Las fuerzas de la coalición para Yemen liderada por Arabia Saudí han reiterado en la noche de este domingo que “continúan brindando pleno apoyo” a las Fuerzas Armadas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente. El mensaje llega después de que el presidente, Rashad al Alimi, anunciara el inicio de una amplia contraofensiva destinada a expulsar a las milicias rebeldes hutíes de la capital, Saná, tras más de diez años bajo su dominio, y a derrotar al movimiento en todo el territorio nacional.
“El Mando de Fuerzas Conjuntas de la Coalición continúa brindando pleno apoyo operativo a las Fuerzas Armadas yemeníes, reafirmando su postura junto al gobierno legítimo de Yemen y al hermano pueblo yemení para poner fin al golpe de Estado y restaurar el Estado y sus instituciones nacionales con el fin de construir el futuro de Yemen”, ha indicado el portavoz de la coalición, Turki al Maliki, en un comunicado difundido a través de redes sociales.
El representante militar ha responsabilizado a las milicias del movimiento Ansar Alá de imponer sobre la población un “bloqueo interno, el desplazamiento forzoso de ciudadanos de sus ciudades y pueblos, la hambruna, así como el saqueo y el racionamiento de sus recursos para explotarlos en su supuesto 'esfuerzo bélico'”.
Al Maliki ha añadido que estas fuerzas cometen “abusos dirigidos contra ancianos y miembros de las tribus, destrucción del tejido social de todos los segmentos de la sociedad yemení, el terror infligido a las mujeres y el reclutamiento de niños soldado para servir a su proyecto criminal”, calificando estas prácticas como “violaciones flagrantes que han traído desgracias y largos años de sufrimiento al pueblo yemení”.
El portavoz ha recordado igualmente los ataques atribuidos a las milicias hutíes contra Arabia Saudí, mencionando en particular “sus intentos de atacar la Capital Sagrada (La Meca) y la Ciudad del Profeta (Medina)”, acciones negadas por los insurgentes pero condenadas por numerosos países de la región, aliados de Riad y distintas organizaciones políticas e islámicas internacionales.
En paralelo, el comunicado señala “ataques deliberados y sistemáticos contra civiles y objetivos civiles en varias ciudades del Reino (Riad, Abha, Jamis Mushait, Jazan, Najrán, Taif y Yanbu), así como sus intentos de atacar buques del Reino en el sur del mar Rojo y en el estrecho de Bab el Mandeb”. Según Al Maliki, todo ello “hace necesaria la continuidad de medidas vitales y esenciales para disuadir los actos hostiles de la milicia terrorista hutí y proteger así la seguridad regional e internacional”.
El portavoz ha recalcado que “el Reino posee el derecho inherente de defender su soberanía, proteger su seguridad y adoptar todas las medidas operativas necesarias para disuadir a esta milicia y detener sus graves violaciones, en cumplimiento de su responsabilidad nacional hacia las Dos Mezquitas Sagradas, sus ciudadanos, sus activos nacionales y los residentes en su territorio”.
En esta línea, el vocero de la coalición ha subrayado “la postura constante del Reino de apoyar a Yemen hasta que se restablezca plenamente el Estado y sus instituciones, se elimine la milicia terrorista hutí y se ponga fin a su amenaza a la libertad de navegación marítima en el sur del mar Rojo y en el estrecho de Bab el Mandeb”.
“Dicha amenaza socava la seguridad regional e internacional, pone en peligro la libertad de navegación y el comercio internacional, que constituyen la columna vertebral de la economía mundial, y compromete directamente la seguridad internacional y los intereses nacionales de todas las naciones”, ha enfatizado Al Maliki.
Las declaraciones del portavoz se han producido pocas horas después de que el presidente yemení, Rashad al Alimi, confirmara “el inicio de las operaciones militares para recuperar los territorios restantes de la República y extender la autoridad del Estado y sus instituciones sobre todo el territorio nacional”.
Las fuerzas leales al Gobierno, reubicadas temporalmente en la ciudad costera de Adén, reaccionan así a la ofensiva lanzada un mes antes por los hutíes en áreas de las provincias de Taiz y Hodeida. Desde allí, los rebeldes han conseguido avances significativos, entre ellos el control de la ciudad de Moca y de zonas próximas al estrecho de Bab el Mandeb, lo que supone un serio revés para las autoridades reconocidas internacionalmente.
La violencia se ha intensificado todavía más este fin de semana, con un intercambio de fuertes bombardeos entre los hutíes y las fuerzas saudíes, aliadas del Ejecutivo asentado en Adén. Los ataques han alcanzado los alrededores de la capital, Saná, y las regiones saudíes de Asir, donde una persona ha resultado herida, y Najrán.
Este repunte de los combates se produce tras más de una década de guerra civil, iniciada cuando los hutíes se hicieron con el control de Saná y de amplias zonas del país a finales de 2014, un conflicto que ha terminado de arrasar al que ya era uno de los Estados más pobres del planeta.
En los últimos años, la guerra había quedado parcialmente relegada, con una reducción relativa de los choques directos, algunos intercambios de prisioneros y un frente interno más contenido, mientras ganaban protagonismo las operaciones de los hutíes contra Israel y contra la navegación en el mar Rojo, llevadas a cabo por encargo de Irán y presentadas como respaldo a la causa palestina.