguir que la capacidad normativa de la UE vaya acompañada de instrumentos efectivos de supervisión y ejecución.

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La cuestión adquiere una dimensión adicional con la expansión de la IA generativa y el desarrollo de modelos cada vez más sofisticados. La concentración de capacidades tecnológicas en un reducido número de compañías no solo plantea problemas de competencia, sino también interrogantes sobre la seguridad, la protección de los derechos fundamentales y la capacidad europea para mantener el control sobre infraestructuras consideradas estratégicas.

Mistral y Hinton, dos miradas para definir la autonomía europea

Para alimentar esa discusión, Costa ha invitado a participar en la reunión al consejero delegado de Mistral AI, Arthur Mensch. La presencia del directivo francés permitirá abordar "la posición de Europa en el panorama global de la IA", así como los desafíos "estratégicos" que afronta el continente para reforzar su competitividad.

El gabinete del presidente del Consejo Europeo espera que el intercambio se centre en la reducción de dependencias críticas y el fortalecimiento de las capacidades europeas. La conversación también pondrá sobre la mesa el desarrollo de la infraestructura necesaria para sostener una industria propia, desde la capacidad de computación hasta los centros de datos y los recursos energéticos que requiere el entrenamiento y funcionamiento de los modelos.

En este punto, los líderes europeos quieren vincular la autonomía tecnológica a la disponibilidad de "energías limpias asequibles e inversión pública y privada a gran escala". No basta con desarrollar modelos europeos si el continente carece de la infraestructura necesaria para competir con los principales actores internacionales. La apuesta exige, por tanto, movilizar capital, garantizar el suministro energético y crear condiciones que permitan escalar las empresas tecnológicas europeas.

La agenda reservará también un espacio para un intercambio con Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física y una de las figuras fundamentales en el desarrollo de las redes neuronales modernas. Su intervención permitirá desplazar el foco desde la competitividad industrial hacia las consecuencias sociales de estas tecnologías.

Los presidentes de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del Consejo Europeo, António Costa, en una imagen de archivo. Benoit Doppagne / Zuma Press / Europa Press / Cont
Los presidentes de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del Consejo Europeo, António Costa, en una imagen de archivo. Benoit Doppagne / Zuma Press / Europa Press / Cont -

Los líderes analizarán el impacto de la IA en las sociedades europeas y las implicaciones que su desarrollo tiene para la seguridad y la confianza. "También se analizará cómo Europa puede contribuir a la cooperación y la gobernanza internacionales en materia de seguridad de la IA avanzada", señala Costa en su carta.

El objetivo es que el debate no quede circunscrito a la carrera por desarrollar modelos propios. La UE quiere discutir también qué salvaguardas deben acompañar a la expansión de estas herramientas y qué papel puede desempeñar en la construcción de estándares internacionales. Una cuestión especialmente relevante ante la dificultad de establecer mecanismos de gobernanza globales en un sector cuya evolución tecnológica avanza a mayor velocidad que los consensos políticos.

La Ley de Equidad Digital, antesala legislativa de la cumbre

La conversación de los líderes llegará, además, precedida por un movimiento legislativo de la Comisión Europea. Apenas un día antes de que comiencen las discusiones en Dublín, el Ejecutivo comunitario dará a conocer los detalles de su nueva Ley de Equidad Digital (Digital Fairness Act), la última pieza de su estrategia para reforzar la protección de los consumidores en el entorno digital.

La propuesta aspira a intervenir sobre algunas de las prácticas comerciales y de diseño que condicionan la experiencia de los usuarios en las plataformas. Entre las medidas que se esperan figuran restricciones a los denominados "patrones oscuros" (dark patterns), mecanismos de diseño que pueden orientar o manipular las decisiones de los consumidores mediante interfaces, configuraciones predeterminadas o procesos de contratación deliberadamente complejos.

La iniciativa se suma al conjunto de normas con las que Bruselas ha tratado de establecer obligaciones específicas para los operadores digitales y reforzar la posición de los consumidores frente a las grandes plataformas. Su presentación permitirá a los mandatarios llegar a Irlanda con un nuevo expediente sobre la mesa y con una muestra adicional de la voluntad regulatoria de la Comisión.

