Hasta Montreal han viajado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, para sellar con Canadá su "Alianza para el Futuro". Un nuevo paso en el acercamiento al que Bruselas considera su "socio más europeo", en un momento en el que el continente busca proyectar su influencia política y económica más allá de sus fronteras. La nueva relación, pese a no incorporar finalmente la etiqueta de "miembro asociado" planteada inicialmente por el Ejecutivo comunitario, permitirá reforzar la coordinación comercial, política y regulatoria entre ambas potencias.
De la cumbre de esta semana, los negociadores salen con un nuevo Acuerdo de Comercio Digital bajo el brazo, que complementará al actual Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA). La intención es establecer un marco "moderno" para este sector, mejorando "la seguridad jurídica y la previsibilidad", facilitando los flujos transfronterizos de datos y aumentando la confianza "en la economía digital para empresas y consumidores".
En paralelo, Ottawa se ha comprometido a participar en la Empresa Común Europea de Computación de Alto Rendimiento (EuroHPC). Fuentes comunitarias apuntan a que este movimiento contribuirá a reforzar las conexiones "entre recursos de supercomputación y allanará el camino para integrar aún más nuestros ecosistemas de innovación en IA".

De esta manera, los equipos liderados por Von der Leyen y el primer ministro canadiense, Mark Carney, se comprometen a "profundizar la cooperación" en ámbitos como la investigación, la innovación y las tecnologías emergentes. En ese sentido, uno de los objetivos pasa ahora por integrar a Canadá en el programa Horizonte Europa, con especial atención a materias estratégicas como la "inteligencia artificial, las tecnologías cuánticas, los semiconductores, la fotónica y la computación avanzada".
Las negociaciones también han reservado un espacio específico para las pequeñas y medianas empresas. Ambas partes quieren facilitar que las pymes puedan acceder a las infraestructuras digitales, los conocimientos especializados, los instrumentos de financiación y las oportunidades de investigación pertinentes. Se trata de extender los beneficios de esta cooperación tecnológica más allá de las grandes compañías y favorecer la participación del tejido empresarial de ambas economías.
Interoperabilidad regulatoria y acceso recíproco a los mercados de IA
La declaración final reserva un apartado explícito para la seguridad de la inteligencia artificial y la interoperabilidad de los modelos y sistemas emergentes, así como de los respectivos marcos regulatorios digitales. Un compromiso con el que Bruselas y Ottawa buscan aproximar sus ecosistemas tecnológicos y facilitar la actividad de las empresas en ambos mercados.
"Apoyaremos el acceso recíproco a nuestros respectivos mercados digitales, incluso en el ámbito de los servicios e infraestructuras de nube e IA", recoge el documento suscrito por ambas partes.
La cooperación no se limita, por tanto, al intercambio comercial, sino que incorpora una dimensión regulatoria con la que ambas potencias aspiran a reforzar la compatibilidad de sus respectivos marcos normativos. Una aproximación especialmente relevante en un contexto marcado por el desarrollo de nuevas obligaciones digitales y la creciente importancia estratégica de las infraestructuras de computación y los servicios en la nube.
Materias primas críticas, inversiones y política de Competencia
En el capítulo económico, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha alcanzado un acuerdo para facilitar las inversiones europeas en recursos canadienses, especialmente en el ámbito de las materias primas críticas. Una iniciativa que se enmarca en los esfuerzos comunitarios por diversificar sus cadenas de suministro y reforzar el acceso a recursos considerados estratégicos para la industria europea.
Del mismo modo, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, habría logrado estrechar la coordinación entre las autoridades de Competencia de ambas potencias, con el objetivo de "abordar de manera más eficaz las conductas anticompetitivas y fomentar un mercado más abierto".
La declaración que pone punto final a dos días de trabajo al otro lado del Atlántico también reconoce la intención de Canadá de adherirse al préstamo de apoyo a Ucrania de 90.000 millones de euros que los europeos acordaron hace un año. Un movimiento que incorpora una dimensión financiera y de seguridad al acercamiento entre Bruselas y Ottawa.
"Aspiramos a crear oportunidades sin precedentes para nuestros pueblos y a ofrecer una cooperación ambiciosa en las siguientes áreas: comercio y cooperación regulatoria; tecnologías digitales, de investigación y de comunicación; materias primas críticas y energía; servicios y mercados financieros; seguridad y preparación; y relaciones entre personas", recoge el comunicado conjunto.
Una asociación sin (todavía) la etiqueta de miembro asociado
Más allá de los acuerdos sectoriales, Carney sí ha querido recuperar durante su intervención la propuesta de convertir a Canadá en el primer Estado miembro asociado de la Unión Europea, una fórmula puesta sobre la mesa por la propia Ursula von der Leyen durante su discurso sobre el estado de la Unión.
El primer ministro canadiense ha celebrado que ambas potencias estén estrechando sus vínculos "lo más estrechamente posible nunca" con el objetivo de "crear oportunidades para los ciudadanos". Sin embargo, el concepto de miembro asociado no aparece finalmente recogido en las conclusiones del encuentro, después de que algunos Estados miembros expresaran su escepticismo durante las reuniones preparatorias.
La ausencia de esta denominación en el texto final no supone, por ahora, el abandono de la iniciativa, aunque deja pendiente la definición de su eventual alcance político e institucional. Carney ha dejado la puerta abierta a que en noviembre su equipo trabaje junto con los europeos para concretar estas cuestiones. "Hoy, avanzamos hacia la membresía asociada para Canadá, y lanzamos una Nueva Alianza para el futuro que entregará ahora y en el futuro con naciones afines. Apenas estamos comenzando", ha explicado. De hecho, en junio participará en la reunión del Consejo Europeo con la intención de que entonces el proceso esté completado.
Bruselas y Ottawa avanzan así en la integración de sus relaciones comerciales y regulatorias sin concretar todavía el encaje de Canadá en esta nueva fórmula de asociación. "En los próximos meses determinaremos la escala sustancial completa y el alcance de esta nueva forma de membresía", ha afirmado Carney durante la rueda de prensa posterior a la firma de los acuerdos.
El dirigente canadiense participará, además, el próximo mes en la reunión de la Comunidad Política Europea que se celebrará en Dublín. Una presencia con la que ambas partes pretenden dar continuidad política al acercamiento y trasladar los compromisos alcanzados en Ottawa a los próximos encuentros de los líderes europeos.