Bruselas propone a Canadá una relación abierta, pero los Veintisiete discrepan de las condiciones

La UE busca elevar sus vínculos con Ottawa a un nivel sin precedentes, pero las reticencias de capitales como Roma y Atenas han obligado a aparcar la fórmula de membresía asociada. La nueva Alianza para el Futuro aspira a profundizar la integración política, económica e institucional sin abrir la puerta a una adhesión

European Parliament

European Parliament

Añadir DEMÓCRATA en Google

Pregunta a FREN

Publicado

6 minutos

Más leídas

Elecciones 29N · Encuestas

La media de las encuestas

Media a 27 de octubre de 2026 · 15 institutos

  • PP31,0 %
  • PSOE27,3 %
  • Vox18,9 %
  • Sumar6,3 %
  • Podemos2,9 %
  • ERC2,3 %
010203040ene 2024jul 2024ene 2025jul 2025ene 2026jul 2026

Media del último estudio de cada instituto en 30 días y su evolución semanal desde el 23J. Partidos con al menos un 2 %.

Todas las encuestas

Elecciones generales del 29 de noviembre · Demócrata

“Sin etiquetas”. “Lo hacemos y ya vemos”. “Yo soy más de fluir”. “¿Por qué tenemos que ponerle nombre a lo nuestro?”. En tiempos de relaciones abiertas y poliamor, parece estar pasado de moda eso del compromiso. Bien lo sabe la Unión Europea, que, a escasas horas de sentarse a la mesa con Canadá, todavía “no sabe muy bien lo que quiere”. Una cumbre que había sido agendada bajo la premisa del “tenemos que hablar”, después de que la presidenta Ursula von der Leyen ofreciese una suerte de membresía asociada, y que ahora se encamina hacia el “no es por ti, es por mí”.

Escasas horas antes de que la dirigente comunitaria, junto con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, aterrizase en Ottawa, las delegaciones diplomáticas seguían sin alcanzar un acuerdo sobre los términos exactos de las conclusiones finales. “Estamos hablando de una asociación política e institucional más amplia y profunda, y de construir la asociación más estrecha jamás vista entre la UE y Canadá”, explican ahora fuentes comunitarias.

En un primer momento, lo que Bruselas proponía era declarar al país norteamericano como “Estado miembro asociado”, emplazando a posteriores “trabajos de imaginación” para concretar los detalles de esta colaboración. Sin embargo, la fórmula no ha terminado de convencer a todos los Estados miembros.

Según ha podido confirmar Demócrata, capitales como Roma o Atenas mostraron su descontento durante las reuniones diplomáticas preparatorias de la cumbre. Los gabinetes pasaron entonces a referirse a la asociación como una “Alianza para el Futuro”, una denominación menos comprometida jurídicamente, pero que mantiene intacta la ambición política de la propuesta.

“Lo que intentamos hacer es crear un espacio común para la prosperidad y la seguridad económica”, resume un diplomático por los pasillos del Consejo Europeo.

Amigos con derechos: una asociación sin adhesión

“Una asociación sin adhesión”, resumen las fuentes consultadas. Hasta el último momento, los equipos negociadores han estado trabajando para dotar de contenido a “una asociación que se acerque más a la membresía de lo que jamás hayamos hecho antes”. Una fórmula inédita con la que la Unión Europea pretende estrechar sus vínculos con Ottawa sin recurrir a los mecanismos tradicionales de integración comunitaria.

La intención es que esta nueva relación se articule sobre tres grandes pilares: políticas, programas y gobernanza. Costa considera que ambas potencias han sido “durante mucho tiempo amigos cercanos”, por lo que ha llegado el momento de elevar la relación “al siguiente nivel con el lanzamiento de la Alianza para el Futuro”.

European Parliament
European Parliament -

En el plano político, las dos partes aspiran a profundizar su colaboración en ámbitos como el clima, la energía, la inteligencia artificial, la innovación o la seguridad. Para ello, se establecería un sistema de consultas que permitiría a ambas potencias coordinarse “en etapas clave, desde la concepción hasta la implementación” de sus respectivas iniciativas, con el objetivo de “limitar cualquier barrera”.

Bruselas también busca que Ottawa participe más plenamente en los programas comunitarios, ampliando la cooperación bajo iniciativas como Horizonte Europa o Erasmus+. Los europeos quieren “que nuestra gente pueda estudiar, investigar e innovar junta”, reforzando así una integración que no se limitaría a las relaciones diplomáticas entre los respectivos ejecutivos.

