Los pacientes oncológicos multiplican hasta por 23 su riesgo de tromboembolismo durante el tratamiento, según una experta

Una experta de MD Anderson Madrid alerta del fuerte aumento del riesgo de trombosis en pacientes con cáncer, especialmente durante el tratamiento activo.

3 minutos

Añadir DEMÓCRATA en Google

Pregunta a FREN

Publicado

3 minutos

Más leídas

La jefa de la Unidad de Trombosis de MD Anderson Madrid - Hospiten, Raquel de Oña, ha alertado de que las personas con cáncer presentan un riesgo de tromboembolismo venoso que puede ser hasta 12 veces superior al de la población sin esta enfermedad y que llega a ser hasta 23 veces mayor cuando se encuentran en tratamiento oncológico activo.

Tal y como detalla la especialista, la trombosis asociada al cáncer (CAT, por sus siglas en inglés, Cancer-Associated Thrombosis) constituye una complicación frecuente y potencialmente grave en los pacientes oncológicos, ya que engloba los eventos trombóticos arteriales y venosos que pueden producirse en cualquier fase de la evolución del tumor.

“La trombosis asociada al cáncer no debería seguir siendo una complicación poco conocida. Nuestro objetivo es que cada paciente conozca su riesgo individual y las medidas disponibles para reducirlo”, ha indicado la doctora.

De Oña incide en que el riesgo de desarrollar una trombosis no obedece a un único desencadenante, sino que es multifactorial, heterogéneo y cambiante, pudiendo modificarse a lo largo de todo el proceso oncológico. En este riesgo intervienen factores propios del paciente, como la hipertensión arterial, la diabetes o la dislipemia; el consumo de tabaco o alcohol; los antecedentes personales de trombosis, así como la inmovilización prolongada o el sedentarismo.

También resultan determinantes las características del tumor, entre ellas su localización —con especial vulnerabilidad en determinados cánceres, como los de páncreas o pulmón—, la presencia de enfermedad en estadio avanzado o los primeros meses tras el diagnóstico. A estos elementos se añaden factores vinculados al tratamiento, como ciertos esquemas de quimioterapia, la inmunoterapia, la hormonoterapia, los catéteres venosos centrales o las intervenciones quirúrgicas.

Prevención y detección precoz para reducir complicaciones

La responsable de la Unidad de Trombosis de MD Anderson Madrid - Hospiten explica que la aparición de una trombosis complica de forma notable el abordaje del paciente con cáncer, ya que puede hacer necesaria la hospitalización, obligar a posponer tratamientos ya planificados y dificultar las decisiones sobre la anticoagulación por el incremento del riesgo de sangrado.

A este impacto clínico se suma la carga psicológica: “El diagnóstico puede generar miedo y convertirse en una experiencia traumática. La trombosis es una complicación frecuente y grave, asociada a un aumento de la morbimortalidad”, señala la especialista.

Los episodios trombóticos pueden debutar con síntomas clínicos evidentes o detectarse de forma casual durante las pruebas de control del cáncer. Como la trombosis dificulta o interrumpe el flujo sanguíneo normal dentro de un vaso, la sintomatología depende de si afecta a una arteria o a una vena, así como de la localización, la extensión y la severidad de la obstrucción.

“En la trombosis venosa profunda puede aparecer hinchazón, dolor o aumento del volumen de una pierna o un brazo. En una embolia pulmonar pueden presentarse dificultad respiratoria de inicio brusco, dolor en el tórax, taquicardia, mareo, fiebre o pérdida de conciencia. Cuando existe afectación trombótica cerebral, pueden aparecer síntomas neurológicos bruscos, como dificultad para hablar, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo y alteraciones de la visión. Reconocer estas señales de alarma permite solicitar atención médica de forma precoz”, ha indicado De Oña.

Identificar a los pacientes con mayor riesgo trombótico

Entre las prioridades de la Unidad de Trombosis de MD Anderson Madrid - Hospiten figura la identificación de pacientes en tratamiento oncológico activo con riesgo elevado de trombosis, valorando de forma paralela su probabilidad de sangrado. Esta valoración, subrayan, es individualizada y se revisa de manera periódica durante todo el curso del tratamiento. Algunos perfiles seleccionados pueden beneficiarse de tromboprofilaxis primaria con fármacos anticoagulantes en los periodos de riesgo máximo, aunque la prevención no implica anticoagular de forma indiscriminada a todos los pacientes.

Otro de los ejes fundamentales de la Unidad es la labor educativa: en la consulta se explica qué es la trombosis asociada al cáncer, las razones por las que aumenta el riesgo, qué señales de alarma deben vigilarse, en qué momento acudir a un profesional sanitario y cómo manejar de forma segura los tratamientos anticoagulantes.

Asimismo, el equipo integra en este proceso al entorno cercano del paciente. Familiares y cuidadores colaboran en la detección de cambios que la propia persona con cáncer podría atribuir al cansancio del tratamiento, favorecen la adherencia a las recomendaciones médicas y ayudan a reaccionar ante cualquier signo de alarma.

“En la consulta de trombosis ofrecemos educación y favorecemos el empoderamiento del paciente y de su entorno de confianza, para que reconozcan las señales de alarma y participen activamente en su seguridad”, finaliza la doctora.

Hola, soy Fren. ¿Cómo te ayudo?