Iberia obtuvo un resultado de explotación de 978 millones de euros entre enero y septiembre, lo que supone un retroceso del 9% frente a los 1.074 millones del mismo periodo del año anterior, lastrado por el encarecimiento del combustible y diversas disrupciones operativas.
Tras el inicio del conflicto en Oriente Próximo, la aerolínea decidió redirigir parte de su capacidad que antes se destinaba a la región asiática hacia Japón, Latinoamérica, el Atlántico Norte y los archipiélagos españoles, de acuerdo con el último informe de resultados publicado por su matriz IAG.
En los nueve primeros meses del ejercicio, la capacidad de la compañía española, medida en asientos-kilómetro ofertados (AKO), aumentó un 2,4%. En ese periodo transportó a 18,7 millones de viajeros, una cifra prácticamente idéntica a la del año previo, con un factor de ocupación del 88,3%, apenas 0,3 puntos por debajo.
Durante el verano, el beneficio operativo de Iberia se redujo un 11,3% en el tercer trimestre, hasta 452 millones de euros, con un margen de explotación del 19,6%. No obstante, la facturación ascendió a 2.299 millones de euros, lo que representa un incremento del 7% en comparación con la campaña estival de 2025.
Al analizar estos resultados, su presidente y consejero delegado, Marco Sansavini, subrayó en un mensaje en Linkedin que IAG e Iberia han logrado compensar parcialmente el efecto del encarecimiento del fuel gracias a la política de coberturas, al sólido comportamiento de los ingresos, a las iniciativas de eficiencia del Plan de Vuelo 2030 y al control de los costes.
“En la complicada coyuntura actual, para nosotros es especialmente importante haber podido mantener, gracias a estos resultados, las inversiones que nos permiten avanzar en la mejora de la experiencia de nuestros clientes, así como seguir generando oportunidades de desarrollo para nuestras personas”, ha valorado, además.
En este contexto, Sansavini ha repasado algunos hitos recientes, como la incorporación de nuevos aviones a la flota, la apertura de la sala Premium Emerald en la T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas --con una acogida “excelente”-- y el despliegue progresivo del wifi Starlink en todos los aviones, un servicio que estará disponible en buena parte de la flota de Iberia en abril de 2027.
Caída del 17% del beneficio en Vueling
Por su parte, Vueling, otra de las aerolíneas españolas integradas en IAG, registró un beneficio de explotación de 303 millones de euros hasta septiembre, un 17,4% menos que en 2025. Este descenso se explica, principalmente, por la mayor presión competitiva en rutas europeas de corto radio y en los enlaces de Atlántico Norte desde Dublín, situación similar a la que afronta Aer Lingus.
En los nueve primeros meses del año, su capacidad se redujo un 1,7%, mientras que el número de pasajeros transportados alcanzó los 29,3 millones, un ligero aumento del 0,3%. El factor de ocupación se situó en el 91,9%, lo que implica una mejora de 1,4 puntos porcentuales.
La compañía se ve además afectada por el retraso en las primeras entregas de los Boeing 737, previstas inicialmente para finales de 2026, dentro de su plan de renovación de flota para sustituir los actuales Airbus por modelos del fabricante estadounidense.
En el resto de aerolíneas del grupo IAG, British Airways y Aer Lingus también registraron descensos de beneficio en el acumulado del periodo. British Airways obtuvo 1.493 millones de libras (1.788 millones de euros), un 8,8% menos, mientras que Aer Lingus ganó menos de la mitad que un año antes, con 108 millones de euros.
Por último, el beneficio de explotación de IAG Loyalty avanzó un 17,7%, hasta 391 millones de libras (468 millones de euros), reflejando el impulso del negocio de fidelización, apoyado en el aumento de acuerdos con socios no aéreos. En cambio, la división de vacaciones registró un retroceso respecto a los nueve primeros meses de 2025, debido sobre todo al impacto del conflicto en Oriente Próximo.