Dublín será, en definitiva, algo más que el escenario de una nueva discusión sobre Inteligencia Artificial. En la ciudad que se ha convertido en uno de los principales centros de operaciones de las tecnológicas estadounidenses en Europa, los Veintisiete tendrán que abordar una contradicción que acompaña a toda la estrategia digital comunitaria: la Unión quiere competir con los gigantes tecnológicos, pero también necesita reducir la dependencia que mantiene respecto a ellos y garantizar que quienes operan en su mercado cumplen las reglas que ella misma ha aprobado.

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¿Cuál es el proceso legislativo que debe seguir la Unión Europea para aprobar nuevas normativas sobre Inteligencia Artificial?

Para aprobar nuevas normativas sobre Inteligencia Artificial (IA), la Unión Europea utiliza, en la inmensa mayoría de los casos, el procedimiento legislativo ordinario, que es el que se aplica a la mayor parte de las políticas del mercado interior y a la regulación digital. Es el mismo esquema que ha seguido, por ejemplo, el Reglamento de IA (AI Act).

1. Fase previa: de la idea a la propuesta de la Comisión

Todo comienza en la Comisión Europea, que tiene el casi exclusivo derecho de iniciativa legislativa. Antes de presentar una propuesta formal suele realizar:

  • Hojas de ruta y consultas públicas: documentos donde explica el problema (riesgos de la IA, lagunas regulatorias, impacto económico) y pide aportaciones a empresas, ONG, expertos, autoridades nacionales y ciudadanía.
  • Evaluaciones de impacto: estudios técnicos y económicos para valorar costes, beneficios y alternativas regulatorias (autorregulación, códigos de conducta, regulación vinculante, etc.).
  • Coordinación interna: varias Direcciones Generales participan (por ejemplo, Mercado Interior, Competencia, Justicia, Digital) para asegurar coherencia con otras normas digitales.

Con esa base, la Comisión elabora un proyecto de reglamento o directiva sobre IA y lo adopta formalmente en el Colegio de Comisarios. A partir de ahí se convierte en una propuesta legislativa oficial y se envía al Parlamento Europeo y al Consejo.

2. Tramitación en el Parlamento Europeo

La propuesta entra en el Parlamento Europeo, que representa directamente a la ciudadanía. Los pasos clave son:

  • Asignación a comisión competente: normalmente una comisión como Mercado Interior, Industria o Libertades Civiles se convierte en comisión principal, y otras pueden emitir dictámenes.
  • Ponente y ponentes en la sombra: cada grupo político nombra responsables que negocian el texto en nombre de sus grupos.
  • Enmiendas: eurodiputados y grupos presentan cambios al articulado (por ejemplo, sobre categorías de riesgo, obligaciones para desarrolladores o prohibiciones de ciertos usos de IA).
  • Votación en comisión: se aprueba un texto consolidado, que se convierte en la posición del Parlamento en primera lectura.
  • Votación en Pleno: todos los eurodiputados votan el texto; si se aprueba, se envía al Consejo.

3. Tramitación en el Consejo de la UE

En paralelo o después, el texto se discute en el Consejo de la Unión Europea, donde se sientan los ministros de los Estados miembros:

  • Primero se trabaja en el nivel técnico (grupos de trabajo de funcionarios nacionales especializados en digital/IA).
  • Después se eleva a los embajadores (Coreper), que afinan las posiciones políticas.
  • Finalmente, la formación del Consejo competente (por ejemplo, ministros de Industria o Digital) adopta una posición del Consejo, normalmente por mayoría cualificada.

El resultado es la llamada “posición del Consejo en primera lectura”, que se compara con la del Parlamento.

4. Trílogos y acuerdo final

Como es habitual que Parlamento y Consejo discrepen en aspectos clave (definición de alto riesgo, sanciones, supervisión, etc.), se abre una fase de negociaciones informales llamadas trílogos, en las que participan:

  • Delegación del Parlamento (ponente y ponentes en la sombra).
  • Presidencia rotatoria del Consejo y representantes de los Estados.
  • Comisión Europea, que actúa como mediadora y asesora técnica.

El objetivo es pactar un texto de compromiso único. Si lo logran, ese acuerdo vuelve formalmente al Pleno del Parlamento y al Consejo para su aprobación definitiva. Si no hay acuerdo, se puede entrar en una segunda lectura más formal e incluso en un comité de conciliación, aunque en la práctica la mayoría de normas de IA se cierran en trílogo.

5. Adopción, publicación y entrada en vigor

Una vez que Parlamento y Consejo aprueban el mismo texto:

  • La norma se firma por los presidentes de ambas instituciones.
  • Se publica en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE).
  • Entrada en vigor: normalmente a los 20 días de su publicación, salvo que el texto disponga otra cosa.

