Miles de personas avanzando hacia Ceuta y una ciudad incapaz de absorber en cuestión de horas una llegada de semejante magnitud. Las imágenes vistas este jueves y viernes convierten la situación en la mayor crisis migratoria hasta el momento en España. El Gobierno ceutí cifra en 60.000 las personas que han logrado acceder a la ciudad autónoma de forma irregular.
El fenómeno migratorio en España por la frontera sur no es solo un elemento de carácter social, sino también un instrumento en manos de Marruecos para presionar cuando determinadas decisiones se dan de bruces con sus intereses. Conviene subrayar que Rabat rechaza que exista una motivación política. La embajadora marroquí en España, Karima Benyaich, ha asegurado que la situación no complace a su país y ha defendido una inmigración legal, ordenada y segura.
También representantes marroquíes han atribuido el movimiento a rumores difundidos en redes sociales sobre una sentencia española y a la situación económica que atraviesan muchos jóvenes. Sin embargo, el precedente de 2021 impide analizar lo sucedido como un episodio exclusivamente migratorio.
Entonces, más de 8.000 personas accedieron a Ceuta en apenas 48 horas después de que España acogiera por razones médicas al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Las fuerzas marroquíes relajaron el control fronterizo y la crisis fue interpretada desde España y desde las instituciones europeas como una represalia por una decisión que Rabat consideraba hostil. Algunas imágenes de jueves muestran a agentes marroquíes pasivos frente a la ola de personas que se dirigían hacia España.
La frontera como palanca diplomática
La instrumentalización de la inmigración es un fenómeno ampliamente extendido. Turquía ha amenazado en distintas ocasiones con facilitar la salida de refugiados hacia territorio comunitario para obtener respaldo económico o político, mientras que Bielorrusia fue acusada de trasladar migrantes hacia las fronteras de Polonia, Lituania y Letonia como respuesta a las sanciones europeas.
El mecanismo es siempre parecido. Un Estado situado en una ruta migratoria reduce los controles, facilita el movimiento de personas o deja actuar a las redes durante un periodo determinado, trasladando la presión humanitaria, política y social al país vecino. Los migrantes pasan a convertirse, sin haberlo decidido, en piezas de una disputa entre gobiernos.
La capacidad de Rabat para contener o facilitar los movimientos migratorios otorga a Marruecos una influencia considerable. España depende de su colaboración para vigilar las fronteras de Ceuta y Melilla, controlar las salidas por mar hacia Andalucía y Canarias y combatir las redes de tráfico. Esa cooperación puede producir resultados visibles cuando funciona, pero también convierte la frontera en un elemento sensible ante cualquier deterioro bilateral.
El precedente de Brahim Ghali
La crisis de mayo de 2021 dejó una de las imágenes más claras de esa dependencia. La entrada masiva comenzó después de conocerse que Brahim Ghali se encontraba hospitalizado en España. Marruecos consideró que Madrid había ocultado su llegada y exigió explicaciones.
En plena crisis, la entonces embajadora marroquí en España advirtió de que había actos que tenían “consecuencias”. Poco después, Rabat volvió a activar los controles fronterizos y la situación comenzó a normalizarse tras la intervención diplomática de España y de la Unión Europea. El Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que rechazaba el uso por Marruecos de los controles fronterizos y de la migración, especialmente de menores, como forma de presión política.
La relación no quedó plenamente recompuesta hasta el giro español sobre el Sáhara Occidental. En 2022, el Gobierno de Pedro Sánchez respaldó el plan marroquí de autonomía como la propuesta “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto, una decisión que permitió recomponer los vínculos con Rabat, pero provocó una profunda crisis con Argelia, principal apoyo regional del Frente Polisario.
Argelia vuelve al tablero
Cuatro años después, España ha dado pasos para reconstruir precisamente la relación con Argel. El pasado 20 de julio, Pedro Sánchez viajó a la capital argelina y anunció junto al presidente Abdelmadjid Tebboune una nueva etapa bilateral, con una Reunión de Alto Nivel prevista para otoño y una cooperación reforzada en ámbitos como la energía, la seguridad, la economía y los flujos migratorios. Sánchez calificó a Argelia como un “socio estratégico” y recordó que es el principal proveedor de gas natural de España en 2026.
