Algo pasa con Pedro: cronología de un derrape silencioso

Sánchez rompe su silencio sobre Ceuta tras semanas de perfil bajo, modifica sus planes de vacaciones y afronta una semana decisiva con un Gobierno dividido y el debate sucesorio abierto

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Ilustración: Álvaro Villarroel.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Ilustración: Álvaro Villarroel.

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¿Qué ha pasado con Pedro Sánchez? El presidente recupera el protagonismo sobre Ceuta justo cuando se cumple un mes de la entrada masiva, después de semanas de silencio y en medio de una sucesión de movimientos que han alterado el tablero político del Gobierno

Algo ha cambiado en Pedro Sánchez. Después de casi un mes de silencio sobre la crisis de Ceuta, el presidente ha decidido volver al primer plano justo cuando se cumple un mes de la entrada masiva que puso a la ciudad autónoma contra las cuerdas. Ha alterado su agenda de vacaciones, se ha situado al frente de la nueva respuesta del Gobierno y prepara una semana en la que tendrá que hablar de Ceuta primero ante los medios y, apenas unos días después, ante el Congreso. No hay una explicación oficial para el cambio de ritmo. Pero la secuencia de los acontecimientos deja una pregunta abierta: ¿qué ha ocurrido en Moncloa?

La crisis de Ceuta

El 31 de julio, al día siguiente de la entrada masiva, Sánchez estuvo en Ceuta durante apenas unas horas. Visitó la frontera del Tarajal, se reunió con las autoridades de la ciudad y realizó una declaración institucional. Después continuó con sus vacaciones. La crisis, sin embargo, no terminó con aquella visita. Durante las semanas siguientes, la situación continuó tensionando a la ciudad autónoma y fueron distintos ministros los que asumieron el protagonismo de la respuesta.

Ceuta no ha recuperado la normalidad. Miles de inmigrantes permanecen todavía en la ciudad y la presión sobre los recursos de acogida se ha mantenido durante todo el mes. A ello se han sumado protestas, problemas de convivencia y episodios de violencia, mientras las autoridades ceutíes han reclamado reiteradamente más medios y una respuesta coordinada del Estado.

Durante estas semanas, distintos ministros han pasado por Ceuta o han asumido parcelas de la gestión. Se han anunciado recursos para la acogida, medidas para los menores no acompañados y mecanismos destinados a facilitar los retornos. Pero la respuesta ha continuado distribuida entre distintos departamentos hasta esta semana.

El cambio llegó el 24 de agosto, cuando el Gobierno decidió centralizar la coordinación de la crisis en un mando único. Un día después, tras un Consejo de Seguridad Nacional extraordinario, el Ejecutivo declaró la situación de interés para la Seguridad Nacional y situó al ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, al frente de la coordinación estatal. La nueva estructura reúne a once ministerios y a los distintos organismos implicados en la respuesta.

La decisión llegó 25 días después de la entrada masiva y después de semanas de peticiones de ayuda desde Ceuta. El Gobierno ha anunciado además su intención de adaptar la legislación española a las nuevas herramientas europeas en materia de asilo y extranjería.

Y es precisamente en esos días cuando se acumulan varios movimientos que afectan directamente al presidente.

Diez días sin un mensaje propio

La cuenta de Sánchez en X lleva diez días sin publicar un mensaje propio. La última publicación original del presidente se produjo el 18 de agosto, con motivo del 90 aniversario del fusilamiento de Federico García Lorca. Desde entonces, la cuenta presidencial únicamente ha republicado contenidos de otras cuentas.

El dato llama la atención no por la falta de actividad del presidente, sino por todo lo contrario. Durante estos días Sánchez ha continuado teniendo asuntos sobre los que pronunciarse: violencia machista, el fallecimiento del guitarrista Pepe Habichuela, Federico García Lorca o los incendios que han afectado a distintos puntos de España han encontrado espacio en sus redes.

Ceuta, en cambio, no ha vuelto a aparecer. Tampoco los terremotos registrados en Granada. Su última referencia directa a la ciudad autónoma continúa siendo la del 31 de julio, durante su visita, justo después de la entrada masiva.

El silencio digital coincide con una semana en la que la actividad política del Gobierno se ha acelerado.

La grieta dentro del Gobierno

Al mismo tiempo que se reorganizaba la respuesta a la crisis, el Ejecutivo quedaba atrapado en una discusión sobre una cuestión esencial: qué información tenía el Estado antes de la entrada masiva.

El 25 de agosto, Margarita Robles defendió en el Congreso el trabajo de los servicios de inteligencia y aseguró que los agentes del CNI en Ceuta habían trasladado información sobre la convocatoria prevista para el 30 de julio. Ese mismo día, Fernando Grande-Marlaska sostuvo que Interior no había recibido ningún informe que permitiera anticipar una entrada masiva.

Félix Bolaños ha tratado de encajar ambas posiciones distinguiendo entre la existencia de información sobre movimientos migratorios y la disponibilidad de información previa y precisa sobre la magnitud que finalmente alcanzaría la entrada. La posición del ministro es que el Gobierno no disponía de datos concretos que permitieran prever el alcance de lo ocurrido.

La discrepancia obliga a responder a varias preguntas: qué información recibió cada organismo, cuándo llegó y cómo fue valorada. Y convierte una cuestión inicialmente circunscrita a la gestión de la frontera en un problema político para el conjunto del Ejecutivo.