Si es un reglamento (como el AI Act), empieza a ser directamente aplicable, a menudo con periodos transitorios para que empresas y administraciones se adapten. Si es una directiva, los Estados miembros deben transponerla a su derecho interno en un plazo determinado mediante sus propias leyes.

6. Desarrollo técnico: actos delegados y de ejecución

En ámbitos tan técnicos como la IA, la legislación de base suele complementarse con:

  • Actos delegados: la Comisión puede actualizar anexos técnicos (por ejemplo, listas de sistemas de alto riesgo) dentro de límites marcados por la ley.
  • Actos de ejecución: detallan cómo aplicar ciertas obligaciones prácticas, previa consulta a comités de expertos de los Estados miembros.

Esto permite adaptar la regulación de la IA a la evolución tecnológica sin reabrir todo el proceso legislativo completo cada vez.

¿Cuáles son las competencias y funciones de la Data Protection Commission (DPC) de Irlanda según el RGPD?

La Data Protection Commission (DPC) es la autoridad independiente de Irlanda encargada de supervisar y hacer cumplir el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Sus funciones combinan prevención, asesoramiento, investigación y sanción. Además, puede actuar como autoridad principal en tratamientos transfronterizos cuando el establecimiento principal de la empresa en la Unión Europea se encuentra en Irlanda, dentro del reparto de competencias europeo.

1. Supervisar el cumplimiento y proteger derechos

El marco general de las autoridades de control se encuentra en los artículos 51 a 59 del RGPD. Dentro de ese marco, la DPC vigila que los tratamientos de datos personales sujetos a su competencia respeten las obligaciones del Reglamento, tanto en el sector público como en el privado.

Entre sus funciones destacan:

  • Promover el conocimiento de los riesgos, garantías y derechos relacionados con el tratamiento de datos.
  • Informar a responsables y encargados del tratamiento sobre sus obligaciones.
  • Asesorar al Parlamento, al Gobierno y a otras instituciones irlandesas sobre medidas legislativas y administrativas relativas a la protección de datos.
  • Publicar orientaciones para facilitar el cumplimiento, conforme a su misión institucional.

2. Tramitar reclamaciones e investigar

La DPC recibe reclamaciones de personas que consideran que el tratamiento de sus datos vulnera el RGPD. Examina los hechos, puede solicitar información y debe comunicar al reclamante el resultado de sus actuaciones. También puede iniciar investigaciones de oficio, sin una reclamación previa.

Sus investigaciones pueden abordar la licitud del tratamiento, el respeto de los derechos de las personas, la seguridad, las transferencias internacionales o el cumplimiento de obligaciones específicas. Asimismo, recibe y analiza notificaciones de violaciones de seguridad: los responsables deben notificarlas, en principio, en las 72 horas siguientes a conocerlas cuando puedan implicar un riesgo para los derechos y libertades.

3. Ejercer poderes de investigación

El artículo 58.1 permite a la DPC ordenar que se facilite información, realizar auditorías, obtener acceso a los datos personales y a la información necesaria para sus funciones, y acceder a locales y equipos dentro de los límites legales. Estas facultades permiten comprobar el cumplimiento real, no únicamente las políticas declaradas por una organización.

4. Ordenar correcciones e imponer multas

Conforme al artículo 58.2, la DPC puede adoptar medidas adaptadas a la infracción:

  • Emitir advertencias y apercibimientos.
  • Ordenar que se atiendan solicitudes de ejercicio de derechos o que el tratamiento se ajuste al RGPD.
  • Exigir la rectificación, supresión o limitación de datos.
  • Limitar temporalmente o prohibir un tratamiento y suspender transferencias internacionales.
  • Imponer multas administrativas, además de otras medidas correctoras.

Según la infracción, las multas pueden alcanzar 20 millones de euros o el 4 % del volumen de negocio total anual mundial del ejercicio anterior, aplicándose la cantidad mayor. Deben ser efectivas, proporcionadas y disuasorias. Un ejemplo del ejercicio de estas facultades es la decisión sobre Meta de septiembre de 2024.

5. Cooperar en asuntos transfronterizos

Mediante la ventanilla única, la DPC puede dirigir procedimientos relativos a tratamientos transfronterizos de empresas cuyo establecimiento principal europeo está en Irlanda. No decide aisladamente: el artículo 60 exige cooperación con las autoridades de los demás Estados afectados, que pueden formular objeciones.

