El eurodiputado del PSdeG, Nicolás González Casares, ha mostrado su satisfacción porque la Comisión Europea asuma que la descarbonización “sigue siendo fundamental” para la economía de la Unión Europea, pese a que la relajación de la senda de reducción de emisiones, que pasará del 4,4% actual al 3,7% para el periodo 2031-2035, “no es una buena noticia, pero se reconoce el papel fundamental del mercado del carbono para la arquitectura económica europea”.
“Doblar la electrificación es positivo para 2040, pero lo importante es seguir avanzando hacia un sistema eléctrico cada vez más descarbonizado; por lo tanto, las renovables serán esenciales”, ha indicado el europarlamentario en una nota remitida a los medios.
Casares ha valorado el reciente paquete de medidas de la Comisión Europea sobre competitividad y descarbonización, que incorpora la revisión del régimen europeo de comercio de derechos de emisión (ETS) y el nuevo Plan de Acción para la Electrificación. “La Comisión ha entendido que la descarbonización sigue siendo un elemento central para el futuro económico de Europa y no un obstáculo para su competitividad”, ha subrayado.
El representante gallego en la Eurocámara admite que la flexibilización de determinados criterios del ETS “no es una buena noticia”, pero considera que el mensaje político de Bruselas resulta inequívoco. “Europa mantiene el mercado del carbono como una de las piezas fundamentales de su arquitectura económica y climática. El ETS sigue siendo el principal instrumento para incentivar la descarbonización de la industria y orientar la inversión hacia tecnologías limpias”, ha recalcado.
Casares ha incidido en que la fuerte dependencia de la Unión Europea de los combustibles fósiles importados continúa siendo uno de los principales elementos que lastran la competitividad económica del bloque y lo hacen más vulnerable a las tensiones geopolíticas.
“La mejor política industrial para Europa pasa por consumir menos combustibles fósiles y más electricidad renovable producida en casa. Eso reduce costes, aumenta nuestra autonomía estratégica y genera nuevas oportunidades para la industria europea”, ha defendido.
En este contexto, el eurodiputado ha celebrado que la Comisión sitúe la electrificación como prioridad estratégica y marque como meta alcanzar un 46% de electrificación en el consumo final de energía de aquí a 2040.
“Aunque se trate de un objetivo indicativo, es una dirección correcta. Electrificar significa sustituir combustibles fósiles por electricidad limpia en el transporte, la industria y los edificios. Pero este objetivo debe ir acompañado de un despliegue mucho más ambicioso de las energías renovables, del almacenamiento y de las redes eléctricas más allá de 2030. No basta con consumir más electricidad; esa electricidad debe ser cada vez más limpia y de origen europeo”, ha remarcado.
Asimismo, Casares ha recibido con buenos ojos el objetivo de llegar a 200 GW de almacenamiento energético en 2030 y el anuncio de una retirada progresiva de las ayudas públicas a los combustibles fósiles.
Medidas y ambición del Plan de Acción para la Electrificación
A su entender, ambas decisiones “son coherentes con una transición energética que permita reducir las facturas energéticas, reforzar la seguridad de suministro y mejorar la competitividad de la industria europea”.
Sin embargo, el eurodiputado ha lamentado que la propuesta definitiva haya rebajado algunos de los niveles de ambición que figuraban en los primeros borradores del Plan de Acción para la Electrificación.
Entre los retrocesos, ha señalado la supresión del objetivo de sumar 100 GW adicionales de potencia renovable cada año hasta 2030 y la rebaja de las metas de despliegue de bombas de calor, también en edificios públicos. “Si queremos electrificar nuestra economía, necesitamos acelerar también la generación renovable. Son dos caras de la misma moneda”, ha advertido.
Además, ha puesto en valor que el nuevo Plan de Acción para la Electrificación “reconoce la necesidad de que el despliegue de centros de datos sea más sostenible, aunque no lo suficiente”, echando en falta herramientas como criterios de adicionalidad renovable y obligaciones de aportar flexibilidad al sistema por parte de los nuevos centros de datos.
Casares también observa con prudencia las disposiciones incluidas en la propuesta legislativa sobre tarifas de red que acompaña al paquete, en la que se fijan orientaciones para evitar el acaparamiento y la especulación en el acceso a la red, así como la posible introducción por los Estados miembros de regímenes de tarifas específicas para centros de datos que reflejen de forma proporcional su impacto en el coste de la red.
Por último, el eurodiputado ha recalcado que la prioridad inmediata debe ser aplicar de forma plena la normativa ya aprobada en la pasada legislatura, en especial la Directiva de Energías Renovables (RED III), con el fin de acelerar la descarbonización y afianzar el liderazgo industrial europeo. “La transición energética no es un coste para Europa; es su mayor oportunidad económica, industrial y geopolítica”, ha concluido.