El debate que nadie quería abrir

Y en medio de la crisis de Ceuta apareció otro asunto especialmente sensible para Sánchez: su propia sucesión.

El 23 de agosto, Óscar Puente entró de lleno en el debate. En una entrevista grabada días antes, el ministro de Transportes aseguró que, si algún día tuviera la oportunidad de liderar el PSOE, no la dejaría pasar. Puente situó ese eventual escenario después de las próximas elecciones y sostuvo que, previsiblemente, el siguiente mandato de Sánchez sería el último por razones incluso personales.

El ministro terminó matizando sus palabras y reivindicando al presidente como el mejor líder para el PSOE en este momento. Pero la cuestión ya había quedado planteada públicamente: qué ocurrirá con el PSOE después de Sánchez y quién podría estar en disposición de tomar el relevo.

Este jueves, además, el debate ha incorporado otro nombre. Periodistas próximos a Moncloa han vuelto a situar en las conversaciones sobre el futuro del partido al presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa. No es una candidatura ni existe una decisión del PSOE en ese sentido, pero su reaparición añade un nombre propio a un debate que hasta hace poco apenas tenía espacio público.

Todo ello ocurre mientras distintos sectores de la oposición reclaman elecciones generales antes de las municipales y autonómicas de 2027. No existe ninguna decisión de Sánchez de adelantar los comicios ni una ruptura dentro del PSOE que permita hablar de un proceso sucesorio abierto. Pero el debate ha dejado de ser completamente hipotético.

El cambio de agenda

A esta acumulación de factores se suma un movimiento personal del presidente. Sánchez tenía previsto prolongar sus vacaciones con un viaje a Andorra este fin de semana, pero finalmente ha renunciado, al menos de momento, a esa escapada.

La modificación de su agenda coincide con el regreso de Ceuta al centro de la actividad presidencial. Este viernes participará por videoconferencia en la reunión del nuevo mando único y el lunes abrirá el curso político con una entrevista a Aimar Bretos.

Será su primera intervención pública de fondo sobre la crisis desde el 31 de julio.

Después llegará el Congreso. La comparecencia del presidente, inicialmente prevista para una fecha posterior, ha sido adelantada al 3 de septiembre. Sánchez tendrá que explicar entonces la actuación del Ejecutivo durante las semanas transcurridas desde la entrada masiva.

Una acumulación de señales

Por separado, ninguno de estos elementos permite explicar por sí mismo el cambio de actitud de Sánchez. Juntos dibujan, sin embargo, un escenario diferente al que existía cuando el presidente abandonó Ceuta el 31 de julio.

La crisis migratoria no se ha cerrado. El Gobierno ha tenido que cambiar su estructura de respuesta y activar la Ley de Seguridad Nacional. Dentro del Ejecutivo han aparecido versiones distintas sobre la información previa a la entrada masiva. Un ministro ha abierto públicamente el debate sobre su eventual sucesión y nuevos nombres empiezan a aparecer en las conversaciones sobre el futuro del PSOE. Y, al mismo tiempo, Sánchez ha mantenido durante días un perfil extraordinariamente bajo en sus redes sociales.

No hay elementos para afirmar que todos estos movimientos formen parte de una estrategia coordinada ni que exista una única causa detrás del cambio. Tampoco puede determinarse quién pudo recomendar al presidente que modificara su posición.

Pero sí puede constatarse la secuencia: el silencio de Sánchez coincide con semanas de creciente tensión política y su regreso al primer plano coincide con el momento en que el Gobierno modifica su respuesta a Ceuta y el debate político empieza a afectar directamente a su liderazgo.

Este jueves, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha defendido que, "un día de trabajo del presidente este agosto es mucho más que el suyo en muchos días», espetó Bolaños a los diputados que cuestionaban la ausencia de Sánchez durante la crisis de Ceuta.

¿Qué motiva el apagón?

La pregunta que queda ahora sobre la mesa es qué explica el apagón comunicativo de Sánchez. No parece responder a una agenda despejada ni a un momento de especial calma política. Al contrario: en los últimos días se han acumulado decisiones relevantes sobre Ceuta, discrepancias entre miembros del Gobierno, declaraciones sobre la sucesión del presidente y movimientos en la agenda de Moncloa.

Por un lado, diez días sin un mensaje propio del presidente en X. Por otro, un cambio en la gestión de la crisis, con la creación de un mando único y la activación de la Ley de Seguridad Nacional. En paralelo, ministros que abren debates que afectan directamente al presidente y un Ejecutivo obligado a ofrecer explicaciones diferentes sobre la información que manejaban los servicios de inteligencia antes de la entrada masiva.

No hay elementos para afirmar que una cosa sea consecuencia de la otra. Pero la coincidencia temporal resulta llamativa. El silencio en las redes y el giro en la gestión de Ceuta llegan precisamente cuando aumenta la tensión política alrededor de Sánchez y cuando el nuevo curso le obliga a recuperar protagonismo. Queda por saber si se trata de una nueva estrategia de comunicación, de una reacción a la evolución de la crisis o de una sucesión de decisiones adoptadas ante un escenario que se ha ido complicando.

Lo que sí parece claro es que Sánchez vuelve al primer plano con un mando único sobre la mesa, una comparecencia parlamentaria a la vista y un Gobierno que necesita ordenar su relato. De momento, las redes siguen en silencio y la agenda presidencial ha cambiado.

Y como diría una de sus favoritas, Rigoberta Bandini, a ver qué pasa, porque algo pasa.

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