Los desacuerdos pueden someterse al Comité Europeo de Protección de Datos. Por tanto, ser autoridad principal no supone tener competencia exclusiva sobre todas las actividades de una multinacional; así lo ilustra el procedimiento sobre Microsoft.

Finalmente, la DPC debe respetar las garantías procedimentales y sus decisiones están sujetas a control judicial. Sus competencias sobre privacidad electrónica y tratamientos policiales derivan de otros regímenes jurídicos y deben distinguirse de las atribuidas por el RGPD.

¿Qué trayectoria profesional y política tiene António Costa antes de presidir el Consejo Europeo?

António Costa llegó a la presidencia del Consejo Europeo con una trayectoria que combinaba el ejercicio de la abogacía, responsabilidades parlamentarias, varios ministerios, la alcaldía de Lisboa y más de ocho años como primer ministro de Portugal. Miembro del Partido Socialista portugués (PS), había trabajado en los ámbitos municipal, nacional y europeo antes de asumir la presidencia de la institución el 1 de diciembre de 2024.

Formación jurídica y primeros pasos

Nacido en Lisboa el 17 de julio de 1961, Costa se licenció en Derecho por la Universidad de Lisboa y completó un posgrado en Estudios Europeos en la Universidad Católica Portuguesa. Durante su etapa universitaria participó en la organización estudiantil y en publicaciones de su facultad. Ejerció como abogado entre 1985 y 1995 y retomó esa actividad entre 2002 y 2004, según su biografía oficial.

Su carrera institucional comenzó en el ámbito local: fue miembro de la Asamblea Municipal de Lisboa entre 1982 y 1993 y concejal de Loures entre 1993 y 1995. Desde 1987 formó parte de la dirección del PS. En 1991 llegó a la Asamblea de la República, iniciando una trayectoria nacional que alternaría con responsabilidades ejecutivas.

Del Parlamento al Gobierno portugués

En los gobiernos de António Guterres ocupó sucesivamente tres responsabilidades:

  • 1995-1997: secretario de Estado de Asuntos Parlamentarios.
  • 1997-1999: ministro de Asuntos Parlamentarios.
  • 1999-2002: ministro de Justicia.

Tras esa primera etapa gubernamental, presidió el grupo parlamentario socialista entre 2002 y 2004. Su recorrido reunía así experiencia en la relación entre Gobierno y Parlamento, dirección de un ministerio y coordinación parlamentaria.

Experiencia europea y regreso a Lisboa

Entre 2004 y 2005 fue eurodiputado y vicepresidente del Parlamento Europeo. Fue su primera responsabilidad institucional europea, anterior en casi dos décadas a su elección al frente del Consejo Europeo.

En 2005 regresó al Ejecutivo portugués como ministro de Estado y de Administración Interna en el Gobierno de José Sócrates, una cartera equivalente, en términos generales, a Interior. La dejó en 2007 para concurrir a las elecciones municipales de Lisboa.

Fue alcalde de Lisboa entre 2007 y 2015 y obtuvo mayoría absoluta en las elecciones municipales de 2009. Entre 2013 y 2015 también presidió el Consejo Metropolitano de Lisboa. Esta etapa prolongó su experiencia de gestión local antes de acceder a la jefatura del Gobierno nacional.

Liderazgo socialista y etapa como primer ministro

En 2014 se convirtió en secretario general del PS. Aunque su partido quedó segundo en las elecciones legislativas de 2015, alcanzó acuerdos parlamentarios con el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués que le permitieron convertirse en primer ministro.

Su permanencia al frente del Gobierno atravesó tres legislaturas: en 2019 ganó las elecciones sin mayoría absoluta y en 2022 consiguió esa mayoría. Estos hitos aparecen recogidos en el perfil de Demócrata publicado con motivo de su designación europea.

En noviembre de 2023 presentó su dimisión como primer ministro en el contexto de una investigación judicial en Portugal; esa circunstancia no debe confundirse con una declaración de culpabilidad. Dejó formalmente la secretaría general socialista en enero de 2024 y su etapa al frente del Gobierno terminó en 2024.

El paso al Consejo Europeo

Los dirigentes de los 27 Estados miembros lo eligieron presidente del Consejo Europeo el 27 de junio de 2024. Sucedió a Charles Michel el 1 de diciembre. Su llegada culminó un recorrido por la abogacía, dos parlamentos, varios ministerios, la gestión municipal y la jefatura del Gobierno portugués.

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