Un trabajo reciente ha evidenciado que el índice de masa corporal (IMC) resulta insuficiente para detectar la obesidad en personas con enfermedad renal crónica (ERC). Según los datos, únicamente el 38,9 por ciento de los pacientes evaluados sería catalogado como obeso si solo se aplicara este parámetro, cuando más del 63,5 por ciento cumplía criterios de obesidad al valorar la circunferencia de la cintura o la relación cintura-altura.
El proyecto “Oberce”, que se dará a conocer en el 56º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), en Murcia, ha estudiado a 2.036 adultos con ERC atendidos en consultas de Nefrología de 20 hospitales españoles entre febrero y agosto de 2025. El análisis detectó que 558 personas, el 27,4 por ciento de la muestra, presentaban “obesidad oculta”, es decir, su IMC se situaba en rango normal, pero otras mediciones ponían de manifiesto un exceso de grasa visceral.
Las responsables del estudio, las doctoras Clara García Carro y María José Soler, han advertido de que no diagnosticar la obesidad implica pasar por alto la conveniencia de intervenir sobre ella, una limitación especialmente importante en un contexto en el que ya se dispone de nuevas opciones farmacológicas para tratar de forma conjunta la obesidad y la ERC.
Ambas enfermedades comparten mecanismos fisiopatológicos que pueden potenciarse mutuamente, mientras que el exceso de tejido adiposo contribuye al deterioro de la función renal y eleva el riesgo cardiovascular y metabólico.
El trabajo también revisó la medicación que tomaban los pacientes y observó que el 24,1 por ciento de quienes cumplían criterios de obesidad clínica estaba en tratamiento con agonistas del receptor GLP-1. En este grupo, la presencia de hipertensión, diabetes e insuficiencia cardiaca era más habitual.
Asimismo, el análisis puso de manifiesto diferencias entre sexos, con mayor frecuencia de obesidad clínica en mujeres. Las mujeres con obesidad mostraban una función renal más deteriorada que los hombres, con un filtrado glomerular estimado de 36 frente a 40 ml/min/1,73 m1, y recibían con menor frecuencia IECA/ARA II, inhibidores de SGLT2 y agonistas GLP-1.
El presidente de la SEN, Emilio Sánchez, ha remarcado “la necesidad de ir más allá del IMC para diagnosticar la obesidad en las personas con ERC y seguir profundizando en la estrecha relación entre ambas patologías”. En esta línea, ha abogado por incorporar métodos de medición complementarios que permitan detectar los casos que pasan desapercibidos.
La ERC, un reto creciente de salud pública
La enfermedad renal crónica se ha consolidado como un importante problema de salud pública y continúa en aumento tanto a nivel global como en España, donde se calcula que afecta ya al 15 por ciento de la población, es decir, cerca de siete millones de personas, incluyendo a quienes aún no han sido diagnosticados.
En nuestro país, la prevalencia y la mortalidad de las personas en tratamiento renal sustitutivo (TRS) —pacientes en diálisis o con un trasplante renal para poder seguir viviendo— se ha incrementado más de un 30 por ciento en los últimos diez años. Actualmente, más de 68.400 personas con ERC se encuentran en TRS y, anualmente, se incorporan a los programas de diálisis y trasplante más de 7.000 nuevos pacientes, de los cuales un 25 por ciento llega a esta situación por la diabetes.
“Si la ERC mantiene su ritmo actual de crecimiento, y no avanzamos con las medidas y actuaciones que venimos demandando, como las centradas en la prevención y el cribado de la salud renal en la población de riesgo, para el año 2040 un tercio de las personas mayores de 65 años en España tendrán ERC y esta será la quinta causa de muerte en nuestro país”, ha alertado Emilio Sánchez.
Congreso anual de la Sociedad Española de Nefrología
Alrededor de 1.300 nefrólogos y especialistas, tanto nacionales como internacionales, se reunirán desde este jueves y hasta el sábado en Murcia en el encuentro anual de la SEN. Durante estas jornadas se abordará el manejo de las enfermedades renales, con especial atención a la ERC, revisando los avances más recientes, las nuevas líneas de investigación y los desafíos pendientes para optimizar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, así como la calidad de vida de los pacientes.
Otra finalidad clave del Congreso es aumentar la conciencia social y profesional sobre la magnitud e impacto de la ERC, destacando su repercusión en la salud y en la vida diaria de quienes la padecen, además de la elevada carga que supone para el sistema sanitario público.
El programa científico incluye las últimas novedades en ERC y en las principales áreas de la Nefrología, como el trasplante renal, las distintas modalidades de diálisis, las glomerulopatías, la hipertensión y el riesgo cardiovascular o el acceso vascular, entre otros campos.
También se presentarán innovaciones que están cambiando la práctica nefrológica, como la inteligencia artificial, la medicina de precisión y la genética, junto con el desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas y la llegada de nuevos fármacos.
Igualmente, se revisarán los progresos en diálisis, trasplante renal y atención a la ERC avanzada, así como cuestiones de especial interés como la aplicación de la perspectiva de género en la insuficiencia renal aguda, la menopausia y la historia reproductiva como marcador de riesgo cardiovascular y renal, los retos de la onconefrología, la relevancia de la nutrición personalizada en la ERC, la donación de vivo, las nuevas moléculas con efecto nefroprotector, el envejecimiento y la ERC, y la anemia.
Otras sesiones se centrarán en el acompañamiento integral de la persona con enfermedad renal, la toma de decisiones compartida con los pacientes y la colaboración interdisciplinar entre profesionales sanitarios. En el foro se dará a conocer la producción científica de los nefrólogos mediante 750 comunicaciones que recogen los estudios e investigaciones más recientes sobre enfermedad renal realizados en España.