Todas las vías políticas de la crisis de Ceuta empiezan a conducir al mismo lugar: la continuidad de la legislatura. El PSOE ha comprobado en el Congreso que su defensa de la actuación de Marruecos no convence a la oposición, pero tampoco a los partidos que permitieron la investidura de Pedro Sánchez.
PP y Vox acusan al Gobierno de abandonar la frontera. Sumar define Marruecos como un “régimen despótico”. ERC habla de “autoengaño”, Bildu pide que España deje de actuar como “pagafantas” de Rabat, el PNV denuncia la inacción del Estado y Junts pregunta qué conoce Marruecos para que el Ejecutivo se niegue a responsabilizarlo.
La fotografía es muy seria para la Moncloa. Sin embargo, censurar al Gobierno por su gestión de Ceuta y votar una moción de censura son decisiones diferentes. Hoy existe el malestar necesario para debilitar la legislatura, pero todavía no los votos declarados para derribarla.
PP y Vox suman 169: les faltan exactamente los siete diputados de Junts
La mayoría absoluta del Congreso está situada en 176 diputados. El PP dispone de 137 y Vox de 32. Juntos alcanzan 169.
Les faltan siete. Es el mismo número de diputados que tiene Junts.
La aritmética convierte al partido de Carles Puigdemont en la pieza decisiva de cualquier moción encabezada por Alberto Núñez Feijóo. Si sus siete representantes votaran a favor junto a PP y Vox, la censura alcanzaría exactamente la mayoría absoluta necesaria.
Existe otra combinación teórica: los cinco diputados del PNV, el representante de Coalición Canaria y el de UPN también completarían los siete votos. Esa posibilidad parece más remota porque el PNV ha rechazado públicamente apoyar una moción del PP.
Junts mantiene una posición más imprevisible. Ha votado contra iniciativas importantes del Gobierno y el pasado mes de junio permitió que el Congreso aprobara una moción del PP que pedía la dimisión de Sánchez y la convocatoria de una cuestión de confianza.
Aquella votación tuvo un enorme valor político, pero no sustituyó a una moción de censura. Pedir que Sánchez dimita no obliga a investir a Feijóo como presidente.
Qué hace falta para presentar una moción de censura
La Constitución exige que la moción sea firmada al menos por una décima parte del Congreso: 35 diputados. El PP puede registrarla por sí solo.
También debe incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno. España utiliza una moción de censura constructiva: no basta con retirar a Sánchez de la Moncloa, hay que colocar inmediatamente a otra persona en su lugar.
La votación no puede celebrarse hasta que transcurran cinco días desde su presentación. Durante los dos primeros pueden registrarse candidaturas alternativas. Si la moción obtiene 176 votos, el candidato queda investido automáticamente.
Mientras se encuentra en tramitación, el presidente no puede disolver las Cortes y convocar elecciones. Si fracasa, sus firmantes no pueden presentar otra durante el mismo periodo de sesiones.
Feijóo tiene firmas suficientes, candidato y capacidad para activar el procedimiento. Lo que no tiene, por ahora, es una mayoría anunciada.
Ceuta deja al PSOE solo frente a Marruecos
La comparecencia de Félix Bolaños mostró la profundidad del aislamiento. El ministro aseguró que “no hay ninguna evidencia” de que Marruecos liderara, impulsara o dirigiera la entrada masiva.
Cuca Gamarra respondió desde el PP con una pregunta: “¿Qué le deben ustedes a Marruecos?”. Vox acusó al Ejecutivo de culpar a todos menos a Rabat y a su propia gestión.
La presión llegó también desde el bloque de investidura. El diputado de Sumar Txema Guijarro calificó Marruecos como un “régimen despótico” y cuestionó los resultados del cambio de posición española sobre el Sáhara Occidental.
Francesc-Marc Álvaro, de ERC, afirmó que el Gobierno se mueve entre “la realpolitik, el alivio y el autoengaño”. Jon Iñarritu, de EH Bildu, reclamó que España no actúe como “pagafantas” de Marruecos.
El PNV reprochó al Gobierno su inacción y preguntó “dónde ha estado el Estado” durante las primeras semanas de la crisis.
Junts fue todavía más lejos. Josep Pagès preguntó a Bolaños: “¿Qué sabe Marruecos de ustedes? ¿Por dónde los tienen cogidos?”. El partido también ha advertido de que Cataluña no asumirá las consecuencias de lo que considera una gestión incompetente de la frontera.
La defensa de Marruecos encuentra apoyos dentro del PSOE, pero muy pocos fuera. Ni siquiera Sumar, socio del Consejo de Ministros, comparte plenamente el relato utilizado por Bolaños.
Feijóo prometió actuar en 48 horas si Junts o PNV rompían con Sánchez
Alberto Núñez Feijóo afirmó el 11 de agosto que presentaría una moción de censura en 48 horas si Junts o PNV tenían un “arrebato de dignidad” y abandonaban a Sánchez.
El líder del PP admite que no la registra porque carece de los votos necesarios. Una derrota podría permitir al presidente exhibir una mayoría parlamentaria en torno a su continuidad, aunque esa mayoría no sirviera después para aprobar leyes o presupuestos.
La crisis de Ceuta vuelve a colocar la promesa de Feijóo sobre la mesa. Junts ha elevado el tono contra el Gobierno, pero no ha anunciado que esté dispuesto a investir al dirigente popular. El PNV tampoco ha cambiado públicamente su negativa.
Vox sí apoyaría una iniciativa para expulsar a Sánchez, pero su presencia dificulta que partidos nacionalistas se incorporen a una mayoría alternativa liderada por el PP.
La legislatura puede terminar sin una moción de censura
Ceuta podría convertirse en la estación Termini de la legislatura sin que llegue a registrarse una moción. El final puede producirse por agotamiento parlamentario.
El Gobierno necesita a Junts, ERC, Bildu, PNV y al resto de sus socios para aprobar presupuestos, convalidar decretos y sacar adelante las principales leyes. Si la crisis rompe esa cooperación, Sánchez podría conservar la Presidencia, pero perder la capacidad de gobernar.
Ese escenario ya ha comenzado a asomar. Junts vota de forma cada vez más autónoma, los aliados reclaman explicaciones sobre Marruecos y el Congreso ha obligado a desfilar a los ministros implicados en la gestión de Ceuta.
La moción de censura representa la vía rápida. El bloqueo legislativo, la imposibilidad de aprobar nuevos Presupuestos y la pérdida continuada de votaciones construirían una vía más lenta hacia un adelanto electoral.
El 3 de septiembre, primera prueba para Sánchez
La comparecencia de Pedro Sánchez del 3 de septiembre será la primera prueba conjunta. El presidente tendrá que explicar qué sabía el Gobierno antes de la entrada masiva, por qué tardó varias semanas en asumir el mando único y qué papel atribuye a Marruecos.
También deberá resolver las contradicciones entre Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska sobre los avisos previos del CNI.
Los grupos que facilitaron su investidura podrán elegir entre limitarse a exigir respuestas o convertir sus críticas en una ruptura parlamentaria. La diferencia determinará si Ceuta es otra crisis grave superada por el Gobierno o el episodio que vuelve imposible prolongar la legislatura.
Hoy no existe una moción registrada ni una mayoría alternativa anunciada. PP y Vox continúan a siete votos de la Moncloa. Toda la legislatura cabe ahora en esos siete escaños.