Una arquitectura institucional todavía por definir

La última arista de la ecuación es el marco institucional. Von der Leyen y Costa propondrán establecer consultas regulares entre el Gobierno canadiense y la Comisión Europea. De hecho, la presidenta del Ejecutivo comunitario estará acompañada durante su visita por cuatro vicepresidentes ejecutivos y seis comisarios, una delegación que refleja la dimensión transversal que Bruselas pretende otorgar a esta nueva etapa.

Las mismas fuentes hablan de extender la colaboración a otros niveles institucionales: “Que los parlamentos realicen consultas parlamentarias, que las regiones se hablen entre sí, que los tribunales se hablen entre sí”. Se trataría, por tanto, de construir una estructura de cooperación que trascienda los encuentros bilaterales entre dirigentes y permita establecer canales permanentes de interlocución entre las distintas instituciones de ambos territorios.

“Seamos honestos, es un territorio poco explorado”, reconoce un alto diplomático conocedor de los detalles de las reuniones previas a la cita. Pese a ello, los negociadores se marcan como objetivo profundizar en esta dirección durante los próximos doce meses, trabajando con “ambición, confianza, creatividad y visión”. El último borrador de conclusiones de la cumbre hace un llamamiento a “establecer una relación aún más estrecha”. Tras recibir el visto bueno de los Veintisiete, Von der Leyen, Costa y Canadá sellarán un acuerdo que “permitirá coordinar nuestras respuestas ante desafíos compartidos”.

De esta manera, ambas partes se comprometerán a dar “continuidad a estos intercambios mediante cumbres periódicas y comités ministeriales de cooperación conjuntos”. La intención es que la nueva alianza no quede reducida a una declaración política, sino que disponga de mecanismos estables para desarrollar y supervisar los compromisos adquiridos.

Del CETA al comercio digital: una relación que también mira a las empresas

La UE mira a Canadá como una reafirmación de su política de cooperación “en un mundo de creciente incertidumbre”. Una aproximación que también tendrá consecuencias en ámbitos no estrictamente políticos, especialmente en las relaciones económicas y comerciales. En este sentido, ambas partes prevén sellar un “acuerdo histórico” en materia de comercio digital, concebido como una suerte de extensión del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), que actualmente vertebra buena parte de los intercambios entre ambos mercados.

European Parliament
European Parliament -

Sin ir más lejos, la cumbre también acogerá un foro de líderes empresariales al que asistirán los dos mandatarios comunitarios, con la pretensión de crear una estructura permanente de compromiso corporativo que contará con los consejeros delegados de una docena de las principales compañías canadienses. “Nuestro compromiso con Canadá en tecnologías emergentes va desde la inteligencia artificial y la computación cuántica hasta la supercomputación”, explican fuentes comunitarias desde la rotonda Schuman.

Actualmente, en virtud del CETA, ambas potencias mantienen suprimidos los aranceles sobre el 98% de las líneas arancelarias, además de haber acordado la eliminación gradual de prácticamente todos los restantes. Una base comercial sobre la que Bruselas pretende construir una relación más profunda, extendiendo la cooperación hacia sectores estratégicos y tecnologías emergentes. La colaboración tampoco se limita al terreno económico. Canadá es, además, el único país no europeo que participa en la iniciativa de seguridad para Europa (SAFE), el instrumento comunitario de préstamos destinado a movilizar inversiones en defensa y favorecer las adquisiciones conjuntas de equipamiento militar por parte de los Estados participantes.

Carney y la búsqueda de una tercera vía sin convertirse en un tercer bloque

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ya dejó claras las bases de esta nueva relación durante su intervención de septiembre ante el Parlamento Europeo. “No propongo un tercer bloque para convertirse en rival de las grandes potencias, solo que con mejores modales”, sentenció entonces, tratando de diferenciar su propuesta de quienes utilizan el “poder para dominar a otros”.

Canadá y la Unión Europea, defiende el dirigente canadiense, deben reforzar conjuntamente su resiliencia “para que nadie pueda controlar nuestros mercados abiertos”. Una reivindicación de la cooperación entre socios que comparten intereses económicos y estratégicos, pero que también buscan reducir su exposición a las dependencias exteriores.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante el discurso de la Unión. Fred Marvaux/EU Parliament/dpa

Noticia destacada

Europa

Canadá quiere entrar sin entrar

9 minutos

Según Carney, “la influencia de los poderosos en una relación de explotación colapsa mucho antes de que se alcance la independencia completa”. Es precisamente sobre esa premisa sobre la que Bruselas y Ottawa intentarán construir su nueva alianza: una relación más estrecha en lo político, lo económico y lo institucional, aunque todavía sin una fórmula jurídica definitiva que permita ponerle nombre. Por ahora, la Unión Europea parece tener claro que quiere dar el siguiente paso con Canadá. Lo que todavía no ha resuelto es cómo definir exactamente lo suyo.