Dos de cada tres personas que experimentan un primer episodio de hiperkalemia no tienen constancia de un diagnóstico en su historia clínica ni reciben un abordaje terapéutico específico en el momento en que se detecta ese evento inicial, de acuerdo con los datos del estudio “IBERIK+”, impulsado por la Sociedad Española de Neurología (SEN) y sufragado por AstraZeneca.
La hiperkalemia o hiperpotasemia hace referencia a la presencia de niveles elevados de potasio en sangre, por encima de 5mmol/L2. “Aunque es poco frecuente en la población general, se asocia con complicaciones graves como debilidad muscular, parálisis y arritmias, que pueden llegar a comprometer la vida de los pacientes. Diversas enfermedades crónicas, como la diabetes, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal, aumentan el riesgo de hiperkalemia”, ha explicado el jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Clínico Universitario de Valencia e investigador principal del estudio “IBERIK+”, José Luis Górriz.
Según AstraZeneca, en España apenas existían hasta ahora análisis amplios sobre la prevalencia, las consecuencias y el abordaje de la hiperkalemia, y los disponibles incluían un volumen reducido de participantes y un periodo de seguimiento limitado.
Con este contexto, el estudio “IBERIK+” se planteó como objetivos cuantificar la frecuencia de hiperkalemia diagnosticada y no identificada en adultos atendidos en el sistema sanitario, así como describir el perfil clínico de estos pacientes, la forma en que se maneja la patología, el consumo de recursos sanitarios y los costes asociados en la práctica asistencial en España.
En “IBERIK+” se revisaron datos de 608.514 adultos, de los que 7.006 presentaron hiperpotasemia. En torno a la mitad de los casos de HK se clasificaron como moderados o graves. Los pacientes con HK ya reconocida en su historial eran de mayor edad y acumulaban múltiples comorbilidades, especialmente enfermedad vascular aterosclerótica, hipertensión, diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica e insuficiencia cardíaca.
Por el contrario, los pacientes con HK no detectada eran más jóvenes y mostraban, en menor proporción que los diagnosticados, enfermedad cardiovascular aterosclerótica y enfermedad renal crónica. Entre quienes tenían HK no identificada, el 58,7 por ciento presentaba una forma leve, el 35,8 por ciento moderada y el 5,4 por ciento grave.
Detectar la hiperkalemia, esencial para reducir complicaciones graves
El trabajo también evidencia que uno de cada 7 pacientes con hiperkalemia falleció durante el periodo de seguimiento, en su mayoría por causas cardiovasculares. La tasa anual de ingreso hospitalario se situó en el 21,5 por ciento. “Aunque los pacientes que no habían sido diagnosticados presentaban menos comorbilidades y mejores resultados que aquellos con hiperkalemia diagnosticada, aún experimentaban una carga clínica sustancial, con un 10,9 por ciento de mortalidad y un 15,6 por ciento de tasa anual de hospitalización”, explica Górriz.
En el ámbito de la enfermedad renal crónica, la identificación de la hiperkalemia cobra un papel especialmente relevante, ya que se convierte en un desafío habitual en la consulta: “A medida que disminuye la función renal, la excreción renal de potasio disminuye progresivamente, debido a la reducción de la secreción tubular distal. En consecuencia, la hiperkalemia se vuelve cada vez más prevalente en la enfermedad renal crónica avanzada”, detalla el especialista.
El análisis muestra además que la utilización de recursos sanitarios y los costes por cualquier causa durante el seguimiento fueron elevados tanto en los pacientes con HK no detectada como en los diagnosticados, con cifras mayores en estos últimos. En el cálculo de los costes totales se incluyeron consultas ambulatorias, estancias hospitalarias, fármacos, terapias de reemplazo (diálisis o trasplantes) y costes indirectos, alcanzando un gasto anual medio por paciente de 5.879 euros.
“La optimización del manejo de la hiperkalemia y su prevención probablemente puedan ayudar a disminuir la morbimortalidad y los costes derivados de la presencia de este trastorno”, agrega Górriz, que apunta que “un uso más frecuente de captadores de potasio podría resultar en un mejor manejo de la hiperkalemia, y ayudaría a una mejor calidad de vida del paciente, no solo derivada de la menor morbimortalidad y hospitalizaciones, sino también por poder optimizar tratamientos que mejoran el pronóstico cardiovascular de los pacientes pero que se suelen suspender por presencia de hiperkalemia no tratada”.
Por último, la directora médica de Biofarma y Directora de Asuntos Regulatorios de AstraZeneca España, Yésica Hernández, ha reiterado la necesidad de que todos los pacientes con hiperkalemia, especialmente aquellos que también padecen enfermedad renal crónica, insuficiencia cardiaca o diabetes, tengan esta alteración correctamente identificada y tratada.