La paradoja digital: las tecnológicas elevan sus emisiones y las telecos las recortan

Un informe de ITU y World Benchmarking Alliance muestra dos trayectorias opuestas: las tecnológicas aumentan su huella y las telecos la reducen, con la IA y los centros de datos como factores decisivos.

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 Los centros de datos y la inteligencia artificial están impulsando las emisiones de las grandes empresas tecnológicas. Pixabay.

Los centros de datos y la inteligencia artificial están impulsando las emisiones de las grandes empresas tecnológicas. Pixabay.

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De ciertas decisiones que se tomen hoy dependerá, en parte, el mañana. Quizá dentro de un quinquenio o incluso un siglo se hablará de esta época como la de la revolución digital, y se inquirirá en cómo reaccionó la sociedad ante el empuje tecnológico imparable, impulsado por la inteligencia artificial. Analizar qué está sucediendo, debe servir para articular medidas que hagan sostenible el futuro. Ese análisis de la transición digital lo han hecho la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) y la World Benchmarking Alliance (WBA) y el corolario es que hay dos velocidades: la de las grandes tecnológicas y la de las empresas de telecomunicaciones.

El informe, que supone la quinta edición de Greening Digital Companies, se ha elaborado a partir de los datos publicados por 200 empresas del sector correspondientes a 2024, compara la evolución de cuatro grandes compañías de infraestructura cloud e inteligencia artificial con la de un grupo de grandes operadores de telecomunicaciones.

Las grandes tecnológicas aumentan su huella

Las emisiones operativas de las grandes tecnológicas alcanzaron en 2024 el 239% del nivel registrado en 2020 en el caso de Microsoft, el 221% en Amazon, el 219% en Meta y el 192% en Alphabet. En el grupo de grandes telecos, en cambio, se situó en el 89% del nivel de 2020, lo que supone una reducción del 11%.

La comparación no permite atribuir todo el aumento de las emisiones de las grandes compañías exclusivamente a la inteligencia artificial, de hecho, el propio informe advierte de que las empresas no publican datos suficientemente detallados como para aislar el impacto de la IA. Sí identifica, sin embargo, una relación entre el crecimiento de la nube y de la infraestructura necesaria para desarrollar y ejecutar sistemas de IA y el aumento de las necesidades energéticas.

El estudio señala que la divergencia entre ambos grupos comenzó a hacerse visible en 2022 y se amplió durante 2023 y 2024. Mientras los operadores de telecomunicaciones mantienen una elevada demanda energética asociada a sus redes, no han experimentado un crecimiento comparable del consumo eléctrico y de las emisiones operativas. En el caso de las grandes infraestructuras de IA, el aumento está relacionado con centros de datos especializados, sistemas de refrigeración y nuevas necesidades de computación.

Los 10 mayores consumidores concentran el 1,7% de la electricidad mundial

Las 200 compañías analizadas declararon en 2024 un consumo conjunto de 494 teravatios hora (TWh) de electricidad, equivalente aproximadamente al 1,7% del consumo eléctrico mundial. Los diez mayores consumidores concentraron 269 TWh, el 54% de toda la electricidad declarada por las empresas analizadas.

La huella tampoco está repartida de forma uniforme entre las compañías. Las emisiones operativas —las correspondientes a las actividades propias de las empresas y a la electricidad consumida, calculada según la intensidad de las redes— alcanzaron unos 301 millones de toneladas de CO₂ equivalente en 2024, un 1,2% más que el año anterior. Las 50 empresas con mayores emisiones concentraron el 92% del total y las diez primeras, por sí solas, representaron alrededor del 54%.

Y ahí aparece una de las principales dificultades para reducir la huella del sector: buena parte de las emisiones no se produce directamente en las instalaciones de las compañías. Entre las 93 empresas que comunicaron un inventario completo, las emisiones de su cadena de valor representaron el 76% del total declarado. El mayor foco correspondió al uso de los productos vendidos (con el 52% de las emisiones de esa categoría) seguido de los bienes y servicios adquiridos, con el 27%.

Esto significa que reducir el consumo energético de oficinas, redes o centros de datos no resuelve por sí solo el problema. También cuentan la energía que consumen los productos durante su vida útil, las materias primas y componentes utilizados para fabricarlos, los proveedores, los centros de datos y otras infraestructuras necesarias para sostener el crecimiento digital.

Europa

La regulación europea está avanzando precisamente hacia una mayor exigencia sobre esa información y sobre la forma en que las empresas demuestran sus compromisos climáticos. El informe sitúa en este proceso a la Directiva sobre información corporativa en materia de sostenibilidad (CSRD) y a la Directiva sobre diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad (CSDDD), que, según el documento, refuerzan las exigencias de transparencia sobre riesgos climáticos, planes de transición e implementación.

El cambio de enfoque que describe el estudio es relevante: ya no se trata únicamente de que una compañía anuncie que será neutra en emisiones en una determinada fecha. La atención se desplaza hacia los objetivos concretos, los planes para alcanzarlos y, sobre todo, la evolución efectiva de las emisiones.

En 2024, 151 de las 200 compañías analizadas habían presentado objetivos de reducción a corto plazo para sus emisiones operativas, aunque solo 114 contaban con una validación de la Science Based Targets Initiative. De estas últimas, 85 estaban consideradas en trayectoria para alcanzar sus objetivos, 14 no avanzaban al ritmo necesario y otras 14 habían aumentado o mantenido sus emisiones respecto a su año de referencia.

El desfase es todavía mayor cuando se mira a las emisiones de la cadena de valor. Aunque son la principal parte de la huella climática declarada, la cobertura de objetivos para estas emisiones es menor. El informe advierte así de que un compromiso de cero emisiones netas que no aborde de forma creíble la cadena de valor constituye una respuesta parcial al problema.

La expansión de la inteligencia artificial añade presión a esta transformación. El crecimiento de los centros de datos y de las cargas de trabajo asociadas a la IA está elevando la demanda de electricidad en un momento en el que las empresas necesitan reducir sus emisiones. El informe plantea la necesidad de combinar energías renovables, nuevas redes, almacenamiento y una mayor flexibilidad de la demanda, al tiempo que advierte de que en algunas regiones se están estudiando instalaciones de generación de gas para cubrir las necesidades de suministro de nuevos centros de datos.

La cuestión que deja abierta el informe no es, por tanto, si la transformación digital puede contribuir a reducir emisiones en otros sectores. Puede hacerlo. La cuestión es si es factible sostener el crecimiento de la propia infraestructura digital, a la vez que sus emisiones disminuyen. Los datos de 2024 muestran que esa evolución no está siendo igual para todos los grandes actores del sector.