La Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) subraya que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un problema del neurodesarrollo que se inicia en la infancia, suele mantenerse en la edad adulta y cuya conexión con las adicciones representa uno de los principales desafíos clínicos asociados a este diagnóstico.
Los datos disponibles indican que en torno al 2,6% de la población adulta presenta TDAH. A pesar de su impacto en el rendimiento académico, el desempeño laboral, las relaciones sociales y el bienestar emocional, continúa siendo un trastorno poco identificado, sobre todo cuando la hiperactividad no es tan visible y destacan las dificultades de atención, organización, impulsividad o regulación de la conducta.
“El TDAH no desaparece necesariamente al llegar a la edad adulta. En muchos pacientes cambia su forma de expresarse y esto puede dificultar su reconocimiento clínico”, explica el doctor José Martínez-Raga, psiquiatra y secretario de la SEPD, que añade que el retraso diagnóstico supone “años de deterioro funcional y aumenta la probabilidad de que la persona llegue a los servicios sanitarios por otras complicaciones psiquiátricas, entre ellas los trastornos adictivos”.
Como detalla el doctor Ignacio Basurte, vicepresidente de la Fundación Patología Dual (FPD), TDAH y trastornos adictivos no son dos cuadros aislados que coinciden al azar en un mismo individuo, “La impulsividad, las dificultades en el control inhibitorio y la autorregulación, la búsqueda de recompensa inmediata y una mayor dificultad para demorar la gratificación pueden incrementar la vulnerabilidad ante sustancias o conductas con una elevada capacidad de refuerzo”, afirma.
Basurte precisa que esto no implica que todas las personas con TDAH vayan a desarrollar dependencia, ya que el riesgo final está condicionado por factores biológicos, psicológicos y ambientales; “pero sí significa que debemos considerar a las personas con TDAH una población especialmente relevante para la prevención y la detección precoz de los trastornos adictivos”, añade.
Tratar el TDAH no incrementa el riesgo de adicción
Los especialistas de la SEPD insisten en la necesidad de desterrar uno de los mitos que aún influyen en el tratamiento del TDAH: el miedo a que la terapia farmacológica, y en concreto el uso de estimulantes prescritos y controlados de forma adecuada, pueda favorecer la aparición de una adicción.
“La evidencia más reciente apunta precisamente en la dirección contraria”, sostiene Basurte, que reconoce que durante años existió la preocupación de que el abordaje farmacológico del TDAH incrementara el riesgo de consumo de sustancias. No obstante, la investigación actual confirma que “dejar un TDAH sin identificar y sin tratar puede ser mucho más perjudicial”, por lo que el objetivo no debe ser evitar los fármacos, “sino realizar un diagnóstico correcto, individualizarlo y mantener una adecuada supervisión clínica”.
Para José Martínez-Raga, estas conclusiones ponen de manifiesto la urgencia de reforzar la detección del TDAH en todos los niveles asistenciales. “Debemos buscar activamente los trastornos por uso de sustancias y otras conductas adictivas en las personas con TDAH, pero también hacer el recorrido inverso: explorar la posible existencia de un TDAH en los pacientes que consultan por una adicción”, señala.
En esta línea, la Sociedad Española de Patología Dual apuesta por un enfoque global y personalizado, que tenga en cuenta de forma conjunta todas las manifestaciones psicopatológicas presentes en cada caso.
“El mensaje no debe limitarse a diagnosticar antes el TDAH, sino a diagnosticar mejor y tratar de manera integral. El tratamiento puede incluir medicación, intervenciones psicológicas basadas en la evidencia, psicoeducación y modificaciones del entorno familiar, académico o laboral. Y cuando existe una adicción, ambos trastornos deben incorporarse desde el principio a un mismo plan terapéutico”, añade Ignacio Basurte.
El vicepresidente de la SEPD, por último, resalta que reconocer y tratar correctamente el TDAH no solo contribuye a mejorar la atención o disminuir la impulsividad, sino que “puede modificar la trayectoria vital de una persona y reducir el impacto de complicaciones psiquiátricas tan graves como los trastornos adictivos”.