Ese acercamiento se produce en un momento de fuerte rivalidad entre Marruecos y Argelia. Ambos Estados compiten por el liderazgo político, económico y militar del Magreb y mantienen relaciones diplomáticas rotas desde 2021. El Sáhara Occidental constituye uno de los principales puntos de fricción: Rabat considera el territorio parte de Marruecos, mientras que Argelia respalda al Frente Polisario y defiende el derecho de autodeterminación.
La coincidencia temporal alimenta las sospechas: once días después del encuentro de Sánchez con Tebboune, la frontera ceutí volvió a quedar sometida a una presión extraordinaria.
El Sáhara vuelve a incomodar a Rabat
A la aproximación con Argelia se añade otro movimiento sensible para Marruecos. El 23 de julio, la Comisión de Justicia del Congreso aprobó el dictamen de una proposición de ley para facilitar la nacionalidad española a los saharauis nacidos en el territorio antes del final de la administración española. La iniciativa salió adelante con enmiendas apoyadas, entre otros, por el Grupo Socialista y quedó preparada para su votación en el Pleno.
Para Marruecos, cualquier decisión española que reconozca un vínculo singular con la población saharaui afecta a una cuestión que Rabat considera central para su soberanía.
La tramitación no supone que España haya revertido formalmente su posición favorable al plan de autonomía marroquí. Sin embargo, el avance de una norma que concede un tratamiento especial a miles de saharauis puede interpretarse en Rabat como un gesto contrario a sus intereses, especialmente cuando coincide con la recuperación de la relación hispano-argelina. Analistas citados por Reuters consideran que ambas decisiones pudieron contribuir al malestar marroquí.
Rumores, pobreza y oportunidad
La dimensión geopolítica no explica por sí sola lo ocurrido. Muchos jóvenes decidieron viajar hacia Ceuta después de ver en Instagram y otras plataformas vídeos de personas que habían conseguido cruzar.
A ello se sumó una interpretación falsa o incompleta de una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones de quienes son interceptados en el mar. La resolución no impide devolverlos, sino que obliga a seguir el procedimiento ordinario con sus garantías. Sin embargo, en las redes se extendió la idea de que quienes lograran entrar por vía marítima podrían permanecer en España.
También pesa la realidad económica. Una cuarta parte de los marroquíes de entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja, según los datos oficiales citados por Reuters, y el malestar por la pobreza, los servicios públicos y la falta de oportunidades ha alimentado protestas en distintas zonas del país.
Es posible, por tanto, que confluyeran tres factores: una población joven dispuesta a aprovechar cualquier oportunidad, la difusión masiva de información engañosa y una vigilancia fronteriza insuficiente o deliberadamente relajada. Lo que continúa sin esclarecerse es si esa última circunstancia fue resultado del desbordamiento, de una jornada festiva o de una decisión política.
Una hipótesis, no un hecho probado
La mayor concentración de entradas coincidió con el Día del Trono, la principal celebración institucional de Marruecos, cuando buena parte de la Administración no trabajaba. Rabat presenta esa coincidencia como una explicación de la menor capacidad de respuesta y niega cualquier instrumentalización.
La prensa próxima a las autoridades marroquíes sostiene además que la crisis habría sido alentada para proyectar una imagen negativa del país durante el aniversario de la coronación de Mohamed VI.
La inmigración posee una capacidad de presión singular porque golpea simultáneamente varios frentes: desborda los recursos locales, provoca una crisis humanitaria, polariza el debate político, tensiona a la Unión Europea y obliga a Madrid a negociar con el mismo país del que depende para cerrar el paso.
En medio quedan Ceuta y sus vecinos, pero también las personas que cruzan. La cuestión no es únicamente qué ocurrió durante estas horas, sino qué margen conserva España para mantener una política autónoma hacia Argelia y el Sáhara sin que la frontera sur vuelva a convertirse en la primera línea de respuesta de Marruecos.