La terapia de Rutte para salvar una OTAN al borde de otra bronca con Trump

La cumbre de Ankara pone a prueba la estrategia de consenso de Mark Rutte frente a un Donald Trump que vuelve a desafiar a sus aliados europeos con nuevas amenazas sobre el despliegue militar estadounidense y la soberanía de Groenlandia

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Desde Ankara, enviado especial.– "Las terapias de pareja no existen para aquellos a los que les va bien", resume una fuente gubernamental comunitaria horas antes de una reunión que ya se define como "clave" para la seguridad transatlántica. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, recurrió a una metáfora similar al describir unas relaciones entre aliados que, "internamente", atraviesan discusiones, pero que "después las resuelven para mantenerse unidos". La sala de consultas será el complejo presidencial de Turquía, en Ankara. Allí acudirán los treinta y dos aliados, un año después de haber firmado el compromiso de alcanzar el 5% del PIB en gasto en Defensa durante la próxima década.

La cumbre del consenso que Rutte quiere preservar

Rutte, que ejercerá de improvisado terapeuta de la Alianza, ha intentado por todos los medios que la cumbre de este año sea la del consenso. Con ese objetivo viajó la semana pasada a Washington para presentar al presidente estadounidense, Donald Trump, casi como un trofeo, los avances realizados por los socios europeos en materia de Defensa. La intención era trasladar a la Casa Blanca la idea de que Europa ha acelerado su inversión militar y que la exigencia estadounidense empieza a traducirse en resultados.

En esa misma línea, durante su primera intervención pública en Ankara, el secretario general respaldó sin matices la estrategia de Washington para "alentar firmemente a los aliados a avanzar hacia el 5% con el objetivo de garantizar que la producción de la industria de Defensa siga aumentando".

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Sin embargo, el método del neerlandés dista mucho de las amenazas que ya forman parte de la retórica habitual del inquilino del Despacho Oval. Mientras Trump acostumbra a recurrir a la presión pública, Rutte optó por exhibir hechos. En la jornada previa a la reunión de los jefes de Estado y de Gobierno anunció un plan de inversión de 40.000 millones de euros destinado a aumentar durante los próximos cinco años la producción de sistemas de vigilancia aérea mediante drones.

Además, durante el foro que reunió a los principales representantes institucionales y empresariales del sector de la Defensa presentó nuevos proyectos para reforzar el transporte aéreo estratégico, las capacidades militares de alta gama y varias iniciativas destinadas a garantizar el suministro de materias primas críticas para la industria militar. Todo ello con un objetivo claro: demostrar que la OTAN ya está transformando su base industrial y que Europa empieza a asumir una mayor parte del esfuerzo colectivo.

Trump vuelve a elevar el tono contra Europa

Ni siquiera ese despliegue de anuncios consiguió rebajar el tono de Trump. Apenas unos minutos después de aterrizar en Turquía, el presidente estadounidense volvió a cargar contra varios de sus principales socios europeos. En concreto, dirigió sus críticas hacia Italia, Alemania, Francia y Reino Unido, a quienes acusó de haber dado un "plantón" a Estados Unidos durante la guerra de Irán.

Las fuentes diplomáticas confiaban en que, durante la reunión de este miércoles, no se reprodujeran los choques que marcaron la última cumbre de La Haya. Sin embargo, la incertidumbre sigue muy presente entre las delegaciones europeas.

Consciente de que la Administración estadounidense es imprescindible para el funcionamiento actual de la Alianza, pero también de que la imprevisibilidad de Trump obliga a preparar escenarios alternativos, el bloque comunitario acelera ya los trabajos para una progresiva "europeización de la OTAN", un concepto que tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como el presidente del Consejo Europeo, António Costa, defendieron este martes desde Ankara.

La idea lleva meses madurándose entre los diplomáticos europeos y consiste en que los Veintisiete asuman progresivamente capacidades que hasta ahora dependían casi exclusivamente de Washington. No se trata únicamente de aumentar el gasto, sino de reducir la dependencia tecnológica, industrial y operativa respecto a Estados Unidos.

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España acelera sus compromisos militares

España quiere presentarse en Ankara como uno de los aliados que más ha avanzado en ese proceso. En el Ministerio de Defensa se valoran especialmente los refuerzos previstos en seguridad aérea, el incremento de las capacidades navales y las nuevas inversiones en inteligencia militar.

La encargada de visualizar ese compromiso fue la secretaria de Estado de Defensa, María Amparo Valcarce, quien rubricó este martes la incorporación española al nuevo proyecto para desarrollar las capacidades del Airbus A400M. Estos aviones están concebidos para desempeñar misiones de transporte aéreo estratégico, reabastecimiento en vuelo, evacuación médica, despliegue rápido de tropas y traslado de material pesado.

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Junto a ello, el Gobierno confirmó también la participación española en nuevos proyectos de vigilancia del Atlántico, considerados prioritarios por la OTAN dentro de su estrategia para reforzar el flanco occidental de la Alianza y mejorar la protección de infraestructuras críticas.

Fuentes del Ejecutivo consideran que estas decisiones acreditan que España está incrementando de forma sustancial sus capacidades militares, incluso aunque continúe rechazando el compromiso político de elevar el gasto hasta el 5% del PIB.

La amenaza del repliegue estadounidense

Trump volvió a elevar la presión desde el despacho del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, al plantear públicamente la posibilidad de retirar todas las tropas estadounidenses desplegadas en Europa como represalia por la negativa de Dinamarca a negociar la cesión de la soberanía de Groenlandia.

La amenaza, aunque de enorme calado estratégico, no altera por el momento los cálculos del Gobierno español. En La Moncloa consideran que un eventual repliegue estadounidense tendría consecuencias para el conjunto de la arquitectura de seguridad europea, pero no creen que afecte de forma inmediata a la protección del territorio nacional.

En el Ejecutivo recuerdan que España mantiene una relación estratégica consolidada con Estados Unidos y que las bases militares instaladas en territorio español continúan desempeñando un papel fundamental para las operaciones de la OTAN en el Mediterráneo y África.

Sánchez llega dispuesto a plantar cara

El Gobierno de Pedro Sánchez sostiene que acude a la cumbre "con la cabeza alta", convencido de haber cumplido con buena parte de los compromisos adquiridos durante el último año mediante un incremento notable de sus aportaciones a la Alianza.

Por ese motivo, fuentes próximas al presidente se muestran desafiantes frente a las críticas procedentes de Washington e invitan a la Administración estadounidense a demostrar cuáles son las "evidencias empíricas" en las que basa sus reproches, cuya credibilidad cuestionan abiertamente.

Lejos de rebajar el tono, Sánchez pretende aprovechar la reunión de este miércoles para reivindicarse como un aliado fiable sin necesidad de asumir el objetivo del 5%, una cifra que continúa siendo motivo de discrepancia incluso con el propio Rutte. El secretario general insiste en que resulta muy difícil cumplir los nuevos objetivos de capacidades militares sin alcanzar ese porcentaje de inversión.

Pese a ello, el Ejecutivo español considera que dispone de margen político para defender su posición. En La Moncloa creen percibir, entre distintos equipos diplomáticos europeos, un creciente malestar con las formas empleadas por la Administración Trump durante los últimos meses, lo que reforzaría la estrategia española de diferenciar el debate sobre capacidades militares del debate estrictamente presupuestario.

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La apuesta española por otra industria de Defensa

La estrategia diseñada por el Ejecutivo pasa por marcar distancias tanto con Trump como con Rutte en determinados aspectos del debate. España defenderá una industria europea de Defensa orientada prioritariamente hacia la disuasión, la innovación tecnológica y el fortalecimiento de la autonomía industrial del continente.

El Gobierno insistirá en que la OTAN no dispone de mecanismos jurídicos que permitan obligar a un Estado miembro a asumir un objetivo financiero al que nunca se comprometió formalmente. Esa seguirá siendo la principal línea argumental de la delegación española durante las conversaciones.

Al mismo tiempo, Sánchez sostendrá que, según las evaluaciones técnicas que maneja el Ejecutivo, España figura entre los aliados que más han acelerado el desarrollo de capacidades militares durante el último ejercicio, una evolución que, a juicio del Gobierno, debería pesar tanto como el porcentaje exacto de gasto sobre el PIB.

No obstante, el presidente español evitará convertir el debate en un enfrentamiento personal con Rutte. Las mismas fuentes gubernamentales reconocen que el secretario general necesita realizar "determinadas concesiones retóricas" hacia algunos aliados para preservar la cohesión de la organización y facilitar los consensos.

Con ese delicado equilibrio entre las exigencias de Washington, las reservas de algunos gobiernos europeos y la necesidad de mantener la unidad de la Alianza, los treinta y dos aliados acudirán este miércoles a una cita que muchos describen como una auténtica sesión de terapia colectiva. Rutte lleva meses preparando un diagnóstico capaz de mantener unido al paciente atlántico. Lo que no esperaba era que varios de sus clientes llegaran a Ankara dispuestos a cuestionar el tratamiento antes incluso de entrar en la consulta.

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